HEBE Y NOSOTROS

Por Demián Konfino

Tartagal o General Mosconi contaron con su presencia en la primera línea de la pueblada, cuando la privatización de YPF. Los piquetes de Ruta 3 o los del sur del conurbano, la tuvieron como protagonista, cuando el hambre. El 20 de diciembre de 2001, jueves, Hebe de Bonafini puso el cuerpo, una vez más, bancando la parada y los palazos de la policía montada de un gobierno que, en ese instante, acababa su agonía.

Desde su doloroso despertar político. Desde que fue parida por sus hijos, siempre estuvo en el lugar correcto, junto a la gente que la pelea. Luchó por aparición con vida y, más tarde, por juicio y castigo. Pero fue más allá.
Quizás como nadie, Hebe ejerció con tenacidad el derecho de resistencia contra la opresión a lo largo de los aciagos años antipopulares. Ese derecho que se desprende de nuestra Constitución Nacional, en su artículo 36. Ese derecho que fuera enarbolado con brillantez por el joven abogado Fidel Castro, cuando defendió su alegato en el juicio por el ataque al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, aquella pieza que se conocería como “La Historia me absolverá”. Ese derecho de resistencia que fue desarrollado por pensadores de la talla de Santo Tomás de Aquino, Martín Lutero y Calvino. Las revoluciones americana y francesa se basaron jurídicamente en este derecho. Locke, Rousseau o Paine escribieron doctrina al respecto y las declaraciones independentistas recogieron el guante. Ese derecho ha sido el vector de la vida de Hebe hasta que apareció un gobierno que dejó de agredir al pueblo.

Hebe es pueblo. Siempre lo fue. Hebe también fungió como termómetro popular cuando su pueblo empezó, insólitamente, a sentirse representado por un gobierno. El del Flaco. Hebe, despejó sus prejuicios, gambeteó las críticas y se alineó con un proyecto de país que ahora se diagramaba en la Rosada.

Y eso parece haber sido lo que no le perdonaron. Porque, convengamos, puede que sea políticamente incorrecta en algunas declaraciones. Pero, vamos, ¿Quién está a la altura moral de su pañuelo blanco de mil batallas? Los que se escandalizan con algún improperio son los mismos que se han quedado en sus casas, horrorizados, cada vez que las viejas se jugaron el pellejo por una pizca de Patria.

Por eso, con Hebe no. Con Hebe no se les ocurra. Le debemos mucho. Mi generación, la de los treinta y pico, le debemos -en buena parte- el habernos amigado con la política, con la militancia, con el otro. Siempre estuvo ella para mostrarnos el camino, cuando las dudas asaltaban.

Hoy hay un Juez, un tal Marcelo Martínez de Giorgi, que firmó una orden de captura hacia Hebe. Hebe se negó a declarar como imputada por desvío de fondos públicos en el proyecto “Sueños compartidos”. Justo a Hebe la quieren meter en el barro de la mediocridad mercantilista y sus corruptelas. Justo a Hebe que nunca le interesó la guita. Justo a Hebe que se negó a recibir la abultada indemnización que el Estado le ofrecía a cambio de aceptar la muerte de sus hijos. Justo a Hebe que sigue viviendo en la misma casa de siempre. Justo a Hebe, el estandarte internacional de la lucha por los Derechos Humanos. Justo a Hebe.

Hebe consideró que debía resistir esa injusticia, ejerciendo su derecho de resistencia. Y los que le debemos mucho, la seguimos. “Traicionada la Constitución de la República y arrebatadas al pueblo todas sus prerrogativas, solo le quedaba ese derecho, que ninguna fuerza le puede quitar, el derecho de resistir a la opresión y a la injusticia.”. Lo dijo Fidel, allá lejos y hace tiempo. Lo podría haber gritado Hebe, esta tarde, en esa plaza conmovedora, rodeada de miles de compañeros que no toleramos este avasallamiento a la nación, esta provocación a la democracia.

Están envalentonados. Sacados. Tienen los bancos, los medios de comunicación y la llamada Justicia. Pero, retroceden cuando el pueblo se moviliza. La reacción espontánea de una multitud con dientes apretados frustró la intentona macrista.

Hebe nos despierta una vez más. Cerca de los 90 años, hay un faro añejo que se obstina en alumbrar la senda de la Justicia Social. Es una luz potente que no se apagará. Por más revanchistas que vengan a cobrarse la cuenta de su bravura. Porque hay una porción significativa de pueblo que ejerce el músculo de la rebelión inmediata, cuando se atreven a pasar la raya de lo admisible.

Con Hebe no.

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