Once corchazos para un personaje chorro

Por Tiempo Argentino*

Once corchazos ponen en jaque la vida de Leo, un pibe chorro que antes de chorro fue pibe. Flor, novia enamorada y narradora, se prueba la pilcha de justiciera. Una intensa relación entre dos jóvenes villeros que mezcla, a la vez, ternura y furia se impone en el centro de la trama, mientras la marginalidad acecha. La mala, novela negra (Ediciones CICCUS), de Demian Konfino se presenta el lunes 6 de noviembre a las 17.30, en Perón 1485 CABA (Salón auditorio AEFIP, Capital).

Los fierros, el narco y la corrupción policial fungen como actores necesarios de este thriller urbano cuyo vértigo no cesa ni siquiera con el demoledor final. El escritor Demian Konfino, conocedor de la realidad villera como pocos, ha escogido el género negro para narrar los días y las noches de miles de seres humanos que habitan las villas argentinas y que no alcanzan a vencer su contexto. El resultado, una novela necesaria y urgente.

Konfino, en 2010 publicó su primera obra Hasta el amanecer de Tupacamaria que fue presentada, entre otros sitios, en distintas ciudades de Cuba, por invitación del gobierno de ese país. Dos años más tarde publicó la novela Villa 31. Historia de un amor invisible, obra que fue declarada de “Interés Cultural” de la Ciudad de Buenos Aires por la Legislatura porteña. Durante los años 2013 y 2014 escribió la sección “Crónica villera” para la revista Sudestada.

Hace unos dos años Patria Villera. Villa 31 y Teófilo Tapia: Historia de una lucha fue prologada por Osvaldo Bayer.

* https://www.tiempoar.com.ar/articulo/view/72058-once-corchazos-para-un-personaje-chorro?utm_content=bufferd836a&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

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“La Mala…”, un thriller urbano de nuestros días

30 octubre, 2017*

El Furgón – “La Mala. Novela Negra”, es el nuevo libro del escritor Demian Konfino, publicado por Ediciones Ciccus y que se presentará el próximo lunes 6 de noviembre a las 17.30 horas en el Salón Auditorio AEFIP, en Perón 1485, ciudad de Buenos Aires.
En “La Mala…”, se relata una intensa relación entre dos jóvenes villeros que mezcla ternura y furia, mientras la marginalidad acecha. En su novela, Konfino se mete de lleno en el narco y la corrupción policial, actores de este denominado “thriller urbano”.

Konfino, nacido en 1982 en Quilmes, es abogado y militante popular, y entre obra se destacan “Hasta el amanecer de Tupacamaria”, “Villa 31. Historia de un amor invisible” y “Patria Villera. Villa 31 y Teófilo Tapia: Historia de una lucha”.

En el Furgón presentamos un adelanto de “La Mala…”.

Once corchazos. Los escuché a todos. Uno por uno. El primero partió la noche en dos. El último iniciaría una agonía, una esperanza y una búsqueda tan dolorosa como jodida. Temí que fuera lo que yo pensaba. Sabía que lo era.

Salté de la cama, abrí la ventana de mi habitación, saqué la cabeza y miré rauda en dirección a la casa de Leo. Una moto alta y negra me respiró en la cara, como una ráfaga. Casi me arrancó el cogote. Me distrajo y giré para putearlo. A la distancia divisé sobre la moto una espalda ancha, envuelta en un camperón oscuro, azul o negro, con el inconfundible logo de Adidas en blanco, y la nuca de un casco claro con llamas de fuego pintadas en naranja, rojo y amarillo.

Me sobresalté, más todavía. Venía por Calle 13. Del lado de lo de Leo. Parecía iniciar la carrera de una fuga. Me perseguí, en ese momento. La puta madre. Me puse la última campera que me había regalado Leo. Cacé unas llantas que andaban tiradas al pie de la cama y salí. No les dije nada a mis viejos. Pero por el ruido, involuntario, que me mandé al cerrar, al poco tiempo me enteraría de que los había despertado.

Pegué un pique de olimpiada para recorrer los, ¿qué sé yo?, ciento cuarenta metros que separan mi rancho del de Leo. Porque en el barrio no se mide en cuadras como el resto de la ciudad. Tenés que calcular los metros a ojo. Cada manzana mide diferente.

