Lapidario informe sobre cumplimiento a los DDHH en el primer año de Cambiemos

El Observatorio de Derechos Humanos (ODH) presentó el primer balance anual sobre la gestión del Gobierno de Cambiemos y denunció una “restricción y pérdida progresiva” de derechos elementales de los argentinos.

Por Sebastián Penelli

Según el documento al que accedió ámbito.com, desde la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada se “puso en marcha un dispositivo político, económico, social y cultural que redundó en un modelo excluyente”, que provocó un serio déficit en el cumplimiento de normas que protegen a los ciudadanos más necesitados. En ese marco, el ODH elaboró un suculento “muestreo” área por área sobre los derechos “violados a partir de medidas concretas” tomadas por el Presidente y su gabinete.

En comunicación, derogó con el DNU 267/16 la debatida Ley de Medios, “desarticulando buena parte de los derechos allí consagrados”.

Respecto de los derechos a la libertad menciona el caso de Miagro Sala, la dirigente jujeña detenida desde el 16 de enero de 2016. “La prisión sin causa, ni proceso, ni mucho menos sentencia, representa una violación al principio de inocencia (artículo 18 Constitución Nacional) y, sobre todo, al derecho a la libertad de las personas (art. 15 CN), con el agravante escandaloso de responder a motivaciones políticas”, sostuvo el informe.

“La vulneración de este derecho representa una afrenta para las libertades públicas y está colocando al Estado Nacional en situación de Responsabilidad internacional, ante el incumplimiento de las órdenes de liberación inmediata emanadas de la ONU, la CIDH y apoyadas por OEA, diferentes países del mundo como Canadá, y por organizaciones como Amnesty y Human Rights Watch”, agregó.

En cuanto a los derechos laborales se enfocó en el “despido de miles de trabajadores” estatales, la “promoción de paritarias a la baja y con acuerdos sectoriales que auspician la flexibilización laboral”. Según la entidad, esa combinación de factores propicia la violación de los artículos 14 y 14 bis de la Constitución nacional.

Lo mismo ocurre con el derecho a huelga, que para el ODH fue vulnerado con las violentas acciones de las fuerzas de seguridad y la redacción del Protocolo de Actuación en caso de marchas y piquetes. “Las cuatro fuerzas que dependen del Ministerio de Seguridad han participado de represiones a la protesta social o laboral”, destacó el trabajo elaborado por un grupo interdisciplinario de especialistas, y aclararon que “si bien el protocolo no se ha empleado, resulta vigente y presto a ser utilizado cuando se lo considere”.

Sobre los derechos migratorios advirtieron por la creación de un “lugar exclusivo de detención” o cárcel para las personas infractoras a la Ley 25.871 (de Migraciones), a partir de un convenio suscripto entre la Dirección Nacional de Migraciones y el Gobierno porteño. “Tiende a la segregación y al reforzamiento de los estigmas creados en cabeza de los migrantes, vulnerando el artículo 20 de la Constitución Nacional, así como el propio preámbulo”.

En el plano de la salud denunciaron la “discontinuación” de los medicamentos para pacientes con HIV, una reducción en la cantidad de remedios disponibles en la cartilla del PAMI, la derogación del programa “Qunita”, que “disminuía” la mortalidad materno- infantil, y el retiro de los equipos territoriales que se “ocupaban de desplegar actividades de prevención y promoción de la salud en los barrios más postergados”.

También mencionan como menoscabo del derecho a la salud la interrupción de una licitación ya iniciada para compra de preservativos, lo que generó “faltantes y derivó en un aumento de un 35% los casos de sífilis”, y la puesta en marcha de la Cobertura Universal en Salud (CUS). “(El plan) escondió el objetivo de avanzar hacia un sistema de aseguramiento, que indefectiblemente acabará aumentado la inequidad. Al mismo tiempo, se instala el concepto de ‘cobertura’ como acción posible desplazando al de ‘derecho’ como acción concreta y exigible”, señalaron.

“El proyecto incluye un debilitamiento del sector público a todo nivel, y la generación de empresas administradoras jurisdiccionales del seguro, que compitan por la oferta de servicios de salud con una lógica de mercado, agregando más intermediarios privados al negocio”, añadieron sobre el CUS.

En materia de educación observaron la desactivación, reformulación o descentralización de los programas CAI (infancia), CAJ (jóvenes), FiNes (primaria y secundaria), de Orquestas infantiles-juveniles y el Conectar Igualdad. “Esta decisión pone en alto riesgo su continuidad debido a las dificultades económicas que caen sobre las administraciones provinciales y municipales”, afirmaron.

Asimismo, cuestionan el modo de evaluación estandarizada “Aprender”, la implementación del proyecto Educar por argentina, a cargo de una “dudosa” fundación, que contrata profesionales voluntarios para enseñar en las escuelas en paralelo con el rol docente, y la reducción del presupuesto universitario y para sueldos docentes, por debajo de la inflación real.

Otro derecho vulnerado, según el ODH, es a la vivienda. “Macri no construyó vivienda social y desactivó programas virtuosos como el Pro.Cre.ar”, expresaron, tras analiazr los nuevos y a “engorrosos” requisitos para beneficiarios, que “imposibilitaron el acceso a la primera vivienda a miles de personas”. Las mismas críticas cosecharon los escasos créditos hipotecarios en Unidades de Vivienda (UVIS), ajustables por inflación, diseñados por el Banco Central y los ofrecidos a través del Banco Ciudad. “Resultaron un fracaso rotundo y no cumplieron con garantizar el derecho a la vivienda digna”, enfatizaron.

El apartado Memoria, Verdad y Justicia del balance anual del Observatorio es de los más preocupantes. “Se proyectó un discurso oficial negacionista; se propició la prisión domiciliaria para los genocidas mayores de 70 años; se boicoteó la investigación sobre los responsables civiles por delitos de lesa humanidad, y el Estado se retiró de su rol de querellante en determinadas causas”, plantearon.

