Esta es mi villa

Teófilo Tapia, uno de los pioneros de la 31

 

POR: Tomás Eliaschev

http://m.veintitres.com.ar/article/details/45086/esta-es-mi-villa

Llegó desde Jujuy en 1963 y es uno de los 33 que resistió las topadoras de la dictadura. Un libro cuenta su historia, de los comedores populares en los ’90 a la lucha por la urbanización.

14/10/2015 – 21:57

Por Tomás Eliaschev

La Villa 31 es emblemática. Es el subsuelo de la patria a unos escasos metros del barrio más aristocrático de la ciudad. Es un recuerdo permanente de las desigualdades estructurales entre los que más tienen y los que nada tienen para perder. A su vez, es símbolo del compromiso por los más humildes, corporizado en la persona del padre Carlos Mugica. Y sigue siendo motivo de indignación para quienes creen que el problema de la miseria se resuelve con topadoras y desalojos, los vecinos “bien” que ponen el grito en el cielo cuando las construcciones de varios pisos emergen irreverentes por arriba de la autopista, a los costados de la terminal de ómnibus o de las vías del tren. Los militares quisieron erradicarla, correr a las familias a la fuerza. Casi lo consiguen, pero no lo lograron. El menemismo volvió a insistir, pero tampoco pudieron. Y el actual Gobierno de la Ciudad sigue frenando la urbanización, pese a que ya hace seis años la ley 3.343 ordenó la radicación definitiva y construcción de viviendas.

La pelea de los vecinos de Retiro por lograr una vivienda digna en el lugar donde ahora viven es una historia que merecía ser contada. Así lo hizo el militante y escritor Demian Konfino, que publicó un libro donde se cuentan las más de ocho décadas de historia de este emblemático barrio a través de uno de sus vecinos más ilustres. Se trata de Patria Villera, Villa 31 y Teófilo Tapia: historia de una lucha (Ciccus), una obra fundamental para conocer de cerca la vida y los anhelos de los pobladores de la villa más conocida de la Argentina.

Tapia, de 73 años, a quien apodan Jhony, llegó a la Villa 31 en 1963. Este año fue nombrado Ciudadano Ilustre por la Legislatura porteña. Es referente de la Mesa de Urbanización y del comedor comunitario Padre Mugica, ubicado en el barrio YPF, el más portuario de los diez barrios que componen la Villa 31 y la Villa 31 bis, donde viven –se calcula– 50 mil habitantes. Junto a Konfino, recibió a Veintitrés para hablar del libro y de la lucha por la urbanización. “Es un reconocimiento a los que conseguimos reconstruir la Villa 31, que el gobierno militar había intentando destruir. Quedamos 33 familias y pudimos volver a reconstruir el barrio. Ahora, el gobierno de Macri se opone a que se construyan viviendas sociales. Nosotros somos los continuadores de los que dieron la vida luchando por la urbanización y la radicación definitiva, por el derecho a vivir en un barrio digno. Vamos a seguir luchando hasta que la Villa 31 sea integrada a la ciudad, que sea un barrio más, un barrio de trabajadores. Y que se lo nombre Barrio Carlos Mugica”, responde Tapia con humildad cuando se le pregunta cómo tomó que escriban un libro sobre su vida. “Estas tierras son muy codiciadas, son las más caras de la república. Nos tocó vivir acá. No tenemos la culpa. Las políticas de los gobiernos nos trajeron. Yo nací en Jujuy, que es lindo, tiene sus paisajes, está rodeado de los cerros, el aire es más puro. Pero acá están los trabajos, la posibilidad de estudiar. Queremos que nos reconozcan como barrio, que no nos quieran sacar, que reconozcan que pertenecemos a la ciudad”, plantea el dirigente, que conoció al padre Mugica y fue uno de los artífices de la resistencia contra los planes erradicadores de la dictadura.