Fui esquivando los charcos de la lluvia de la semana anterior, según se dejaron adivinar por algún foquito aislado. Parece que estamos condenados al barro. No sé por qué, pero aunque no llueva en todo el mes, en mi barrio siempre hay tramos de barro en las calles y los pasillos.

Me agité y sentí fuerte los latidos de mi corazón. Cuando estaba por llegar, a unos veinte metros, adiviné la espalda de Marcelo, el papá de Leo, arrodillado, como agarrando algo hacia adelante. O a alguien.

La concha de su madre. Me quise cortar las tetas. No tuve dudas. Lo que estaba agarrando Marcelo era el cuerpo ensangrentado de Leo, su hijo, el amor de mi vida.

Creo que trastabillé o intenté desmayarme. La cosa es que comí barro pero me paré enseguida y me arrodillé. Por puro instinto junté las palmas de la mano y me puse a rezar. Fueron segundos. La virgencita de Caacupé andaba en la suya y yo me sentí ridícula. Mi pibe ahí tirado y yo quieta como una pelotuda. Me puse a llorar. Desconsoladamente. Me agarré la cabeza y me tapé la cara.

—¡Leo! –Gritó mi alma, sin pedir permiso.

Marcelo torció el cuello y me hizo un gesto raro. Como que me acercara entendí. Levanté la jeta y vi varias cabezas que se asomaban desde los primeros, segundos y hasta terceros pisos levantados por sus propios dueños. Insinuaban consternación. O eso comprendí yo.

La noche ya no era silencio. Un murmullo empezó a colmar la zona. Algunos vecinos se animaron y salieron de las puertas de chapa de sus casas sin revoque y se acercaron a donde yo debía llegar.

Me volví a incorporar y enfilé, decidida aunque lenta. Se me hizo interminable. Metí una gamba en el medio de un charco profundo, hasta el fondo, y casi vuelvo a caerme. No me importó.

Llegué, como pude. Y lo vi.
* http://elfurgon.com.ar/2017/10/30/la-mala-un-thriller-urbano-de-nuestros-dias/

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Presentación del libro La Mala

LA MALA. NOVELA NEGRA (Ediciones CICCUS)

de DEMIAN KONFINO

LUNES 6 DE NOVIEMBRE 17.30 HS.
PERÓN 1485 CABA (SALÓN AUDITORIO AEFIP CAPITAL)
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JUSTICIA POR SANTIAGO MALDONADO

COMUNICADO DEL ODH*
Expresamos nuestra solidaridad y acompañamiento a la familia de Santiago Maldonado. Repudiamos el maltrato y la indiferencia del Gobierno nacional. El Estado Nacional, a través de la Gendarmería Nacional reprimió a los mapuches. En ese contexto, Santiago murió por causas que se empiezan a investigar recién ahora a partir de la tardía aparición sin vida del cuerpo.
Repudiamos las maniobras distractivas y encubridoras de Gendarmería y el Ministerio de Seguridad de la Nación, durante este tiempo. Gendarmería, Pablo Noceti, Patricia Bullrich y Guido Otranto son responsables.
Reprobamos el accionar de los medios de comunicación tradicionales que han difundido información de forma irresponsable y sesgada.
Exigimos respeto y verdad.
Exigimos justicia por la muerte de Santiago!
* https://odhbsas.wordpress.com/2017/10/21/justicia-por-santiago-maldonado/

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La Mala

Se viene mi cuarto libro. La Mala. Novela negra. Publica Ediciones Ciccus.

Ya está en imprenta.

Mientras tanto, comparto el texto de contratapa, a modo de aperitivo.

La mala Tapa
“Once corchazos ponen en jaque la vida de Leo, un pibe chorro que antes de chorro fue pibe. Flor, novia enamorada y narradora, se prueba la pilcha de justiciera.

Una intensa relación entre dos jóvenes villeros que mezcla, a la vez, ternura y furia se impone en el centro de la trama, mientras la marginalidad acecha. Los fierros, el narco y la corrupción policial fungen como actores necesarios de este thriller urbano cuyo vértigo no cesa ni siquiera con el demoledor final.