Por último, subrayaron una embestida contra el derecho a la integridad física con el uso de las pistolas de descarga eléctrica marca Taser, consideradas por organismos internacional como elementos de tortura, en manos de la Policía Metropolitana.
El ODH aseguró que todas estas vulneraciones fueron acompañadas por una cobertura mediática que formaron un “paraguas” que “amparó al Gobierno del repudio popular a buena parte de sus medidas”, pero también con una “campaña de comunicación 2.0”, desde las redes sociales y los asesores de marketing.

“Teniendo en cuenta la densidad de las medidas antipopulares y restrictivas de derechos que ha llevado a cabo la actual gestión nacional, este dispositivo (mediático) que combinó las nuevas y las viejas tecnologías logró disminuir el costo político que pagó el presidente y su coalición”, aseveraron.

“Dependerá de coordinar mejor la fuerza de las organizaciones que defienden los derechos de las grandes mayorías. El acumulado de resistencia, las propias limitaciones políticas de la alianza que gobierna y el ingreso a un año electoral dan cuenta del complejo panorama que le aguarda al presidente y su equipo a la hora de seguir restringiendo derechos”, concluyeron.*

* http://www.ambito.com/866009-lapidario-informe-sobre-cumplimiento-a-los-ddhh-en-el-primer-ano-de-cambiemos

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El ascenso

Por Federico Cannizzaro

Beto se había ido como, luego supimos, se estaban yendo muchos en ese momento, y con él se fueron tantas cosas que costaba pensar en lo que nos quedaba. Yo también me fui un poco con él, o con todo eso que nos dejó su ausencia; lo abrupto de su partida nos dejó tambaleando en tiempos en los que necesitábamos estar de pie. Yo me quedé de este lado del río y de la realidad, pero también me fui en cierto modo, porque estar aquí no era estar del todo, algo nos oprimía y no podíamos nombrar esa fuerza que de a poco se nos instalaba adentro; y también afuera en la ciudad, que ya venía siendo otra cosa completamente distinta a la que estábamos acostumbrados a ver, se oscurecía. El olor a malta y río con el que crecimos, ese sabor nuestro, de entreacasa, que percibíamos en cualquier esquina de la ciudad, nunca dejó de hacernos saber que estábamos, como siempre, en Quilmes, pero lo cierto era que nos caíamos, nos estábamos cayendo en un pozo y la ciudad pozo nos hundía con Beto, con lo que Beto nos dejaba. Porque Beto se fue, se tuvo que ir o se lo llevaron, y esas tres posibilidades de pensar en su suerte nos conectaba con nuestra propia ausencia.

Siempre fuimos tres, Beto Robledo, Carlos Peralta y yo; amigos desde siempre, nos unían muchas cosas que nos venían de antes, la ciudad, el barrio, la misma cuadra, pero mucho más nos aferraba eso que habíamos elegido, decidido y tomado de niños como si fuésemos adultos con cordones desatados, éramos hinchas de Quilmes; Cerveceros, como nos gustaba proclamarnos en la escuela y en la vida, como si de esa manera afirmáramos aún más nuestra elección; porque de Quilmes obviamente éramos, habíamos nacido aquí, todos los quilmeños son de Quilmes, pero Cerveceros no todos y nosotros sí, y esa era nuestra razón de ser. Pensábamos que ver a Quilmes con ojos Cerveceros era ver dos veces una misma cosa pero distinta, especial. Tal vez por eso, años después, comenzamos a percibir que en cada detalle la ciudad se nos estaba escapando; había algo, luego todos lo comprendimos, que contrastaba fuertemente lo que sucedía en la cancha con lo que estaba pasando en la ciudad. La cancha se llenaba, la gente iba en multitudes, pero la ciudad 2 perdía sus pasos y sus paseantes; las casas cerraban sus puertas, la cuadra apagaba la luz. Algo o alguien se había adueñado de nuestra ciudad y nos la quitaba de a poco.

Fuimos creciendo juntos, los sábados en Guido y Sarmiento, en nuestra ciudad, mucho antes de todo, mucho antes de lo de Beto. Empezamos yendo los tres cuando comenzamos el secundario y podíamos cuidarnos solos. Nos juntábamos en la casa de Carlos y caminábamos hasta la cancha. Luego los años, la facultad y nuestras vidas fueron modificando ese ritual y nos encontrábamos directamente en los tablones más altos del codo que daba a la sede social. Para ese entonces peleábamos el ascenso a primera, pero de a poco algo empezaba a decirnos que la pelea era por algo más; no teníamos del todo claro qué era, pero sentíamos que algo tiraba para abajo y nosotros saltábamos sobre los tablones como queriendo soltarnos de esa presión.

Se venían los últimos partidos del campeonato y el ascenso se perfilaba a una realidad. La ciudad entera estaba en la cancha, pero esa tarde Beto no vino. Con Carlos pensamos, o tal vez preferimos limitarnos a pensar, que estaba preparando exámenes o cursando en la facultad, porque la ciudad estaba vacía, jugaba Quilmes, y no hubiese sido lo mejor que la tarde lo encontrara demorado en la calle, caminando hacia la cancha para poder estar. Ganamos dos a uno y el ascenso se definía en casa si lográbamos al menos un empate de visitante. Salimos de la cancha y caminamos hasta la peatonal; la gente buscaba rápido sus destinos, nadie quería demorarse mucho. Apuramos el paso nosotros también, contagiados por la multitud que huía con el sol y le escapaba a la noche, que ya le ganaba a la ciudad. Hablamos poco de la ausencia de Beto esa tarde pero no dejábamos de pensar en eso; sabíamos bien que jamás se perdería ese partido, en ese momento, con tanto por ganar, con tanto que afirmar. Caminamos esas cuadras buscando a Beto, sin decirlo, entre los últimos hinchas que se perdían doblando la esquina; esperábamos verlo aparecer de repente y abrazarnos los tres después de semejante victoria, queríamos contarle cada detalle del partido que se había perdido por culpa del examen, del demorado tren o de lo que fuese; pero la ciudad ya estaba vacía, volvía a ser ese desierto al que tanto nos estábamos acostumbrando, como a la sensación de que un tigre hambriento comenzaba a merodear. Me despedí de Carlos en Mitre y Rivadavia, nos veríamos el sábado en la estación para 3 tomar el tren y buscar ese punto de visitante. Caminé unos metros y miré hacia atrás, busqué a Beto una vez más. Me resistía un poco a todo esto.

