La estafa y el paraíso

La tiene complicada el Presidente. La vorágine de los hechos de la última semana invita a su repaso en contexto y a un puñado de reflexiones que sustentan esta afirmación. Veamos.

Tras el ajuste, los despidos y el tarifazo, hace unos días la Universidad Católica Argentina (UCA) informó que hay más de un millón cuatrocientos mil nuevos pobres en lo que va del año y, sugestivamente, Clarín y La Nación cubrieron la noticia en el principal título de tapa. Ante la mala nueva para el Poder Ejecutivo, el Partido Judicial intentó salir en su auxilio y apresó al ex Secretario de Transporte Ricardo Jaime. Sin embargo, al día siguiente, estalló el escándalo mundial de los “Panamá Papers”, y le descubrieron una sociedad en un paraíso fiscal al jefe de Estado.

Mauricio Macri, y el gobierno en bloque, postularon una explicación sobre esa cuenta que ni siquiera compraron sus propias espadas mediáticas. Sin oxígeno aún, se le descubrió otra sociedad con nombre de película japonesa redondeando un consorcio de sociedades Off Shoreen las que están involucrados buena parte de la cúpula del PRO. Ante lo evidente, sus socios de Cambiemos ensayaron cabriolas discursivas para ningunear un hecho que en Islandia hizo renunciar al primer ministro y en el resto del mundo ocupó y ocupa las primeras planas de los diarios y los noticieros de TV.

Con el correr de las horas, el Partido Judicial le alcanzó otro salvavidas, montando un showpara la patria zocalera, con la detención de Lázaro Baéz. Los grandes medios volvieron a correr el eje y reincidieron en alumbrar la corrupción K, como el grave problema de los argentinos. Un sector ultra del oficialismo festejó y se regodeó con el fin de la impunidad. Así, se sacudieron, con premura, la incomodidad de justificar el pudor panameño para volver a la fiesta de la revancha que vinieron a cobrarse.

Y, sin embargo, ya no están tan gozosos. Hay una mancha que se vislumbra, sin necesidad de asomarse. Es un lastre que inaugura una etapa de exégesis del disparate, de negar el sol bajo el pretexto de una nube días ha.

La trama de las sociedades constituidas en países de baja o nula tributación puede disparar consecuencias legales. Ya transcurren sus primeros pasos tras la denuncia del Diputado del Frente Para la Victoria (FPV) Norman Martínez y la imputación del Fiscal Federal Federico Delgado a Mauricio Macri. El fuero penal se activó por presunta “omisión maliciosa” y se agazapa frente a la posibilidad de estar ante “lavado de activos”. En esta línea corre otra denuncia, presentada por los prestigiosos abogados Eduardo Barcesat y Arístides Corti, cuya suerte aún es prematura. Inclusive. La denominada Justicia argentina ya se está haciendo eco de este escándalo mundial, y se dispone a investigar y, eventualmente, juzgar a nuestros compatriotas involucrados.

La causa que quedó radicada en el Juzgado del Dr. Sebastián Casanello, devolvió el estrépito a las primeras páginas de los informativos, cuando comenzaban a distraerse. Ahora sí, el Presidente tuvo que salir apremiado, mediando laconismo y grados llamativos de torpeza, a negar su responsabilidad ante la evidencia del descubrimiento y su eco judicial.

Con el paso de los días, comprobaremos si el daño a la fuerza gobernante tendrá las consecuencias legales que, a priori, ameritan. Pero hay un eje del programa hegemónico que gobierna el momento actual de la sociedad que empieza a entrar en crísis.

Los recortes, la devaluación, la escalada inflacionaria, los despidos, la desregulación y los aumentos astronómicos de tarifas asentaron su andamio sobre los pliegues de un relato que encomió los esfuerzos oficiales en la lucha contra la corrupción y, sus causas, el despilfarro y el populismo. Y, entonces, de súbito, un adjetivo cuya semántica se asocia inmediatamente a las epopeyas mediáticas que libra en soledad el paladín de la república, Elisa Carrió, vino a enlodar la figura del Presidente. Off Shore, ahora es una sociedad de Macri. No una sola. Varias. Y no solo de Macri.

Víctimas justificando a sus verdugos, lograron excusar los aumentos de tarifas mientras se eliminaba las retenciones al agro o la minería. Un sector amplio de la población, habitante de centros urbanos, consumidor de los grandes medios de comunicación, compró la teoría de la grieta sin repreguntas. Todo funcionó, mientras esta redistribución de la riqueza al revés se apoyó sobre un relato que se arropó en las formas, ocultando las razones de fondo.

El problema es que este discurso, que permite matices dentro del esquema madre de neoliberalismo sin corrpución y que descarta las voces en el foro que lo cuestionan, no puede explicar sin rubor la constitución de sociedades comerciales en guaridas fiscales por parte del Presidente.

Por más detenciones K televisadas, el ciudadano telespectador, aquel que no está hiper ideologizado, sabe que el que tiene una sociedad en Bahamas es chanta. Tiene algo que esconder. Por más maquillaje empresarial, por más jerga de negocios corporativos y lenguaje que viene a querer dificultar la comprensión, la gente de a pie conoce que las sociedades Off Shore son turbias. U opacas, como se escribe ahora en el mundo.

El Presidente de la transparencia está sucio. Y este detalle, más que un tema de higiene, se mete de lleno en lo que la academia conoce como “legitimidad” en el ejercicio del poder. Los fundamentos para achicar el Estado, empiezan a ser socavados por la fuerza de los hechos. Una hendija se cuela sobre la sosegada cabalgata de Cambiemos. Este verbo de la primera persona del plural se advierte como una potencial estafa.

Es probable que los poderes judicial y mediático arremetan contra la “pesada” herencia y le den aire al proyecto restaurador. Mas, un ariete de su éxito fue alterado en estos días de otoño. Algunas máscaras se caen, como las hojas de los árboles. Otras, hay que hacerlas caer. Esa también es parte de la batalla cultural que debe emprender la militancia del campo popular en esta hora.

Con creatividad, con nuevas maneras, con la brújula en la advertencia sobre la mentira a los desprevenidos, que los hay. Y muchos. Con la certeza moral y política que días más felices fueron palpables en cada hogar argentino. Y eso es contundente. Debemos acertar a correr el velo de la confusión y el embauque. Entre paraísos fiscales y ajustes otoñales pueden escurrirse verdades que laceran los pilares de una estructura de poder que no se sostiene a la intemperie, desnuda.

En la conversación entre los hechos que se ocultan y los que se descubren, hay espacio para las grandes mayorías que sufren las consecuencias. Ahí, puede ingresar la latencia del descontento popular con el proyecto conservador. Una puerta se abrió. Ingresemos.

La estafa y el paraíso

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