Cautelar histórica: Documento de la Resistencia

Por primera vez, un medio de comunicación accede a la sentencia que prohibió los desalojos en las villas de la capital en plena dictadura cívico- militar.

Era el año 79. La larga noche argentina estaba instalada y era Poder. La mayor cantidad de aberraciones ya habían ocurrido, sin embargo no había indicios de un alba democratizante, aún. Faltaban años, todavía, para que un borracho general y un periodista ideólogo conversaran por televisión y acordaran que las urnas estaban bien guardadas. Era el año 79 y en la Ciudad de Buenos Aires, además de los zurdos, molestaban los pobres.

Antes, en el año 77, el entonces intendente municipal, brigadier Osvaldo Cacciatore, había dictado una ordenanza que tenía por fin “dar solución integral al problema de las llamadas “villas de emergencia”, eufemismo que no explicaba todavía lo que Guillermo del Cioppo, titular de la Comisión Municipal de la Vivienda (CMV), organismo encargado de la ejecución de la ordenanza, declararía a la prensa 5 años después: Por ahora hay que crear una frontera en la General Paz.

La “norma” municipal fue conocida por su número, el 33.652/77, y disponía los pasos técnicos a seguir para llegar, de modo gradual, a la solución final: cero villeros. No era un concepto creativo, pues ya Onganía lo había estipulado. Los 3 pasos básicos se resumían en 3 verbos de significantes espurios: congelar, desalentar, erradicar. Muchos años después un Jefe de Gobierno electo por el voto popular, el Ingeniero Mauricio Macri recogería este mismo diseño en su campaña electoral y no dudaría en reconocer al brigadier Cacciatore como el último intendente que planificó la ciudad.

Sin embargo, a menos de 2 kilómetros de la Casa de Gobierno usurpada, alrededor de 40 familias se quedaron en la villa de Retiro, resistiendo, aguantando. Tras las topadoras, los traslados compulsivos, las arbitrariedades y la muerte un grupo de vecinos empezó a imaginar caminos para rescatar la Historia y sus derechos. Empezaron, pausadamente, a juntarse en la capilla Cristo Obrero, la misma que había levantado el Padre Mugica y ahora se encontraba a cargo de José María Meisegeier, el Padre Pichi. Iban a misa y entre amenes y sermones planteaban búsquedas, proponían soluciones.

De ese modo surgió la conformación de la Comisión de Demandantes. Vecinos como Teófilo Tapia y Efraín Medina Arispe, junto al empuje del padre Pichi, buscaron la manera de aprovechar los jirones de legalidad, que se autorregulaba la dictadura, para hacer valer sus derechos, interponiendo una medida cautelar. Fue la misma fórmula que utilizaron los familiares de desaparecidos que lograron interponer acciones de hábeas corpus, ante la desaparición de personas. Basta pensar en los escasos valientes abogados que se atrevieron a patrocinar a familiares de desaparecidos en esos recursos, para entender la magnitud de la osadía que se proponían estos ninguneados de siempre en pleno año 79.

En primera instancia -como era de prever- tuvieron el revés del Juzgado Civil Nº 17, pero los abogados apelaron y el expediente caratulado “Soria, Ascención y otros contra la Municipalidad de Buenos Aires s/cumplimiento de Ordenanza”  fue elevado a la Sala “C” de la Cámara Civil de la Nación.

Para sorpresa de los vecinos y sus abogados, con fecha 27 de noviembre de 1979, los jueces Jorge Alterini, Santos Cifuentes y Agustín Durañona y Vedia firmaron la sentencia que definitivamente frenó la erradicación de la villa de Retiro, resolviendo decretar “… la prohibición de innovar en la situación de hecho y de derecho de los actores con respecto a las viviendas que se denuncian en el escrito inicial, prohibiéndose la demolición de las casas denunciadas…”. Además ordenaron notificar el fallo “… a la persona del señor intendente municipal…” (minúsculas en el original) Osvaldo Cacciatore.

La sentencia, escrita en una temblorosa tipografía de máquina de escribir, o de época, fue el precedente que sentó las bases para que, en los otros juicios abiertos con el fin de frenar la erradicación del resto de las villas de la Capital, se lograra el cometido.

Aquí se reproduce parte de la primera carilla de la histórica cautelar. Para más detalles de la misma ver la nota escrita por Demian Konfino en la sección “Crónicas villeras” de la Revista Sudestada del mes de Julio 2013.

Cautelar villera

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