Salir de la ciudad nos daba una tregua a Carlos y a mí, probablemente también a los cientos de hinchas que viajaban con nosotros en el tren; alejarnos un poco nos liberaba de algún modo de ese estado de hundimiento en el que nos tenía la ciudad, buscábamos el ascenso. Beto no viajó con nosotros, y al igual que el sábado anterior tampoco estuvo ese día. Comenzábamos a asimilar su ausencia. No teníamos modo de buscarlo más que por un pequeño itinerario que agotamos rápidamente con la habitación que alquilaba en Caballito, que la había abandonado sin aviso ni sus cosas, y la facultad, donde hacía varios días que nadie sabía nada de él. Buscarlo en la ciudad no fue una opción. Conseguimos un empate en el Oeste y sólo restaba lograr el triunfo en casa.

Federico Cannizzaro recibiendo la coronación en el estadio Centenario junto a su hija.

Federico Cannizzaro recibiendo la coronación en el estadio Centenario junto a su hija.

Ese último sábado en Guido y Sarmiento la cancha estaba como nunca, no entraba un alma; las tribunas se abarrotaban de hinchas que se apretaban para hacer un poco más de lugar y recibir a los que seguían entrando. Faltaban dos horas para el comienzo del partido y la cancha era una marea azul y blanca en permanente movimiento. No podría calcularse la cantidad de hinchas que había, veinte o treinta mil, o tal vez uno solo, no había distinción, era una sola fuerza que empujaba hacia arriba y gritaba, se hacía escuchar en un mismo abrazo en el que nos fundíamos todos los Cerveceros, Carlos y yo. Asomaron las primeras camisetas blancas al campo de juego y el aire se hizo papel, millones de partículas de aire convertidas en papeles azules y blancos cubrieron todo y llenaron nuestros pulmones para volver a gritar con más fuerza. Empezó el partido y la euforia aumentaba, los tablones se arqueaban y devolvían el impulso de un resorte, íbamos a tocar el cielo. Llegó el tiro libre y el primer gol, y con él un cerrojo estallaba, algo se abría. Abracé a Carlos, que reía con lágrimas en los ojos, comprendí que había visto a Beto mezclado entre la marea. Siguió el partido y seguíamos ascendiendo, no parábamos, no queríamos parar de gritar y cantar, liberábamos una presión que nos excedía. Llegó el penal y el segundo gol y una puerta que se hacía pedazos, la voz de Beto, incofundible, me llegaba con su grito de gol desde alguna parte de la tribuna o de ese mundo en el que se había convertido la cancha.

Terminó el partido y la calle fue una continuación de los tablones, la marea se expandía por las calles de la ciudad. La gente aparecía por todas partes, se abrían las 4 puertas de las casas y salían como de la boca de un subterráneo, se sumaban a la multitud que no paraba de crecer; habíamos logrado el ascenso, salíamos del pozo y con miles de manos apretadas nos empujábamos a la superficie. Caminaba junto a Carlos en la multitud de bombos y banderas, saltando y cantando, no podíamos más, no nos quedaba un hilo de voz pero seguíamos, no podíamos parar. Una cortina de humo azul y blanco nos acompañaba, era nuestro cielo, no había límite, éramos la ciudad. Las bocinas de los autos y la música que salía de algún bar, el griterío y el canto desbordaban el volumen de la calle; un estruendo en el cielo y luego otro más, y ya no nos escuchábamos, y todos éramos uno y Beto con los ojos vendados, atado a una silla, y los brazos lastimados y los bombos que sonaban cada vez más fuerte y saltábamos sobre el tablón de cemento que era la Avenida Mitre y Beto conteniendo la respiración y el grito de dolor y una bengala azul volvía a pintar el cielo y cantábamos, gritábamos y Beto encapuchado, arrojado al baúl de un auto y saltábamos, no podíamos parar de saltar, de agarrar bien fuerte a la ciudad que era nuestra otra vez, y el silencio, y las lágrimas y el miedo y el terror de Beto que se nos escapaba, nos soltaba la mano y el cielo se abría otra vez, y la marea bajaba, y la calle se despejaba, la gente se perdía y se alejaba por las esquinas como disolviéndose en ese instante que nos preparaba para lo que vendría después.

Seguí caminando con Carlos y los últimos hinchas que se iban quedando atrás. Caminamos sin hablar y llegamos a la peatonal; nos despedimos cuando anochecía. Una noche larga era la que iba a comenzar. Caminé, esta vez sin mirar atrás. Seguí buscando a Beto en cada esquina y en cada gol.*

* Cuento Ganador del I concurso de cuentos cortos Quilmes A Contar. http://quilmesac.com/institucion/cultura/noticias/1480702744_el-ascenso,-el-cuento-ganador-de-quilmes-a-contar

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Quilmes A Contar

La tragedia argentina pintada en azul y blanco. Un grupo de amigos que se juntan en el codito de Guido y Sarmiento, el que da a la sede social, hasta que uno desaparece. Y Quilmes asciende y Beto encapuchado, arrojado al baúl de un auto. Y sus amigos que lo siguen buscando en cada esquina y en cada gol. O la desigualdad que germina violencia en las barriadas cerveceras y provoca muertes por machismo o por pobreza. O Un pibe que vuelve de Malvinas y en Madryn le cuentan que Quilmes va a jugar la final del campeonato con Ferro.