El escritor Demian Konfino, conocedor de la realidad villera como pocos, ha escogido el género negro para narrar los días y las noches de miles de seres humanos que habitan las villas argentinas y que no alcanzan a vencer su contexto. El resultado, una novela necesaria y urgente.”

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La dignidad del pueblo armenio

La película “La Promesa” cuenta una historia de amor, o dos, en un contexto que acaba imponiéndose como el principal hallazgo de su realizador: El genocidio armenio a manos del imperio otomano y la dignidad de parte de ese pueblo oprimido que decidió resistir en Musa Dagh, el Monte de Moisés.

Historia invisibilizada por los centros de poder, el film recrea la gesta de una aldea armenia que resolvió no marchar al matadero y enfrentar a un imperio. El resultado es una película conmovedora que rescata lo mejor que tiene el hombre: Su capacidad de oponer dignidad ante la ausencia de razón.

Se calcula que 1.500.000 de armenios fueron exterminados por manos turcas. En Musa Dagh, unos 4000 hombres, mujeres y niños resistieron en condiciones sumamente adversas. Lucharon y sobrevivieron.

No fue todo el pueblo. Ni siquiera, la mayoría. Pero fue una porción necesaria que nos recuerda la vigencia de la poesía: Siempre, aún ante las situaciones más acuciantes, hay lugar para la belleza.

Willian Saroyán escribió:

Me gustaria saber si existe en al tierra
algún poder capaz de destruir esta raza,
esta pequeña comunidad 
de gente insignificante,
cuya historia ha llegado a su fin.
Que tuvo numerosas batallas perdidas,
cuyas estructuras se han desmoronado,
Cuya literatura no es digna de ser leída
ni su música de ser oída,
y cuyos ruegos no han sido contestados.
!Adelante, continúen aniquilando esta raza!
!Destruyan armenia! !Miren si pueden hacerlo!
Sáquenlos de sus casas y envíenlos al desierto!
!Déjenlos sin comida!
Quemen sus casas e iglesias
Pero luego, miren sino son capaces
De volver a reír.
vean sino vuelven a cantar o a rezar.
Y cuando dos de ellos se encuentren en 
cualquier lugar del mundo
vean sino vuelven a crear una nueva Armenia.

De eso se trata. De reír. Aún en el peor de los mundos. Se puede. Se debe. Armenia ha hecho un valioso aporte a esta comprobación empírica.

Coincidencia o no, esta semana el género negro me cruzó con otro armenio. Soghomón Tehlirián. Un justiciero.

Su historia de Justicia por mano propia contra un jerarca otomano, amparada por un tribunal alemán en la década del veinte del siglo pasado, me urgió a la necesidad de indagar más. Y no podía ser de otra manera. Me topé con el viejo Bayer.

Escribió don Osvaldo en Página*:

