Dimos ventaja

 

¿Sabés qué jugador hubiese sido si no tomaba drogas? Hubiese sido un jugador de la puta madre.

Diego Armando Maradona

 

El episodio “José López” se las ingenia para penetrar en el cuero curtido de lo miles de compañeros que dejamos el alma en el territorio o en la gestión, todos estos años. Muerde justo en el medio de le épica real que trazamos con nuestros propios cuerpos, para intentar una patria muy otra y lograrlo, aunque sea parcialmente. José López, su runfla caricaturesca, llega para perturbar mil verdades concebidas con el propio sudor de nuestras entrañas.

Porque fueron verdad los pibes con sus compus; las universidades del conurba; los laburantes con sus salarios dignos mejorando sus casas, comprando electrodomésticos, la moto o el auto, o yéndose de vacaciones; los viejos disfrutando de su jubilación; fueron verdad el nieto recuperado de Estela; el vuelo del Arsat desde las Guyanas.

Fueron verdad también los hospitales, las rutas, las viviendas y las escuelas. Todas nuevas. Por Miles. Los 40 millones pudimos comprobar que el esfuerzo cotidiano redundó -12 años seguidos- en prosperidad. Hubo que hacer política para alcanzar el progreso. Hubo que gestionar esa política. Muchos jóvenes compañeros sienten que han sido los mejores años que su vida experimentará y, sin embargo, aparece un José López, con su función enorme a escupirnos que el abrazo emocionado de cientos de miles en la plaza del 9 de diciembre fue un verso, un simulacro, una ingenuidad.

La memoria de nuestros cuerpos enfrenta una dura batalla contra la realidad mediatizada, contra la verdad construida como un guión de una comedia mal actuada. Son nuestros hombros los que se agotaron en cada inundación cavando zanjas, son nuestras piernas las que se entumecieron en cada marcha para conquistar derechos. Son nuestras sonrisas las que certificaron los días más felices.

El lazarobaismo, la aparición inverosímil de López, apuntan a los cimientos del proyecto popular. Necesitan que nosotros mismos nos demos por derrotados. Que asumamos nuestra inconducencia, que ratifiquemos la fatalidad de nuestra impúdica barbarie.

No le encontraron nada a Cristina. Ni a Máximo. No tienen nada de Axel, del Cuervo, de Mariano. Ni para chamuyar descubren algo de Sabatella, del chivo Rossi, de Juliana, de Taiana. Solo pueden decirle “bruto” a Moreno. Nunca les van a encontrar nada, por más que profanen tumbas o paseen topadoras por el desierto. Nuestros malditos son honestos y ellos lo saben. Más, saben que son patriotas. Pero se apuran a extendernos el acta de defunción. Y Nosotros, tras la eficacia del consumo repetitivo e infernal de imágenes producidas sin decoro, dudamos si respiramos o si el corazón nos dejó en banda.

Pero José López, como también se llamaba el brujo López Rega, se filtró en nuestro movimiento y ascendió. Nos ha ocurrido siempre y no aprendimos. El barro de la política viene a justificarlos. La realpolitik los presenta como necesidad. El posibilismo les franquea cualquier pórtico palaciego. Y hoy lamentamos muertos que no son nuestros, pero sí.

Una pregunta necesaria, releyendo El Flaco de José Pablo Feinmann, se impone: ¿Cuál es el límite de la dialéctica de las manos sucias y las manos limpias? O más crudo: ¿Dónde debemos dejar de tranzar con lo impuro?

Si el cúmulo de almas bellas no llegamos, todos juntos, a obtener todo el poder necesario para transformar la vida de nuestros semejantes, al menos debemos intentar la temeridad de aislar la canalla, de hacerla sentir incómoda. Que sientan nuestro desprecio los oportunistas antediluvianos, se vuelve una tarea impostergable. Porque si queremos volver, debemos ser mejores.

El kirchnerismo tuvo una audacia sin precedentes cercanos. Corrió por izquierda a la sociedad y se atrevió a correr los límites de lo intentable. La eficacia de sus logros redundó en alegrías tangibles en cada hogar argentino. Sin embargo, careció de esa bravura para relegar rufianes y arribistas. Pereció en la conformidad de saberse conducido por una mujer única que decidió trascender lo mundano para alojarse en la historia. Pero, dimos ventaja.

Resta una reflexión. Con el Diego, ¿Qué hubiese sido el kirchnerismo sin esta caterva de mediocres? Hoy seríamos gobierno y estaríamos ocupados en la gestión, continuando la titánica labor de hacer feliz a un pueblo.

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Una respuesta a Dimos ventaja

  1. Compartimos lo que consideramos una nota sincera, desde el mismo riñon popular que sostuvo al gobierno anterior. Voces que son válidas y deben ser escuchadas, también vienen desde abajo y sin ​mordazas ni tarifas. Que no abundan por cierto.

    Ante la preguna final: ​”¿Qué hubiese sido el kirchnerismo sin esta caterva de mediocres?” … -y de corruptos, jodedores, trepadores, traidores deberían también agregar-;
    bien, la respuesta que muchas gentes compañeras y luchadoras les darían sin lugar a dudas es que NO hubiera sido
    kirchnerismo, hubiese sido otra cosa y se habría llamado de otra manera.
    Fué lo que fué, ahora lo que está en veremos es que serán en adelante. De ustedes mismos dependerá y de nadie más.
    Pero de esa decisión próxima también dependerá en buena medida el futuro de todo un pueblo que seguirá encontrándose en la lucha.

    Jorge
    redlatinasinfronteras@yahoo.es

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