Cuando ideamos Quilmes A Contar, el concurso de cuentos cortos del Quilmes Atlético Club, la nueva comisión directiva no había arrasado en las elecciones, pero se perfilaba para ganar. Mi cuñado militaba dentro del frente opositor y le habían ofrecido el Departamento de Cultura del club, en caso de alzarse con el histórico triunfo.

La historia de un club, plagada de hitos. Historias de enfrentamientos con la Policía, bancando a la montada en la cancha de Defensores de Belgrano, en los años ´60. Guido y Sarmiento como una recurrencia, como una evocación o como nostalgia de un tiempo pasado que no siempre fue mejor. Sus olores, los papelitos y el tablón. El loco Williams siguiendo al laiman, sintiéndose necesario en la vieja cancha. Las torres de departamentos, allí erigidas, como símbolo de una modernidad que mezquina la memoria, que desconoce de identidades y añoranzas y que no redundan en un progreso para todos. La vieja camiseta, la Adidas del bolsillito. Todo eso contado. Todo eso leído en una larga mesa.

Un Don Valentín Lacrado sobre una mesa larga. Una Quilmes bien fría, haciéndole sombra. Un sifón Strubolini Hnos. y una Coca disputando el tercer puesto. Una mixta y las achuras, como contexto de un asado familiar en Quilmes Oeste, un domingo de invierno. “Si ganan, armamos un concurso de cuentos”, tiré.

Un tiro libre, el ascenso del ´91 y el último abrazo con el viejo. Hasta el llanto se adivina en ese cuento. El recuerdo de los gladiadores de Alfaro para el ascenso del 2003. O un avión a Puerto Madryn con un comandante muy particular en el ascenso del 2012.

No ascendí con la nueva comisión directiva. No participé del proceso electoral. Pero quería que ganara el frente opositor. Compañeros de mil tribunas y algunas fiestas se distribuían los lugares de las listas. Gente con tatuaje azul y blanco. La popular y la mayoría de los trapos que amarran el alambrado hace 20 años, junto a lo más sensato de la techada y lo menos pirotécnico de la preferencial. Más que dirigentes, serían militantes de un barrio, de una identidad y de un escudo que alguna vez alcanzó la cima.

El ´78 contado desde mil ángulos. A Rosario en el Falcon del libro de oro, en Peugeot 404 o en el último tren. La camiseta 16, la de Merlo, atesorada como una reliquia. El piojo Yudica, subido a un banquito de madera en Arroyito, antes de la última arenga. El único hincha de Quilmes en Venado Tuerto que bocineó toda una ruta provincial indiferente. O La vuelta a la ciudad gloriosa en caravana.

No estuve en la ciudad, ese domingo de las elecciones. La fecha señalada me encontró visitando a la familia de mi compañera en la Argentina profunda. Sin embargo –por el poco literario WathsApp– me mantuve informado, minuto a minuto, hasta la algarabía final con el recuento y el estallido pletórico y un audio que sentenció: “El club es de los socios, de los socios, el club es de los socios”.

Socios, continuadores de los que vieron alguna vez al genial Negro Villegas. O los que cuentan al indio Gómez y la emoción. O al Flaco Milozzi y la entereza. O a Quiñones, el héroe fugaz. O narran un máquina Giampietri comprando naranjas. O un campeonato con Braña, Caneo, la felicidad femenina y la efervescencia.

La efervescencia se transformó en acción social, expedita y rápida, como un amparo contra el abandono. Pintura de la sede; un día del niño multitudinario; los trofeos que volvieron a ponerse de pié; cierto revanchismo excesivo y bravucón, también; una ingeniería financiera para pechear la etapa; un plantel de fútbol que hubo que zurcir y unir; un predio de inferiores que se empezó a arar; una comunicación diferente, de proximidad, cercana y ágil; dirigentes vendiendo patys en la cancha y alguna apretada que hubo que aguantar; una avalancha de nuevos socios; el reconocimiento a los viejos, los que forjan la memoria como goles.

Los 118 goles del equipo del ´49. El gol de Rando en la Bombonera y la hazaña. El gol de Gáspari , siempre el gol de Gáspari. Como si hubiese hecho un solo gol en su vida. El tiro libre de la tortuga Gómez contra Almirante para el tan ansiado ascenso del ´91. Un gol de Lalo Colombo, sobre la hora, en Sarandí. El gol de Chapu Braña, de 3 dedos, frente a Platense. El gol de Quiñones a Los Andes, tal vez el más gritado en muchos años. Una bolea de Bustos Montoya, para un empate agónico ante Argentinos Juniors. Una vaselina de Pérez Godoy para cerrar la puerta del descenso.

Un club con puertas abiertas, en el que todos pueden, muchos quieren hacerlo y bastantes ya lo estamos llevando a cabo. Esta democracia cervecera comandada por Marcelo Calello, con pocos precedentes nacionales, que evoca –en pleno siglo XXI– los principios solidarios que enaltecieron a los fundadores de las sociedades de fomento, las mutuales o los clubes sociales y deportivos de principio del siglo pasado. Este es el club al que llevé la propuesta del concurso de cuentos un día y –prácticamente– al siguiente la empezamos rodar, con pocos miedos y mucha pasión.

Con miedos y pasiones fue contado ese abuelo trajeado para ver al cervecero. O un secreto del nieto que cada partido deja una butaca vacía en la techada para su abuelo que ya no está. O el que esparció sus cenizas y un ritual en el Centenario.

No fue un rito redactar las bases y condiciones. Cultura y Comunicación echaron a andar la pelota. O la lapicera. El Secretario de Deportes Amateurs, Andrés Deyá, le comentó al coordinador del Departamento de Cultura, Leo González ­–Payaso–, que el reconocido periodista quilmeño, Carlos Doallo –Carlitos– podía y quería participar como jurado. Le dimos la bienvenida y nos pusimos de acuerdo sobre la metodología de evaluación que adoptaríamos y el fomento y la difusión del concurso en las radios.