Konfino, abogado e integrante del Observatorio de Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos Aires, cuenta por qué decidió escribir el libro. “Me choca mucho el tratamiento mediático que se hace de las villas. Milito en la villa de Retiro hace diez años. Pude comprobar que es muy diferente a lo que siempre nos contaban con esos mitos negativos, que muestran al villero como pendenciero y a la villa como aguantadero. Estamos en un territorio que tiene 80 años de vida, con momentos de altísimo vuelo político y un intercambio cultural impresionante, aspectos que están invisibilizados por los medios, que sólo muestran lo que sucede con la delincuencia. La TV y sus tanques cinematográficos insisten en señalar a las villas como culpables de los males de la ciudad y de los cosas que padece el ciudadano del centro. ¿Cuántas veces se escucha ‘a esos habría que prenderlos fuego’?”, se indigna el militante. Y explica por qué se centró en la figura de Tapia. “Es un hombre común que vino a Buenos Aires a progresar y se involucró en la historia de un movimiento villero peronista que luchaba por una Argentina diferente. Tapia es un continuador, tomó la posta de ese tiempo, con la mística y la justicia de una causa, que es vivir con vivienda digna en el lugar donde se reside y la trae a nuestros días. Con sus más de 70 años y la pierna lastimada, sigue caminando por la urbanización. En los ’90 paró la olla cuando vino el hambre y la desocupación, organizando ollas populares. Es un vecino que se comprometió con la historia de su pueblo y decidió continuar la lucha hasta lograr el objetivo. La historia de Tapia es una paradoja: lo nombran ciudadano ilustre pero no le reconocen el derecho a vivir en la ciudad”.

El referente villero no tiene dudas: “Nos quieren tapar con las ‘alfombras verdes’ en la autopista”, dice en referencia a la iniciativa del gobierno porteño de colocar una malla de cables de acero cubierta de verde que tapa el espacio entre ambos carriles de la autopista. “El Pro quiere que la Capital sea una ciudad vidriera. Que los trabajadores vivan más allá del conurbano y vengan en colectivos a trabajar, ya sean amas de casas con un sueldo miserable, o los obreros de la construcción, y les paguen lo que ellos quieran y no lo que corresponde. Que esta sea una ciudad sólo de capitalistas, de gente pudiente, y los trabajadores estemos lejos. Esa fue la idea del intendente de la dictadura, Osvaldo Cacciatore. Macri no puede usar las mismas topadoras porque cambió la situación: ahora estamos en democracia

El Pro puso el freno

El reclamo de los vecinos cobra renovada actualidad ante el freno que el 5 de octubre pasado –el Día Mundial del Hábitat, para más datos– pusieron los legisladores del Pro, en la Comisión de Vivienda, al dictamen que promovían los bloques opositores, así como por el proyecto de hacer pasar la Autopista Ribereña bajo tierra por esos mismos terrenos. “Los legisladores del Pro dicen que no van a firmar el dictamen para que se avance con la urbanización, que tienen órdenes del Ejecutivo porteño de no firmar nada. Lo único que hizo el macrismo fue pintar algunas casas y poner unos adoquines que tenían tirados por ahí. Es maquillaje y encima ni siquiera sabemos cuánto se está gastando. Deben pensar ‘total los negros no entienden nada’. Pero de la urbanización, nada”, denuncia Tapia.

Konfino suma un dato: “La Corporación Puerto Madero le encargó al arquitecto Javier Fernández Castro, el mismo que hizo el proyecto de urbanización, un estudio para hacer la autopista ribereña respetando la Villa 31: va a pasar a 20 metros de profundidad bajo tierra. Hay vecinos que viven debajo de la Autopista Illia que van a tener que se relocalizados en la misma villa. Va a estar financiado por el Estado porteño y el nacional: esa es una novedad”. Tapia agrega que “no vaya a ser cosa que construyan la autopista y no pase nada con la urbanización. Vamos a cavar túneles y le haremos piquete ahí abajo hasta que cumplan con el acuerdo: tienen que construirse las viviendas”.

Konfino refuerza el reclamo: “La falta de urbanización mata. El otro día se murió un matrimonio en un incendio, dejando a cinco chicos huérfanos. Los bomberos no podían pasar y la ambulancia llegó una hora tarde. Además, los grupos mafiosos se aprovechan de la ausencia de calles e iluminación, amparándose en el 99 por ciento de los vecinos que son trabajadores. En los últimos tiempos hubo varios homicidios fruto de la impunidad con la que se manejan los mafiosos”. Y Tapia suma otro argumento: “Macri llegó a decir que iba a erradicar la Villa 31 porque crea la inseguridad de los vecinos de Palermo Chico. Nos quieren enfrentar con los vecinos de la avenida Libertador. Pero hay vecinos que vienen de ahí y tienen otra actitud, vienen a la villa a dar apoyo escolar, hacen actividades los domingos con los chicos… Macri busca la continuación de Puerto Madero. Viviendo nosotros acá, no va a sacar la plata que sacaría de esa manera porque acá se va a pagar una tarifa social. Y él sólo quiere sacar rédito económico. Nos da bronca, porque hace campaña en las provincias diciendo que va a urbanizar las villas. ¡Que empiece por el lugar donde ya gobierna! Ojalá algún día nos integren a la ciudad: queremos poder trabajar unidos con los vecinos de la avenida Libertador y tomar mate juntos”.

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