La historia del mundo está sembrada de reacciones así. Tenemos el ejemplo del armenio Soghomon Tehlirian, quien el 15 de marzo de 1921 mató a Taleat Pachá, en Berlín, de un tiro. Taleat Pachá había sido ministro del Interior del gobierno turco que ordenó la masacre del pueblo armenio, que comenzó en 1915. Esa masacre es una de las más crueles de la historia: los armenios fueron desalojados de sus casas, los hombres fueron muertos a tiros y las mujeres y los niños obligados a caminar distancias sin límites hasta que ellas cayeran exhaustas de sed y de falta de alimentación, al igual que sus niños. Así fueron muertos un millón y medio de armenios. Nunca los gobiernos turcos reconocieron ese genocidio, sino que han tratado siempre de “mirar hacia adelante”. El joven Tehlirian, a quien le habían matado a toda su familia, tomó la decisión de “matar al tirano” en la figura del ministro del Interior turco responsable de las masacres, que se encontraba en 1921 en Berlín, Alemania. En la calle le pegó un solo tiro que fue mortal.
El juicio que la Justicia alemana le hizo al vindicador Soghomon Tehlirian fue ejemplar. Justamente fue eso, los jueces consideraron que había hecho uso de ese principio: matar al tirano y que, cuando no hay justicia, el pueblo tiene derecho a hacer justicia por su propia mano. Los armenios publicaron un libro donde se trae completa la versión taquigráfica de todo el juicio, con los argumentos del fiscal, de los defensores y del veredicto final de la Justicia con la absolución del vengador Soghomon Tehlirian. Fue un paso adelante en el verdadero sentido humano que debe entender la Justicia de los pueblos. Y algo que deben tener en cuenta todos los dictadores del futuro: cuando el matar se toma como algo natural para mantener el poder tiránico, siempre es posible una figura que no acepte ello y aplique el principio de matar a quien mató y no pagó por sus crímenes.
Justamente la comunidad armenia de la Argentina publicará próximamente en un libro el texto íntegro de este juicio. Allí, el lector podrá leer cómo todas las acusaciones del fiscal son contestadas con argumentos justos por los abogados defensores y los argumentos que esgrimieron en una situación tan difícil. Sólo cito un párrafo del abogado defensor Johannes Werthauer: “Pregunto: ¿hay algo más humano que lo que se nos ha presentado aquí? El vengador de todo un pueblo, de un millón y medio de asesinados, está erguido frente al individuo responsable del exterminio de aquel pueblo, frente al autor de aquellas torturas. Empuña la pistola para encarnar el espíritu de la justicia frente a la fuerza bruta. Baja a la calle como el representante del humanismo contra el salvajismo, del derecho contra la injusticia, de los oprimidos contra el representante total de la opresión. Y enfrenta en nombre de un millón y medio de asesinados a quien con todo el pueblo turco tiene la culpa de esos crímenes. El representa a sus padres, hermanas, cuñados y hermanos asesinados y además a su sobrino, de dos años, también masacrado. Lo respalda toda la Nación Armenia desde el anciano hasta el niño de cuna. El lleva la bandera de la justicia, la bandera del humanismo. Señores del jurado, ustedes deben decidir qué ha ocurrido en su alma y su cerebro en el momento del homicidio: si era o no dueño de su voluntad”.
Por unanimidad del jurado, el autor del hecho, Soghomon Tehlirian, fue dejado de inmediato en libertad. Una resolución que conmovió al mundo.
La versión en español que se editará ahora de este juicio lleva un prólogo del juez, miembro de la Corte Suprema de la Nación Argentina, doctor Eugenio Raúl Zaffaroni. Desarrolla ahí un concepto que hará historia. Con una profundidad y una amplitud de mira humanista dice, por ejemplo: “La impunidad de Taleat Pachá frente a la magnitud tan formidable de la injusticia cometida contra el pueblo armenio hacía que el Derecho penal perdiese la fuerza ética necesaria para sancionar al que le diese muerte. La impunidad de la masacre condenaba a Taleat y determinaba la absolución de Tehlirian. Taleat había dejado de ser considerado persona. La impunidad del genocida lo deja en condición de no persona, pues le retira la cobertura jurídica. Quien lo ejecuta no puede ser condenado, aunque nadie lo confiese y aunque se fuercen los argumentos y argucias jurídicos para no condenarlo. Se lo declarará inimputable, se acudirá a la ficción del acto de guerra o se buscará algún pretexto de forma procesal, pero un tribunal imparcial no lo puede condenar”.
Palabras sabias que hablan, por sobre todo, a favor de la vida, ya que pone en aviso a todo poderoso que se precia de su poder, tomando a la muerte como método. Y con eso correrá el peligro de buscar él mismo su muerte…
Matar al tirano. No como regla ni como costumbre. Sólo como llamado de atención a los del poder omnímodo: ninguna violencia de arriba es gratuita. Siempre se va a volver contra el que la inició. Tampoco la venganza es una solución, pero es algo incontenible, humano. Una reacción de los generosos que dan su vida para acabar con los crímenes de los que ejercen el poder. Algo para aprender.

Luego, acá tenemos a los oprimidos. Están los que se resignan y los que se rebelan. Armenia nos enseña que siempre se puede elegir de qué lado de la mecha te colocás. Aún cuando arrecie la tormenta, siempre se puede buscar el sol.

* https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-163984-2011-03-12.html

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Braña, entre Cortázar y Bayer

Un crepúsculo, hace cuatro primaveras, visité a Osvaldo Bayer en su casa del barrio de Belgrano. Habíamos forjado una bella relación que derivó en algunos encuentros y varios intercambios epistolares. Pero ese atardecer el viejo estaba muy locuaz. Mis ojos brillaban ante sus palabras.