La radio, ligada íntimamente a nuestro club, hace rememorar con rabia la traición de Splendid en el ´78, cuando el Flaco Gómez se fue a relatar a Boca. O retratan el ascenso del 2003 con la voz del gordo Di Blasi y la santa madre de Baldassi. O se emocionan con un “Soy de Quilmes” que sale de una portátil y eriza la piel.

Fuimos a las radios, parte esencial de nuestra cotidianeidad cervecera, narramos la idea de Quilmes A Contar. El Turco Yaman y Carlitos Doallo se entusiasmaron al aire. El querido gordo Di Blasi, hito de la cultura popular quilmeña, nos llenó de inmerecidos elogios, junto a Seba Kerle. El concurso empezó a tomar forma y existencia.

Dilemas existenciales se plantean y uno se queda duro, dudando. Un gol de Quilmes a Chacarita en el ´83 o ganar el Prode. La diferencia entre ser de Quilmes o ser de un club grande. Volver a un Guido y Sarmiento, sin cancha y con edificios, por un amor muy otro. El recorrido sinuoso por diversas etapas de la pasión. Quilmes y la vida, preguntas, respuestas e ideas que permanecen.

Roberto Magadán me acercó una idea y un teléfono. Daniel Razzetto, con su Editorial Galerna podían auspiciar el concurso. Lo hablé con él y quedó cerrado un nuevo y jugoso premio. Editorial Ciccus, mi editorial, me acercó libros para los ganadores. Carlitos Doallo gestionó más premios con Mistral. Y la frutilla del postre. El maestro Alejandro Apo. Su voz emblema, clásica como su programa de los sábados sintonizado antes de ir a la cancha durante los largos años del ascenso, al servicio de esta aventura cultural. Alejo leería el cuento ganador.

Ganar y llenar el álbum con la figurita del gallego Rodríguez. O ir a la cancha por primera vez, en el Centenario, frente al San Pablo, nunca menos.

Y en menos de una semana, empezaron a llegar las historias al club. Alguno, chimentan, aprovechó para volver a ser socio. En cuenta gotas fueron llegando los sobres. Como ocurre a menudo en el mundo Quilmes, sobre el final empezaron a llegar con más asiduidad. Llegando al cierre, varios socios reclamaron la extensión del plazo. Ocurrido lo cual, contabilizamos 50 cuentos.

50 textos llenos de identidad y costumbres cerveceras. El sueño de ser gigantes y la sangre vengada del Indio Kilme. Un sueño de Copa Libertadores con Kempes y Fillol usando la blanquita. O imaginar el año 2018 y una historia que se repite: Argentina y Quilmes campeones nuevamente.  Evita y Quilmes, un solo corazón. Las cábalas. Un bar cervecero y las discusiones futboleras de los lunes. Goles a Lanús que se añoran o se sueñan. Los conocidos anónimos de la tribuna. El olorcito a malta y río. A ver A Quilmes en el Roca o en 22. Un casamiento y las fotos en el Centenario. Una lluvia de papelitos, peleando contra un cielo gris. Un beso de película en la Indio Gómez.

50 películas. 50 personas, vecinos de casa o de tablón que se motivaron, cranearon algunos días y se sentaron algunas horas a escribir. 50 sobres con emociones hechas tinta. Y ahí está todo. Recuerdos arrancados a la desmemoria. Leyendas que resisten al olvido. Hitos que lucharon por ser escritos. Silencios que prefirieron dejar de serlo. Mitos que empiezan a contornearse. Cultura popular, quilmeña y cervecera, que escribe –en azul sobre una página blanca– alguito de lo que fuimos, perfilando lo mejor de lo que podemos ser. Sentimientos hechos arte que auguran larga vida al club Quilmes.

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Fidel se queda

Por ahí andan diciendo que no. Que no murió. Que se habría ido a tomar el cielo por asalto. Allí, arriba, estaría haciendo falta una revolución celestial, testimonian.

2016-11-29-18-07-36

Sin embargo, los funerales inconmensurables que tienen cita en La Habana y toda la isla, por estos días, darían cuenta del fin de sus días terrenales. Escribámoslo, debemos saber que, con este tema de la vida y la muerte, hay muertos que gozan de muy buena salud y los hay los que pelean con más enjundia que cuando latían. Por ende, no tiene sentido inmiscuirse en las fuentes de aquéllos rumores.

Celebran en Miami y ahí puede hallarse alguna clave. Se me hace que nunca va a entender nada la gusanera. Se entusiasman pero ni siquiera llegarán a intentarlo. No les da el piné. Hay un ideario fidelista, guevarista y martiano que se ha hecho carne en el seno del glorioso pueblo cubano. Y sabrán continuarlo. Una lectura fiel de la historia reciente así lo indica. No es fé. Es interpretación cabal de la idiosincrasia de un pueblo que lleva tatuado el orgullo que le devolvió Fidel.

Es que hay que subrayarlo: la Historia no sólo lo absolvió. La Historia lo elevó a gigante. Batió al imperio, en sus fauces. Logró un piso mínimo de derechos para todos los habitantes de su patria Tendió su mano generosa a los pueblos del mundo. A no dudarlo: no muere quien siembra.

Mientras militemos en su misma senda, Fidel Castro Ruz estará vivo. Estará vivo mientras se intente la felicidad del pueblo. Mientras se sigue creando heroicamente el Socialismo. Porque el Socialismo fue lo indecible y lo necesario, no obstante. Debe quedar claro, Fidel hizo lo imposible: una nación culta, saludable y educada que construye todos los días su sociedad socialista. A su manera.

Sin imposiciones, ni recetas, Cuba va. Y seguirá yendo. Con defectos, claro. No vaya a creerse que la revolución perfecta que recitan algunas tribus redunda en algo más que un elixir para la supervivencia de esas patrullas perdidas que pelean por no convertirse en coleccionistas de juguetes japoneses.

