La única certeza es Cristina Fernández

En todos los escritorios influyentes de la política nacional sobresale un dato conocido en las últimas semanas que empieza a inquietar al círculo rojo y zonas aledañas. Cristina Fernández mide. Y mide alto. Según diferentes sondeos, entre ellos de las consultoras de Hugo Haime y Julio Aurelio, hoy estaría ganando la Provincia de Buenos Aires en la categoría “Senadores Nacionales”. Inclusive, se impone a la estrella mediática Sergio Massa, si iría solo, o hay escenario de empate técnico si se juntaría con Margarita Stolbizer.

Lo significativo de estas encuestas es el alto nivel de adhesión que despierta la Presidenta (Mandatos Cumplidos) Fernández de Kirchner al mismo tiempo que afronta una feroz campaña de demolición en su contra direccionada desde las usinas políticas, mediáticas y judiciales. Son datos duros que desconciertan al gobierno nacional que daba por descontada la derrota cultural del kirchnerismo y su vigor electoral a esta altura del ultraje. Se trata de información concreta que aceita engranajes sobre necesarios cambios estratégicos por parte del poder real al constatar cómo se evaporan los fuegos artificiales del lazarobaismo y la escenografía del Relato M sobre la pesada herencia. En este sentido, la resistencia de Hebe de Bonafini al asedio judicial parece haber marcado un punto de inflexión respecto a la eficacia de la lógica de la espectacularización como forma de estigmatizar todo lo que huela a K.

Pero más que información con números fríos, la fidelidad a la figura de Cristina Fernández se manifiesta en toda su potencia cada vez que la ex Presidenta decide acercarse a los diferentes sectores del hacer nacional. En esta línea, su visita a Villa 31 y el acto multitudinario que se montó en pocas horas, sin ningún aparato, demuestra la vigencia emotiva que despierta Cristina entre las franjas populares. Lo mismo sucedió esta semana con el fervor popular que la recibió en Ensenada. Igual ocurre cuando visita a la academia o cuando se encuentra con defensores de los derechos humanos o de la cultura.

El afincamiento de la líder del FPV en la ciudad de Buenos Aires parece haber ordenado la tropa, aunque los liderazgos intermedios aparezcan deslucidos y las distintas tribus internas porfíen en el reacomodamiento. Las apariciones televisivas de “La Jefa” despejan las dudas sobre un eventual retiro. Cristina está jugando. Y duro. Se muestra como principal espada de oposición frontal al oficialismo y sus políticas de ajuste, ante la desazón de las oposiciones “amigables”. Al mismo tiempo, la foto con el ex candidato a presidente, y vicepresidente del PJ, Daniel Scioli señala que también tiene resto para contener aliados.

En paralelo, el gobierno nacional afronta su peor momento desde su asunción, sin que lleguen las inversiones, con caída fuerte de imagen, con alta inflación, con manifestaciones sectoriales diarias que plantean una coyuntura conflictiva permanente ante las decisiones restrictivas de derechos por parte del Poder Ejecutivo.

El reciente fallo de la Corte que frena con justicia el tarifazo del gas para los usuarios residenciales es un triunfo de la movilización ciudadana y aparece como una cachetada a las aspiraciones de gobernabilidad PRO que habían puesto toda la carne en la parrilla, moviendo la totalidad de los lobbies judiciales y mediáticos a fin de avalar la irracionalidad de ese aumento. Ante una fuerza política que supo rectificar políticas públicas cuando la resistencia popular acechaba, sorprende el grado de obcecación con que han abordado este tema desde el Presidente Macri hacia abajo. En lugar de barajar y dar de nuevo, amenazaron con el cierre de las empresas de Gas, con el corte en el servicio, con el recorte del gasto público y, hasta, con la hiperinflación, si la Corte fallaba como finalmente lo hizo.

Se abre un espacio de incertidumbre sobre el rumbo que tomará el gobierno, ante este escenario impreciso. Sería aconsejable que aflojen con el rumbo antipopular o, como gritó Hebe, que paren la mano. No parece ser ese el camino que tomará el gobierno de los ricos, como se lo ha denominado en las barriadas populares. La buena noticia es que Cristina está de vuelta, liderando a un pueblo que no quiere retroceder.*

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