Un encuentro con Walsh en plena calle Corrientes, en el cenit de la Dictadura, ocupó buena parte de la charla íntima. Los vasos de whisky se iban vaciando, mientras la emoción, sino la nostalgia nos abrazaban.

De pronto, don Osvaldo recordó una historia de resistencia. Más tarde leí que la contó en algún que otro lugar. La cosa es que yo no la conocía y los detalles contados por uno de sus protagonistas excluyentes me erizaron el cuerpo.

Bayer, en el exilio obligado por la última dictadura cívico militar, se puso a la cabeza de una operación política para denunciar el genocidio en la Argentina. Planificó el aterrizaje en nuestro país de un avión lleno de intelectuales y periodistas del mundo para ocupar el suelo patrio en una visita relámpago que alcanzara para mostrar al planeta el cercenamiento de todas las garantías en nuestra nación.

Fue poroteando intelectuales quienes aceptaron expeditivos. Se envalentonó y apuntó alto. Contactó a los premios nobel de literatura Gûnter Grass y Gabo García Márquez. También dieron el sí. Con una condición. Que viajara Julio Cortázar.

El autor de Rayuela, también involucrado en la denuncia de las desapariciones y todas las violaciones a los derechos humanos en nuestro país y el resto de América Latina, se hallaba viviendo en París desde hacía años. Desde allí había defendido, además, las más variadas causas populares y, particularmente, las revoluciones de los pobres en Cuba y Nicaragua. Escribiendo y, muchas veces, también poniendo el cuerpo.

Desde Alemania viajó Bayer a visitar a su amigo. Cenaron, conversaron, rieron. Osvaldo, en una finta, deslizó la propuesta. Cortázar pidió una tregua. Necesitaba pensarlo. A Bayer le pareció extraño pero aceptó.

Finalmente, Córtazar lo llamó y le dijo que no. Que no venía. Que lo disculpara pero que estaba con el cuero cansado de mil batallas y, sobre todo, que estaba enamorado de una joven y bella mujer con quien disfrutaba los últimos días que le quedaban.

Don Osvaldo bajó su vaso y me miró. Hizo un silencio preciso justo antes del remate certero:

-¿Qué le podía decir? Estaba enamorado.

Muchas veces pensé en esa actitud del también autor de Nicaragua tan violentamente dulce. Su negativa frustró el operativo. Bayer y el resto -incluido Cortázar- debieron recurrir a otros métodos para, finalmente, coadyuvar a la caída de la dictadura.

Al principio, condené en silencio a Cortázar. Después lo toleré. Más tarde, lo comprendí. Finalmente lo respeté.

Cortázar había brindado servicios incomparables a los pueblos del mundo que sufren la explotación. Había legado todo su prestigio a esos fines y había colaborado, notablemente, en el afianzamiento exitoso de algunas de esas experiencias. Y con ello, el intelectual brillante se había elevado a ser la voz de los oprimidos.

Y ahora, con Bayer, descubría que el prócer, también era un hombre grande con cansancios, amores y miserias. Y ello no lo hacía menos prócer, lo hacía más humano.

Esta semana, recordé la voz de don Osvaldo. En un sitio más mundano y cotidiano, pero no menos popular. Quizás la comparación sea una demasía. Estimo que no.

A un gigante del fútbol lo cascotearon de todos lados por no hacer lo que muchos esperaban.

Escribo sobre el Chapu. Algunos se desayunaron que el Chapu Braña, un pasionario conurbano y cervecero también tiene otro amor que se llama Estudiantes de La Plata. Y en Quilmes, muchos pibes -y no tanto- levantaron el dedo y acusaron traición o, más suave, falta de compromiso, por no haber vuelto a Quilmes a sus 39 años a jugar en la B.

Yo lo vi distinto. recordé aquel crepúsculo de una primavera no tan lejana. Yo, un agradecido eterno a ese tipo noble, aguerrido y representativo de lo mejor que podemos ser llamado Rodrigo Braña no le reproché ninguna de sus palabras. Pensé en Bayer. Y en Cortázar.

¿Qué le podía decir?

Gracias por todo los que nos dio.

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