Nos abriga la certeza de haber sido contemporáneos de un Libertador de América. Llorémoslo. Pero leámoslo. No lo extrañemos. Sigamos su ejemplo. Y a los que se hacen los rulos, podemos recomendarles otros usos para los ruleros. Fidel se queda. En el corazón de los pueblos pobres del mundo. Y vivirá en el mañana de todxs.

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La fuerza de las nuevas mayorías

Cristina Fernández de Kirchner está zurciendo la fuerza propia, despojada de intereses personales. En cada palabra que emite, en cada entonación cuidadosa, en cada invitado al que nombra, se percibe esa responsabilidad que siente propia.

El presente y el futuro inmediato, que vislumbra sombrío. Néstor, su obra y su memoria. Ella misma y su lugar en la historia. Habiendo elevado tanto el umbral de derechos de una sociedad en un país y, hasta, en un continente, cuyos subsuelos la porfían, Cristina no es dueña de tomar una decisión individual, ajena a los intereses de las grandes mayorías por las que tanto peleó y logró. No se lo perdonaría.

Muchos militantes interrogan sin convicción “¿Qué más le podemos pedir a Cristina?”. Mucho, pienso. Todo lo que sea proporcional con su talla. Todo lo que esté a la sazón de un acumulado social, cultural, económico, político estimable que fue su consecuencia. Hay personas comunes con responsabilidades importantes, que dejan huella tan profunda por sus acciones, que ya no se pertenecen. Tal vez no sea justo, pero es así.

Un ingeniero no construye el edificio de su vida y se desliga de su existencia. Lo mismo un escultor, escritor o artista con su obra cumbre. Cristina tampoco. Su proyecto –ni soñado– fue realizado. Pese a adversarios mañosos. Pese a enemigos mafiosos. Pese a errores no forzados. Por audacia. Por bravura. Por sapiencia. Por preparación. Por coraje. Son hechos palpables en la cotidianeidad de cada persona que viva en nuestro suelo. Y más allá.

Los cimientos del mejor gobierno, desde el primer peronismo para acá, tambalean. La cuota de vicios redhibitorios es importante. Los dirigentes intermedios poseen un activismo notable, que se las rebusca para contener a los propios, sin lograr siquiera –plenamente– el objetivo. Ni cerca están de dialogar con los ajenos. Lo intentan, con orgullo. Pero están muy quemados para el gran público. Tienen mil batallas políticas libradas en el lomo a contrapelo de la hegemonía. Y les pasan factura. Probablemente sea una falla constitutiva del kirchnerismo. Los únicos que se bancaron todas y volvieron a cantarle al sol fueron Néstor y Cristina.

Pero, a no confundirse, lo que aqueja a los sectores medios y humildes de nuestra sociedad son las políticas de ajuste salvaje que tienen sostén, plafón y cobertura en una estructura, en un bloque de poder financiero, agroexportador, mediático y geopolítico cohesionado, sólido, que está envalentonado y sin fisuras relevantes.

Luego, la continuidad en el tiempo de las conquistas del kirchnerismo están en disputa. La supervivencia de su legado está puesta en crisis. Es ella, conductora o capitana, quien debe asumir la primacía en la defensa de lo construido y es quien debe proyectar las virtudes futuras que posee el modelo para mejorarle la vida a la mujer y al hombre de a pie. Porque la memoria está. Pero de la nostalgia no se come. Rememorar, solo, avances del pasado no garpa. Cristina lo sabe.

Deberá ingeniárselas para resultar convincente en las posibilidades de porvenir que están ínsitas en sus ideas y en sus realizaciones. Un sector importante de la población desconfía. Otro, una minoría intensa, mantiene una lealtad y una mística conmovedora. Si supo persuadir y alcanzar la friolera de 54 % a fuerza de contundencias en cada barrio, en esta nueva etapa, sin el Estado, con una campaña mediática, política y judicial en su contra sin precedentes cercanos, deberá reinventarse sin perder su esencia.

Los hechos políticos de estas semanas enseñan que Cristina está a la altura del desafío. El acto de Atlanta ensanchó los márgenes de la tropa propia hacia el sindicalismo combativo, coherente y radical del bancario Sergio Palazzo, tal vez el gremialista que más brille en esta hora de genuflexiones varias. Hizo lugar para intelectuales críticos y honestos como Mempo Giardinelli. Marcó nuevos objetivos. Señaló la inconsecuencia de quienes se miran en el espejo del ajuste y se ven nacionales y populares. Se calzó la boina blanca. Se inscribió en la búsqueda de nuevas mayorías, mostrando humildad. Las nuevas reivindicaciones no pueden ser sectarias, arguyó. Lució bella y entera.

En la Universidad de Quilmes la homenajearon, como antes lo habían hecho en Ecuador. Ella aprovechó para empezar a dar pistas concretas de la nueva construcción electoral. En un sitio de honor, ubicó a Daniel Scioli y a intendentes del conurbano, muy populares en sus terruños. A Scioli, cuidó en nombrarlo cálidamente en un par de oportunidades. También a Jorge Taiana, referente del Movimiento Evita. Allí esbozó el camino a transitar de cara al año próximo.

Esta semana, diferentes espacios del peronismo porteño que habían roto los bloques del FPV en la Legislatura porteña o en la Cámara de Diputados, aceptaron el nuevo puente y la agasajaron en el día de la Lealtad. El Movimiento Evita, la Corriente de la Militancia de Daniel Filmus y el espacio que lidera de Víctor Santamaría armaron un acto en el teatro SHA por el parecen haber oficializado que se encolumnan detrás de la conducción de Cristina. Allí, por teleconferencia, Cristina pidió salir del internismo, no hablarle a los dirigentes, ir a los barrios a representar la búsqueda de soluciones para los problemas concretos de la gente.

Esa fue la senda que imaginó Cristina en aquel lejano 13 de abril en la puerta de Comodoro Py, cuando habló del Frente Ciudadano contra los aumentos de los servicios públicos. Representar a los que sufren las consecuencias del ajuste, despojados de histrionismo épico, parece ser una de las claves con que Cristina interpela a los dirigentes de su espacio.

