Ser como Braña

Empezó muy abajo. Con su historia conurbana, como la de tantos que pelean la cotidiana. Llegó, llevando en su botinera el legado de los cientos de pibes que perecen en el camino. Los que no les da la nafta. Los que se topan con un cancerbero ignoto y cruel. Los que abandonan al comprobar la injusticia del acomodo, que los deja afuera. Llegó con el hambre del potrero. Llegó a primera en plena década del noventa, la de la desesperanza y el fatalismo. La del desempleo y las ollas populares. Llegó con la nostalgia de días más felices. Pero guardó, entre sus botines Adidas negros, la secreta redención de los suyos.

Su trayectoria fue notable. Desde un club del ascenso alcanzó las juveniles con la celeste y blanca y, pronto, lo pispearon de Europa. Fue y volvió. Siguió batallando entre derrotas y lodazales para llevar a su equipo a primera división, sitio esquivo y anhelado durante años. Cinco finales, una semi y algún subcampeonato tuvo que transpirar, llorar y seguir. Finalmente, bandera de lucha, fue esencial para la vuelta a primera. Entonces, se vistió de emblema de la primera campaña en la A. Aquélla del equipo socialista, como lo definiera su técnico. Aquélla de los sesenta puntos que depositó al cuadro de su infancia en la Copa Libertadores.

Su pase cotizó alto y fue a jugar a un equipo importante que, al cabo de un tiempo, peleó el campeonato y lo ganó. Un cuadro con mística copera que se alzó con la Libertadores y estuvo a un puñado de minutos de batir al Barcelona de Messi en la final del mundo. Su enjundia fue corazón de esas hazañas. Su nombre sonaba para los grandes clubes y él prefería la sombra a los flashes y la carestía de los verbos para evitar excesos y demasías.

Llegó a la selección mayor y fue justicia. La revancha de los ninguneados gladiadores del ascenso. La de los pibes de barrio que sueñan y porfían. El pibe de Berazategui, esa ciudad invisble, sinónimo de baño para los hijos de los ricos, ya maduro llegó a vestir la celeste y blanca y estuvo a las puertas de jugar un mundial.

Pero decidió volver al club de sus amores, el viejo y querido Quilmes, a pelear el descenso. A discurrir algún batacazo entre empates y derrotas. Su vidriera se empañó y el entorno no lo ayudó a jugar el campeonato mundial, pero dejó a su equipo en primera. Y, a pesar de millonarias ofertas internacionales que abrocharan su futuro económico, optó por quedarse.

Se supo alma los blancos, tal vez desde que el Máquina Giampietri, estrella histórica de la espumita, le ordenó a su técnico de inferiores “Profe, salgo yo, entra Chapu.”. Quizá, desde el gol agónico con tres dedos a Platense. O cuando, si bien algo rústico, le tiraban la 10 y la responsabilidad de ser el virtuoso, el enganche. O cuando volvió porque lo necesitaban.

El club lo necesitaba y su hinchada lo entronizó. A partir de allí, la tribuna “Indio Gómez” lo vitoreaba lindo en cada partido de local y eso le daba calorcito en la soledad de un proyecto que no avanzaba. Volvió a dejar a su equipo en primera y pintaba para irse, ahora sí. Pero no, era capitán y referencia absoluta para sus compañeros. No podía dejarlos en banda. Ante un club arrasado, ese argentinismo tan literario afloró en sus entrañas: Había que bancar la parada. En las buenas, pero en las malas mucho más. Había que aguantar y aguantó. Como un faro.

La nueva coyuntura deparó una deuda de cinco meses de sueldo al plantel. Decidieron no concentrar más, antes de cada partido. Nadie reprochó la medida de fuerza. Él encabezó los reclamos salariales de sus compañeros. Él puso la cara, el lomo y la palabra. Afloraron rudimento de un sindicalista combativo de pantalones cortos. En la cancha, conmovió a cada partido, siempre con el número “18” en su espalda y la tarjeta amarilla de cada cotejo. Aseguró la permanencia de su viejo y querido Quilmes en primera por quinta campaña consecutiva, una meta deseada por varias generaciones cerveceras que soportaron estoicas el clásico y verosímil: “Suben y bajan, suben y bajan, parecen ascensor”.

Y, de pronto, con 37 años y un estado físico impecable lo vino a buscar Boca. La frutilla del postre a su gloriosa carrera. Terminaría su epopeya jugando la Copa Libertadores con el club más grande de la Argentina y, tal vez, ganándola. Pero no. Se apuró a declarar en la radio local que no. Que de Quilmes no se iba. Que iba a terminar el torneo y su contrato. Que se lo debía a sus compañeros, a los hinchas y a su gente. Esa fue su responsabilidad y su corazón.

Y nosotros, hinchas del decano del fútbol argentino, este club incómodo para la vulgata, que no tiene clásico, que le canta a los grandes, que fue increíblemente campeón, alguna vez, nosotros lloramos y nos abrazamos.

Como sacado de un cuento de Sacheri, Chapu Braña vino a ratificar en plena desbandada posmoderna aquello de Cacho El Kadri, que ganaremos cada vez que algún joven sepa que no todo se compra ni se vende. Chapu Braña nos regaló nuestro campeonato, el de los que no traicionan, el de los que se abrazan por el abrazo mismo, el de los que renuncian a los honores pero no a la lucha para alojarse en ese lugar sinuoso llamado Corazón del Pueblo.

Hace poco declaró que creía que ningún pibe iba a decir, alguna vez, “Quiero jugar como Braña”. Yo creo que esta errado el Chapu. Por lo menos en Quilmes y en Estudiantes cientos de pibes van a querer jugar de cinco, como Braña.

Pero de lo que sí estoy convencido es que habrá miles de pibes que algún día digan: “Quiero ser como Braña”, lo cual es mucho más importante. Porque la vida, como el fútbol, se mide en lo que dejamos, en nuestra memoria futura, en la capacidad de trascender, en lo que legamos, finalmente. Y Chapu Braña, más que el nombre de la tribuna preferencial que hará justicia, es el nombre de lo mejor que podemos ser: Buena gente.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Quilmes. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Ser como Braña

  1. Checho dijo:

    Estoy llorando cómo un bebé en el colectivo. Gracias

  2. Justo German dijo:

    Arranco el dia en la oficina emocionado!! Gracias por tanto chapu, perdón por tan poco!!!!!

  3. Roberto torres dijo:

    El otro día en Facebook lei a un pibito de quizás casi 20 poner algo que entre el barrio se decía pesetero y la verdad que daban ganas de darle una buena clase de historia para después si opinar de nuestros ídolos.
    Voy a hacer algo más inteligente, le voy a pegar el link para que lea tu artículo.
    Gracias, porque entre el fondo es lo que sentimos aquellos que lo vimos jugar de pibe, más siendo cat.78 como el chapu y lo vimos jugar desde su debut.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s