Napalpí, memoria y lucha

San Pedro, ciudad de campo pujante. Sus calles céntricas relatan una ciudad pudiente. Todavía resuenan los ecos de la furia desabastecedora. También -y sobre todo- es Río. Es Boga y Dorado. Son los peones y esa barriada obrera dejada atrás por mis pasos para llegar a la Cooperativa Las Canaletas. Allí conmemoramos los 86 años de la masacre de Napalpí (Chaco).

La comunidad Qom de esa ciudad organizó el evento.

La escenografía pintaba negro al fondo, donde este autor imaginaba río. Quizás era
la gripa que lo mañataba. Quizás. Más próximo al punto de foco, un rotundo fogón
narraba uno de los 4 elementos.

En frío quebradizo del hosco tinglado un escenario de madera presentaba a la cacique Clara, dando la bienvenida. Arengando. Vivando.

Napalpí fue una masacre. Sí. Cientos de indígenas qom y mocovíes asesinados. La historia nos escamotea esta información, que -sin embargo- se empaca en el dolor de la memoria de sus naciones víctimas.

El Presidente era el refinado Alvear. Radical y antipueblo. El gobernador del Chaco, Fernando Centeno dio la orden. Los burocrátas cumplidores de mandas, vestidos con verdes insignias, procedieron.

Al chamán mocoví Pedro Maidana le cortaron los testículos y los exhibieron cual escarmiento público. El castigo no llegó a eclipsar en el Manual Santillana de 5° grado al
tormentoso asesinato del Libertador Tupac Amaru, en cuanto aterrador y
perdurable en su lección.

Cuando Tuve que presentar Tupacamaria, todo esto había alterado -con aviso- cualquier hoja de ruta, apunte o garabato de exposición. Algo tenía claro: el dolor no debe paralizar. Siempre habrá un fueguito que imite un paso de baile.

Intenté, entonces, resaltar la lucha de aquellos que perecieron en Napalpí: los que entraron en huelga por la libertad de los presos políticos, reclamando la entrega de 2 vacas y 1000 kg. de galletas, peticionando libertad para comerciar, gritando la reapertura de la
escuela. Reclamos, todos, que siguen siendo bandera de luchadores sociales del
hoy.

Contra la crueldad, la lucha. El recuerdo de no rendirse ante la
desesperanza. La evocación de militar contra la impotencia.
Quebrar la pretensa dialéctica rebeldía- masacre, es uno de los desafíos, acoté
probablemente con otros términos. Sobran ejemplos de pueblos hermanos
victoriosos en el mismo sendero, enaltecí y subrayé: Ahí anda Cuba. Por entre
montañas en el Sur de Mexico vive un Movimiento Indigena que está al amparo de
la mejor memoria futura de esa gloriosa nación: El zapatismo.

Nicaragua nos guiña un ojo.

Sudamérica hace bulla contra el neoliberalismo.

Yo acabé antes que la danza me echara.

Agradecí por dejarme ser parte de esa profundidad histórica y espiritual.

Napalpí, en presente, sigue tronando como impunidad y racismo.

Está llegando la hora que se grite Napalpí cuando se quiera decir igualdad. Que se redacte en un cuaderno tapa dura cuando se quiera enunciar justicia social.
Para esto luchamos, disfrutando el camino para alcanzar la meta con la energía que irradian nuestros pueblos originarios.*

* Palabras escritas hace 2 años por Demian Konfino, luego de presentar su primer libro, “Tupacamaria”, en la conmemoración de la masacre de Napalpí, realizada en San Pedro, provincia de Buenos Aires.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cuba, Latinoamérica, Libro Tupacamaria, Pueblos Originarios. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s