Apuntes sobre los hermanos Silva

“Mauricio  su hermano mayor, hoy
desaparecido en la Argentina, siguió los pasos de Jesús que aún siendo menor,
entró al Seminario Salesiano antes que él. Luego los dos pasarán al Clero
Diocesano. Ambos eran muy exigentes consigo mismo, leían mucho y les
caracterizaba una vida interior muy profunda. Con la enfermedad de su madre,
dejaron la congregación con el fin de ayudarla económicamente, superada esta
situación familiar volvieron a su amor primero, la consagración religiosa en
una comunidad. En esa época ya pasado el Concilio Vaticano II, conocen la
Comunidad de los Hnitos. del Evangelio de la espiritualidad del hoy, Beato
Charles de Foucauld, de sacerdotes obreros. Pasan entonces a integrar esta
comunidad, Mauricio vivirá como barrendero en la ciudad de Buenos Aires, donde
lo desaparecen y Jesús partirá a Caracas – Venezuela… Con Elena, una mujer venezolana
consagrada, emprendió la quijotada de acoger chicos con situaciones familiares
difíciles y les ofrecieron un hogar. Jesús trabajaba en una fábrica y Elena,
que estudió Filosofía se desempeñaba en tareas docentes, como educadora
informal.  Hoy los “muchachos” conducen su propia vida, unos casados,
otros solteros, supieron ser dignos hijos de un “padre” en todo lo que ello
significa y sus enseñanzas están grabadas y vividas en ellos.”*

En cuanto a Mauricio Silva, la página  http://www.carlosdefoucauld.org/Biografias/Mauricio-Silva/Mauricio-Silva-2.htm indica que “… Su primera experiencia de Fraternidad la realizó en Rosario -1972- Allí trabajó entre los clasificadores de basura. La experiencia lo fortaleció en su decisión de vivir el evangelio en ese medio. Posteriormente el grupo se deshace y decidió integrarse en una comunidad de Fortín Olmos, en una zona del monte, cercana a Reconquista, en la Provincia de Santa Fe. Fue el responsable de una camioneta comunitaria perteneciente al sindicato de los hacheros de la región. A mediados de 1973 va a Buenos Aires para concretar su sueño de vivir el Evangelio entre los barrenderos. Eran muchos y nadie los ayudaba espiritualmente. También le permitía conocer y ayudar a los vecinos donde realizaba la limpieza.

Instaló la Fraternidad  en  un conventillo en la calle Malabia 1450. Era muy precaria, pero  Mauricio  la tenía abierta siempre, para recibir y escuchar a quien lo necesitara, con mate caliente y pan en la mesa.

Ingresó como barrendero en la Municipalidad. Fue nombrado el 13 de diciembre de 1973. Lo festejó como el mayor galardón recibido: el de obrero para vivir, como Jesús entre, el pueblo. Trabajó en el corralón de Villas, en Varela 555. Le asignaron la limpieza de la calle Sánchez, de Juan B. Justo a Alvarez Jonte, del barrio de Villa Devoto. Se dedicó, desde el inicio, a la justa lucha de los barrenderos por mantener su estatuto de empleados municipales.

En el período de la dictadura militar, conocía el peligro que corría su vida pues la represión había actuado bárbaramente con otros hermanos de la Fraternidad, con otros religiosos y laicos con opciones de vida similares y con sindicalistas y obreros Municipales, entre otros muchos. Sus amigos le pedían que se fuera del país. No quiso, porque hubiera sido un privilegio mientras sus compañeros sufrían y caían. En una de sus últimas cartas contaba cómo iba preparando su ánimo para enfrentar la tortura y la soledad de la prisión, que era lo que más temía, cuentan sus amigos. El 14 de junio de 1977, mientras barría la calle lo hicieron subir a un auto y nunca se supo fehacientemente sobre su paradero, a pesar de los pedidos a todas las autoridades: militares, políticas, y  religiosas.

Para recordar en Mauricio a todos los barrenderos el Diputado Luís Ignacio García Conde redactó un proyecto de Ley que establece el 14 de junio como “Día del Barrendero”, por ser quizás el oficio “en el que mejor se realiza el vínculo entre el esfuerzo del hombre con la comunidad a la que sirve”, afirmó el Legislador. También tiene el sentido de compromiso con la memoria, desde un contexto Histórico, donde la vida de las personas que defendían a las clases trabajadoras, que mantenían sus convicciones sociales y políticas eran consideradas peligrosas y padecían el martirio con la aplicación de la política del terrorismo del Estado, en la Argentina, en el Uruguay , como en los demás países donde se aplicó el Plan Cóndor.

La Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionó  el proyecto de Ley el 29 de abril de 2003, como la Ley 1032.”

* El presente fragmento fue enviado por la compañera Elena González

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