El crecimiento de Cristina en las encuestas de la Provincia de Buenos Aires es una realidad. La zozobra que causa en sus adversarios políticos es admisión que le temen. La agresividad de algunos de sus juglares raya la desesperación ante una pesadilla que no logran superar. Paso a paso, el kirchnerismo vuelve a divisar la probabilidad del favor de su pueblo al que siempre representó lealmente, aunque no siempre supo dialogar con él.

El pulso sereno de “la Jefa”, la precisión de su vocabulario, la amabilidad de trato y la precaución de sus verbos sitúan a Cristina en sintonía con los intereses de los ajustados, vislumbrando esperanzas realistas de acceder al tejido de nuevas mayorías para enfrentar con éxito la disputa por el mañana.

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Concurso de cuentos cortos

“Quilmes A Contar” es un proyecto del Departamento de Cultura del Quilmes Atlético Club que se propone, mediante un concurso, incentivar la creación a través de la escritura y el refuerzo de la identidad “cervecera”. Los cuentos seleccionados deberán narrar una historia de ficción de tema libre que esté vinculado de cualquier manera al Quilmes Atlético Club.

Bases:

1. Podrán participar personas mayores de 16 años, sean argentinos o extranjeros.

2. Los cuentos de tema libre, escritos en castellano, deberán estar vinculados de cualquier manera al Quilmes Atlético Club.

3. Las obras serán originales e inéditas, no premiadas anteriormente ni presentadas simultáneamente en ningún otro concurso. No se admitirán traducciones, adaptaciones, recreaciones ni refundiciones de otros textos. La confirmación del no cumplimiento de estos requisitos será motivo de exclusión de la presente y futuras ediciones.

4. La inscripción deberá realizarse de lunes a viernes de 9 a 20 y sábados de 10 a 13 en la Secretaría de Atención al Socio en la Sede Social. El escritor recibirá copia de las presentes bases y condiciones y, en caso de prestar conformidad a las mismas, consignará sus datos personales en una ficha de inscripción que firmará por duplicado. Una copia de la ficha quedará en el Club y la otra, se entregará dentro del sobre de datos personales del autor según lo establece el punto Nº 6 del presente.

5. Cada escritor podrá participar con un solo cuento que no deberá superar los 7500 caracteres con espacio, equivalente a cuatro páginas A4 en fuente Times New Roman, cuerpo 12, interlineado 1,5. Las obras deberán tener un título y serán firmadas con seudónimo al pie de las mismas. Los cuentos serán presentados por triplicado, mecanografiados sobre una sola cara del papel. Las copias de entregarán dentro de un sobre cerrado (“sobre cuento”).

6. Los cuentos se firmarán con seudónimo. Se eliminarán aquellas composiciones que permitan la identificación del autor. La ficha de inscripción que contenga los datos personales del escritor se presentará en un sobre cerrado que deberá tener escrito en el frente el seudónimo y el título del cuento (“sobre ficha”).

7. Los dos sobres, el que contiene las tres copias del cuento (“sobre cuento”) y el que contiene la ficha de inscripción (“sobre ficha”) deberán ser presentados personalmente en la Sede Social del Quilmes Atlético Club situada en Guido y Paz,(C1067 AAD) Quilmes, Provincia de Buenos Aires. Será imprescindible la siguiente inscripción en todos los sobres:

 

Concurso de Cuentos “Quilmes A Contar”

Departamento de Cultura

Quilmes Atlético Club

 

8. La admisión de trabajos comenzará inmediatamente después de la publicación de las presentes bases en la página web oficial del club. Se establece como fecha tope de recepción de obras el 31 de Octubre de 2016.

9. El Jurado estará coordinado por Demian Konfino, escritor quilmeño y socio número 35913. El fallo será inapelable y se hará público en el mes de noviembre a través de los canales oficiales de comunicación del Club.

10. Se elegirán tres cuentos ganadores. El primer premio ganará $5.000, obtendrá la publicación del cuento seleccionado en la revista “Indios Quilmes” y en la página web oficial del club, y una camiseta oficial del equipo de primera división de fútbol de Quilmes. El resto de los cuentos ganadores serán publicados en la página web oficial del club. Los tres ganadores también serán reconocidos en un partido oficial del  equipo de primera división de fútbol de Quilmes, ingresando al campo de juego y siendo mencionados por la voz del Estadio.

11. El concurso no podrá declararse desierto y sólo se permitirá presentar una obra por autor.

12. Los autores galardonados serán notificados en forma personalizada. Se les avisará con la debida antelación sobre la fecha de la premiación. Los galardonados (o la persona en la que delegue) tienen la obligación de asistir al mismo.

13. Los trabajos presentados no serán devueltos y serán destruidos.concurso-cuentos

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La urbanización de las villas no es un paso de magia ni una concesión generosa de un gobierno de turno

El gobierno porteño que ocupa Horacio Rodríguez Larreta muestra iniciativas para urbanizar las villas porteñas. ¿Maquillaje, negocio inmobiliario o avance sobre un postergadísimo derecho?

Por Demian Konfino*

En los últimos días, los diarios nacionales festejan los avances la urbanización de las villas 20 y 31/ 31 bis por parte del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Al mismo tiempo, tomamos conocimiento que el mismo proceso se está pensando para la Villa Rodrigo Bueno. Entre los anuncios y las recorridas villeras de los funcionarios aparecen insinuaciones técnicas, catálogo de voluntades pero pocas certezas.

A ciencia cierta, nadie conoce los proyectos arquitectónicos de urbanización de esos barrios. Las autoridades locales, sin embargo, recorren los barrios, se interesan por las propuestas elaboradas por los pobladores, dialogan con sus autoridades legítimas, realizan asambleas, conceden razones y se muestran permeables a las sugerencias. Pero de los aplausos no se come.

