ANDAR EN LA MALA | ENTREVISTA A DEMIÁN KONFINO

Jose Maria Gatti diciembre 5, 2017 Rastros

Hay otro mundo, otro planeta, otra historia. Nadie sabe que se esconde detrás de las paredes de una casilla en la villa. Nadie quiere ver, nadie quiere acercarse, nadie quiere juntarse con esos “vagos de mierda”. Pero ese mundo, ese planeta, esa historia no es nueva para la literatura. Bernardo Verbitsky ya en 1957 había bautizado a los conglomerados barriales con el nombre de “villa miseria” y en su libro, Villa Miseria también es América, sellaría esa imagen patética. Todo está sobre el escenario, sin maquillaje ni escenografía como soporte.

En este contexto Demián Konfino (Quilmes,1982), nos presenta un relato pasional y dolorosa, curtido de un lenguaje bizarro, relleno de códigos marginales y palabras tercas y necesarias. En esta literatura de urgencia todo vale si nos ponemos en la piel de los protagonistas, si dejamos de lado los prejuicios y entendemos que la raíz social calibra la historia cotidiana.

Flor nos va narrando la tragedia: “La concha de su madre, La vida de Leo valía. Y mucho. Y se lo vamos a demostrar, pensé en ese momento pero no me dije nada. Aferré a Leo por la mano izquierda y acompañé el carro, corriendo.”

Flor, nació en la villa, hija de padres paraguayos, tiene 20 años y sabe desde niña que su destino es barrero. A Leo lo ama desde que el chico le regaló una rosa amarilla y ahí tatuó su amor; “Qué te hacés el galancito”, le dijo para que no quedara explícita la llama del amor.

La mala refiere a la vida, a ese transitar diario que soportan y sobrellevan los habitantes de la villa. El relato cargado de protesta busca despertar conciencia, ponerse en el lugar del otro. En este plano pichoneano: “El individuo es un ser de necesidades que sólo se satisfacen socialmente en relaciones que lo determina…” es donde Konfino logra su cometido y presiona al lector a tomar partida de una realidad relegada.

Florencia(Flor) y Leonel(Leo) son los protagonistas cargados de una suma de frustraciones que los estigmatizan. “Para que te voy a mentir. Leo merodeaba la mala. El pendejo probó de todo. También quiso hacer el camino legal. Varias veces lo intentó.

Entraba y salía de la mala. Se daba cuenta que podía terminal mal. Entraba y salí. Se colaba una pasta y salía de caño para conseguir más o para comprarse pilcha y al tiempo se daba cuenta que era un boludo y largaba todo y se rescataba.”

Leo dejó los estudios, se juntó con los vagos, entró en el delito y la droga y “once corchazos” lo bajaron del pedestal. De ahí en más su lucha entre la vida y la muerte. Flor cargada de rencor y embarazada, reflexiona: “Estaba sola y decidí volver caminando a la villa. El dolor me había dado una tregua. Necesitaba caminar y pensar. Cuando llegúe al parque Thays recordé que ese había sido el inicio de la perdición de Leo. Estaba muy sensible, se ve, volví a llorar. Me senté al lado de una estatua gorda de bronce. Me acarié la panza y se la juré.

-Leo lo voy a encontrar, Por tu memoria. Por tu amor. Por nuestro hijo. Ese hijo de mil putas que te borró las va a pagar. Sabelo, pendejo.”

El relato crece en dramatismo y Konfino descarga su furia sobre el sistema policial y judicial. No son datos novedosos, simplemente los pone sobre la mesa para demostrar que todo está en juego. Flor quedará atrapada en esta historia que ya palpita a guión cinematográfico.

La mala es un libro para determinado público, circula por el andarivel del texto político-partidario, pero su lectura nos deja el malestar propio que aflora cuando sabemos que la vida, la mala vida, también es parte de nosotros.

Tapa La mala (para imprimir)

¿Qué es la mala vida en la villa?

El no poder vencer a tu contexto, un contexto cargado de marginalidad. Con lazos precarios en lo afectivo, con malos ejemplos, con carencias materiales, con necesidades insatisfechas, con la carga de saber los estigmas que pesan sobre tus espaldas.

¿Desde tu experiencia hay cambios en la conducta social en el conglomerado villero?

Sí y no. Flor es universitaria, gracias a una beca. La Padre Mugica. Esta beca de la UBA existió y permitió que cientos de pibes de las villas sean universitarios. Eso ayuda a una conducta social diferente. También los pibes y las pibas villeras que participan en política o en actividades sociales o en comedores, recreando lazos de solidaridad. Pero, caer en la mala sigue siendo una tentación a mano para miles de adolescentes a los que buena parte de la sociedad los excluye, por un lado, y, por el otro, le fomenta la cultura del consumo.

¿Quienes son tus referentes en la literatura nacional y latinoamericana?

Te nombro algunos. Osvaldo Soriano, Eduardo Sacheri, Juan Sasturain, José Pablo Feinmann, Leo Oyola, entre los nacionales. Daniel Chavarría, Leo Padura y Gioconda Belli, entre los latinoamericanos.

¿El policial es una literatura de denuncia?

Sin dudas. Feinmann dice que “el criminal es apenas un elemento de la turbia moral capitalista”. Creo que con el policial se describe a una sociedad, en un determinado momento, desde sus márgenes. Desde sus crímenes.

¿Qué libros forman parte de tu historia personal?

Elijo dos: “Villa Miseria” de Bernardo Verbitsky y “Patas arriba” de Eduardo Galeano.

Con La mala ya llevás escrito cuatro libros ¿Cómo te sentís en el rol de escritor?

Creo que estoy aplomado, que voy consolidando un estilo. Eso me hace sentir seguro a la hora de escribir.

¿A quiénes tenés que agradecer?

Una dedicatoria: El libro se lo dedico a Jampy, un amigo, un pibe que conocí y lo mataron cuando había caído en la mala. En él, a los miles de Jampys que se mueren en las villas argentinas, sin que se mueva un músculo de las grandes ciudades.

Un deseo: Llegar a los lectores que no comparten mi modo de ver el mundo. La literatura te permite eso. No pretendo convencer a nadie. Deseo que nos reconozcamos en el otro. Que, al menos, lo comprendamos.

Una ilusión: Que las historias que escribo entretengan y hagan pensar.*
* http://evaristocultural.com.ar/2017/12/05/andar-en-la-mala-entrevista-a-demian-konfino/

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