Banalización de los Derechos Humanos

En ejercicio del derecho de réplica, este Observatorio de Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos Aires (ODH) responde a lo que consideramos una nota desacertada, en términos generales, y agraviante, en particular respecto a este Organismo de Derechos Humanos, nota suscripta por el señor periodista Pablo Sirven, publicada por el diario La Nación del 21 de abril del corriente año (http://www.lanacion.com.ar/1466895-delincuentes-de-gatillo-facil). Por tanto, solicitamos a los responsables editoriales del diario La Nación –y a todos los medios de comunicación del país en general– publicar, dar difusión y debate a la presente respuesta, exigiendo su publicación en similares condiciones de ubicación y tamaño editorial que la nota en responde.

Utilizando cabriolas literarias, los primeros párrafos de la nota tratan de sensibilizar a un lector distraído y atemorizado por una situación real de inseguridad, aunque magnificada y repetida por diferentes medios de comunicación, de manera tal que un mismo hecho delictivo parece cometerse en varias oportunidades. La nota del señor Sirven intenta sorprender, al mismo lector desatento, cuando ubica la situación descrita en un posible episodio durante la última dictadura. Desarrollando su analogía, definitivamente vuelve al punto que intenta condenar, haciendo una descripción del comportamiento en “los últimos tiempos” de la “delincuencia común”, sin especificar el verdadero significado de ninguno de los dos encomillados, incluyendo también la aparición reciente de “sicarios” con ajustes de cuentas. Por último, concluye su luctuosa introducción haciendo una apología del “ladrón de otras épocas”, asesino excepcional, reivindicando sus “códigos” e incluyendo a la trata como un hecho novedoso.

Continúa acusando al gobierno Nacional, a sus seguidores y simpatizantes, por un lado, y a los Organismos defensores de los Derechos Humanos, por el otro, de dar vuelta la cara ante los hechos de “delincuencia común”, “sicarios” y “trata” fundamentando esta acusación en una supuesta similitud metodológica de estos delitos y al número de víctimas cobradas por estos delitos desde el año 2000, lo que debería hacerlos, según la opinión del señor periodista, punibles de juicios similares a los que se están llevando a cabo contra los acusados –civiles y militares – de cometer crímenes de lesa humanidad en nuestro país. Asimismo, trata de equiparar los códigos de los genocidas de la Dictadura con los de la delincuencia urbana – callejera, poniendo en vigencia una supuesta “ley Marcial”.

Termina, también, acusando a la justicia “garantista” y a un supuesto movimiento de “garantismo” que trabaja por la libertad del delincuente más que por esclarecer el hecho. Con esta retórica confusa, el periodista llega al párrafo en que menciona el Informe 2011 del ODH, en estos textuales términos:

“En el informe anual 2011 del Observatorio de Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos Aires se alerta sobre los casos de “gatillo fácil” de la policía, que, por supuesto, deben ser severamente castigados, pero nada se dice de las víctimas de una delincuencia, cuya ferocidad va in crescendo”.

Es evidente, y esta evidencia enaltece nuestro trabajo, que Pablo Sirven ha leído, al menos en parte, nuestro informe 2011 y lo ha considerado de tal relevancia como para ser mencionado en, para su personal juicio, tan prestigiosa publicación.

Los derechos humanos tienen cobertura universal y deben ser garantizados por el estado, términos establecidos en el “Pacto de San José de Costa Rica” de noviembre de 1969 –entre otros – incorporado a nuestra Constitución en su última reforma. Esta situación determina que los Organismos que tengan como objetivo velar por el cumplimiento de los DDHH deben observar y exigir a los Estados las políticas necesarias para que estos derechos tengan plena vigencia. Estos y no otros, son los objetivos del ODH, dentro de la Ciudad de Buenos Aires.

Esta primera aclaración pone en relieve que quien tiene la aptitud para violar los Derechos Humanos son los Estados.

Ha ido ganando espacio en la construcción del “sentido común” la banalización del concepto de Derechos Humanos. Sin embargo, dicha divulgación pasa por alto que el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, que surge a partir del desastre humanitario de la segunda guerra mundial y la comprobación del nazismo, vino a regular las relaciones entre los Estados y sus ciudadanos.

Desconocer este contexto de relaciones dentro del cual se ha configurado jurídicamente el concepto de Derechos Humanos, olvida que la finalidad y legitimidad de los Estados radica en salvaguardar los derechos iguales de todos los individuos dentro una sociedad. Pasarlo por alto coadyuva a un discurso legitimador de la justicia por mano propia o mitigador de los abusos policiales.

En este sentido, los casos de gatillo fácil cometidos por agentes de la Policía Metropolitana y denunciados por este Observatorio, los cuales someramente da cuenta el señor Sirven, resultan amparados por el mismo discurso que banaliza los Derechos Humanos.

El razonamiento sería este: las personas –sean agentes policiales o civiles – que matan a un delincuente están haciendo un acto de justicia, al castigar a una “subpersona” que no ha respetado los derechos de los demás.

Lo que parece ser el eje de pensamiento de algunos sectores es que la aplicación de los derechos humanos está en sintonía con una valoración de la vida y, por tanto, una valoración de la muerte. Para algunos no valemos todos los mismo. Si muere o es violentada una persona “respetable” para la sociedad es motivo de condena y de aplicación de la ley en sus más duros términos, ahora, cuando la víctima es una persona con otra valoración, otras costumbres u otros comportamientos, esa condena no solo no es severa sino que la convierten en acto liberador.

El recurso utilizado por el señor periodista da a entender que no todos somos sujetos de derecho. Esta ambigüedad remite a quién o quiénes decidirán los beneficiados y a través de qué criterios. Sin embargo, Cesare Lombroso ha muerto, Auschwitz ha existido y ha desembocado en la plena vigencia del Derecho Internacional de los Derechos Humanos para todos los Estados parte de los Tratados, incluido el nuestro.

El Informe anual ODH 2011, al mencionar los casos de gatillo fácil, pretende desbaratar esta secuencia instando al Gobierno de la Ciudad a desactivar la “pedagogía represiva, autoritaria, que aleja al agente policial de la sociedad civil reforzando mecanismos de apartamiento y discriminación” puesto que “ante el despliegue de decisiones e instrucciones que reivindican la segregación por motivos sociales, políticos o religiosos, las prácticas de gatillo fácil resultan una consecuencia lógica, aunque dolorosa y lamentable.”

En conclusión, el respeto –por parte del Estado – de los derechos humanos debe ponderarse para todos y todas, incluyendo a delincuentes comunes o autores de delitos de lesa humanidad.

Los conceptos expresados por el periodista Pablo Sirven, han sido los disparadores de esta respuesta y de algunas necesarias aclaraciones, ya que, a pesar de haber leído nuestro informe, evidentemente, no ha logrado comprenderlo en toda su dimensión.

Será justicia.*

*Por Observatorio de Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos Aires (ODH)

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