Los personeros del gobierno local muestran lineamientos, enseñan algún plano aislado, responden pedidos de informes señalando algunas obras a realizarse y sus plazos, pero no se divisa un conglomerado de normas técnicas que indiquen que fehacientemente se trate de la urbanización de esos barrios, con la interconexión con el resto de la ciudad, con la infraestructura de servicios básicos, con parques, con sistemas de pasillos transitables, con medios de transporte que los atraviesen, con vivienda digna y propia para los actuales habitantes.

Es verdad que hay un cambio notable de gestión en la problemática, pero aún no se avistan las soluciones de largo aliento. El Poder Ejecutivo de la CABA aborda la temática con determinación, plantea una agenda plagada de banderas populares y descoloca a sus opositores, pero no acaba de resultar creíble en su intención de superar los meros parches de la gestión anterior, del mismo signo político.

Las cabriolas discursivas de las autoridades locales no conectan con la idea que la integración urbanística vaya a plasmarse en resultados constatables en cualquier hogar villero. Y no se trata de suspicacias o descreimientos. Los propios instrumentos que desarrollan los funcionarios para llevar a cabo su cometido contienen el germen de la ambigüedad.

En un caso testigo, la Secretaría de Integración Social y Urbana decidió avanzar en refacciones interiores de las casas de un sector de Villa 31 al que se denominó Galpón 1 (G1). Con el fin de realizar las mejoras, tal dependencia invita a los vecinos a adherirse a un contrato preestablecido que contiene cláusulas, cuanto menos, sugestivas. Así, en la única cláusula que se habla de derechos, el artículo 9, lejos de garantizar algún derecho para los beneficiarios se los restringe indicando que la adhesión al programa “no genera expectativa futura sobre derecho alguno”.

Debe escribirse, si la idea del gobierno fuera que esas mejoras formen parte de una casa cuyo dominio pase a ser titularidad de los actuales ocupantes pacíficos, debería garantizarse el derecho de propiedad sobre esas mejoras a los habitantes de las casas del G1 que se adhieran al programa.

De todos modos, que el gobierno de la ciudad tome el mástil de la urbanización de las villas es un paso cultural de envergadura. La misma fuerza política que triunfó en las elecciones de la ciudad prometiendo la erradicación de villas y que, ya en la gestión, pasó las topadoras por el barrio Papa Francisco y lo intentó –legislativamente– con el barrio Rodrigo Bueno, revierte sus antecedentes y legitima el discurso histórico de los luchadores villeros. Ahora, hasta una fuerza política conservadora admite que las villas deben urbanizarse en el lugar como, por otra parte, ordena el artículo 31 de la Constitución de la CABA.

Probablemente existan segundas intenciones que, en verdad, sean las que realmente importan a los funcionarios. Tanto Rodrigo Bueno, con el proyecto “Solares de Santa María” de IRSA, como Villa 31 y 31 bis con el nuevo proyecto de correr la autopista Illia, como Villa 20 con las obras de infraestructura deportiva necesarias para los juegos olímpicos de la juventud, esconden negocios inmobiliarios o de obra pública de gran factura.

En el terreno de las especulaciones, puede pensarse que el Jefe de Gobierno quiera erigirse en una figura potente de una derecha moderna que, sin anteojeras ideológicas, resuelve los problemas de la “gente”, con la intención de anotarse en la carrera por la sucesión presidencial de su compañero de partido, Mauricio Macri.

Sin embargo, el vecindario lejos de analizar el costado ético o sugestivo de las intenciones declamadas, deberá bregar por la viabilidad de las propuestas, no por su enunciación festiva. Ese verosímil solo puede concebirse mediante proyectos arquitectónicos sustentables y, en nuestro ordenamiento jurídico, con una ley o un decreto que ordenen la urbanización en plazos determinados, y en base a tales proyectos técnicos.

Hoy la ley N°1.770 para Villa 20 y N° 3.343 para Villa 31 resultan un valladar contra intentonas erradicadoras, pero se han descubierto impotentes a la hora de avanzar en la urbanización de esas villas.

Si los funcionarios son sinceros en sus discursos, deben sancionar las normas que garanticen el sustrato de su verba: Que reconozcan los derechos y garanticen la posibilidad de reclamos ante eventuales incumplimientos.

Para ser claros, un vecino que haya escuchado a Horacio Rodríguez Larreta en Villa 20 o en Villa 31 anunciando la urbanización de sus barrios no podrá reclamarle judicialmente la mentira  de su alocución, en caso que no cumpla con su palabra. Solo puede garantizarse el ejercicio de los derechos a partir de una norma que reconozca esos derechos.

Los vecinos, junto a las organizaciones del campo popular, deberán estar atentos para no entorpecer avances para la cotidianeidad del vecindario pero, al mismo tiempo, sosteniendo la necesidad de más hechos y menos palabras. Porque cuanto mejor, mejor. Eso lo saben las mujeres y hombres de a pie, que han crecido desde el barro. Los guardianes de la memoria no permitirán que la charlatanería simule oro cuando es baratija. Las organizaciones tendrán que calibrar ese equilibrio mediando sensibilidad popular y sentido de la responsabilidad histórica.

A 20 años de su reconocimiento en la Constitución de la Ciudad, la urbanización no es un paso de magia, ni una concesión generosa de un gobierno de turno. Es un derecho constitucional y una lucha histórica del movimiento villero curtida desde el propio cuero de las mujeres y hombres anónimos de nuestro pueblo que dieron todo por esta quimera. Hasta la vida misma. Siempre, con la brújula en el mismo sur: La tierra para quien la trabaja y la vivienda para quien la vive.

* Autor del libro Patria Villera. Militante popular, escritor, abogado.

http://agenciapacourondo.com.ar/sociedad/deficit-habitacional/20560-la-urbanizacion-de-las-villas-no-es-un-paso-de-magia-ni-una-concesion-generosa-de-un-gobierno-de-turno

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