Un amor invisible

Las historias de amor siempre son un gancho casi infalible siempre y cuando haya un pluma que sepa llevar a buen puerto los acontecimientos de la novela. En “Villa 31, Historia de un amor invisible” (Editorial Punto de Encuentro), Demian Konfino se encargó de ubicar un amor en un contexto por demás difícil, la villa 31. Allí, se conocen él y ella. Juana, una mujer de Jujuy, expulsada de su provincia por el neoliberalismo menemista que le cerró su fuente de trabajo y Marcos, un ex combatiente de Tupac Amarú.

A través de una narrativa particular, donde la parte poética se combina con una realidad ominosa, Konfino busca derribar mitos y prejuicios. Por eso, es enriquecedora su lectura. Porque exige una apertura mental para atravesar el texto. La historia de amor trasciende a los personajes para dar cuenta de la historia de la villa. Pero esta historia será a través de las personas, los seres que la habitan. Lejos de frías estadísticas y visiones criminalizadoras de la pobreza. La forma en que Konfino describe a la villa la ubica en un lugar de mayor realidad, lejos de la espectacularidad mal concebida por los noticieros.

Allí es donde Juana y Marcos viven, se conocen y desarrollan un amor adulto, actual, exacto para el contexto en el que viven. Con una realidad donde los príncipes azules no son buscados sino que son solo el color mencionado y con una gorra que los distingue.

A través de un lenguaje ameno y cálido, se dibujan personajes entrañables y reales, donde también hay momentos de dudas, con un contexto duro donde hay que ser fuerte pero sin resignar su propia identidad. De esta manera, a través de Juana y Marcos se accede a un mundo desconocido para muchos, pero que no se corresponde con una realidad palpable día a día. La descripción que se realiza de las festividades y los lugares son absolutamente reales, con actividades que se desarrollan día a día, haciendo de la villa una ciudad paralela a la gran urbe. Konfino visibiliza lo que muchos quieren no ver, invisibilizar lo que no es “como uno”, ese otro hostil al que se estigmatiza por el solo hecho que “lo dicen los medios”.

Con la inspiración de personas reales pero con detalles ficcionalizados de sus personas, Demian Konfino abrió la puerta de la Villa 31 para que sea conocida con los ojos de quien la transita semanalmente, casi a diario. Eso si, a través de una historia de amor porque ¿a quien no le gustan las historias de amor si, encima, tienen momentos de acción y suspenso?*

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