Padre Mugica y la urbanización

El Padre Mugica, una bandera

A 37 años del asesinato del Padre Carlos Mugica, por despintados fusiles de la triple A, entregamos otro adelanto del libro “Villa 31. Historia de un amor invisible” de Demian Konfino. En los siguientes párrafos se advertirá una crónica ficcionada de la visita a Villa 31 por parte de la presidenta Cristina Fernández, al cumplirse 36 años de la masacre de Mugica.  

“… Recién el lunes por la noche se confirmó. Horas antes ya se conocía que vendrían algunos ministros. Este hecho ya era trascendente. Sin embargo, nada se compararía con los zapatos de Cristina pisando el barro villero.

Llegó el martes. Los integrantes de la mesa chica dela Unión de Vecinos tuvieron graves problemas de sueño, sin excepción. Ansiedad justificada. Sentían, silenciosamente, que los molinos de viento ya no soplaban contra sus rostros. Jugaban para su propio equipo, por primera vez desde Perón. Si hacía apenas tres años el Jefe de Gobierno había ganado las elecciones, prometiendo –entre otras cosas- la erradicación de la villa; si había cooptado, el primer año, a la mayoría de los referentes; si existían maquetas con edificios altísimos proyectados en esas tierras; cómo no reir el nocturno cosquilleo, íntimo, de comenzar a mantener una victoria arrancada a un sistema opresor y racista.

Si bien la cita era a las once treinta, la Unión ya había movilizado doscientos vecinos al predio lindero a la autopista, atravesando el puente peatonal por detrás del viejo correo. Otras organizaciones hicieron lo propio.

Esa mañana el hosco frío se había dejado mitigar por un sol enorme que, haciendo fintas a alguna nube que rondaba, se las arreglaba para anotar el momento.

La presidenta llegó cerca del mediodía como copiloto de una combi blanca estilo traffic. Saludaba y sonreía sincera. Diversas voces entra la multitud fraseaban la placentera bulla: “Grande Cristina”, “Cristina, el pueblo está contigo” o simplemente “Gracias”, fueron algunas de las palabras que llegaron a apreciarse, aunque no lograran significar exactamente el entrañable sentimiento de gratitud de aquellos dignos olvidados de siempre.

Muchos vecinos cortaron parcialmente la autopista Illia para lograr su palco. Otros, abarrotando el vallado de seguridad, le entregaron cartitas, ositos, banderas. Ella se acercó a la valla, enlazándose con manos y rostros adultos: Acariciando bebés. Maternal.

Dentro de la capilla con techo a dos aguas de chapa, se exhibían orgullosos recuerdos del padre Mugica. Los invitados aguardaban, sentados bajo un tinglado aledaño, la llegada de Cristina al templo. Los restos físicos del religioso mártir, tras un mausoleo de ladrillos a la vista y varias placas recordatorias, esa mañana descansaban satisfechos.

Entre los invitados hubo lugar para tres miembros de la Unión de Vecinos. Allí estaban Juana, Palomino y Tena. Nerviosos. Temblando.

El cura párroco les dio la bienvenida, abrigado con una colegial Adidas verde.

Luego de unas sentidas palabras, en registro de sermón, le tocó el turno a la presidenta. Comenzó recordando sus anteriores visitas: como primera dama en dos mil cuatro y como legisladora en mil novecientos noventa y cinco. Rápidamente pasó a enaltecer la figura del padre Mugica. “Es un símbolo”, dijo y explicó: “dio la vida, pero otros se la quitaron”.

A la par, en una mezcla de cholulismo y orgullo, Mirta Ochoa se quejó ante Marcos Morales. No alcanzó a verla. Un bombo con la estampa de Carlos, batía el parche a cada respiración de la presidenta. Un redoblante acompañaba, repiqueteando.

Cristina habló de los setenta. La militancia social y política de Mugica. Subrayó esto: la opción política de Carlos. Instó a la necesidad de organizarse. Cristina reconoció tácitamente a la Unión de Vecinos al decir que se encontraba en un lugar que se estaba “organizando” y “urbanizando”. Nombró esa palabrita: urbanización. Un triunfo para tantos anónimos que lo esperaban. Término de musicalidad extravagante, aunque alimentador de quimeras.

Reconoció Cristina, por último: “Siempre va a faltar, mientras haya un pobre en la patria”, versión similar a una memorable frase que había lanzado en los días de la crisis del campo: “Mientras haya un pobre en la patria, no habrá victoria definitiva en la Argentina”. También ella cargaba combustible al tanque de la esperanza.

Ni bien concluyó, estalló la fiesta popular. Rondas de charangos, sikus y pasos improvisados entonaron la marcha peronista. Muchos se plegaron. Incluso aquellos que siempre reprimieron ese honor por palpar la popularidad de esa letra igualitaria.

Hugo Tena, viejo erpiano, la supo silbar íntegra en el secreto de saberse a solas ¿cómo negarse ese día? esos altos y bajos que tiene el ritmo, esa letra profunda y hermosa que llega a la cima cuando retumba en los bombos el estribillo PerónPerón. Justo eso era lo que Tena y tantos reprimían. Ese día, se permitieron una licencia a la conciencia.

También se mandó, cuando vio la ronda, Sabina Bolívar, quien había llegado justo a la hora del discurso de Cristina en representación de Los Condenados.

–No soy peronista –expresaría luego en diálogo telefónico con Ciro –Pero la marchita tiene un no sé qué. Me encanta sentirla en las movilizaciones cuando la entona el pueblo. Cuando agitan los militantes. Cómo se nota el fervor, la pasión de un sentimiento. Esos dedos en “v” que van y vienen como latigazos. La postura corporal que se agazapa para llegar al estallido y transformarse en salto ahí en el Perón Perón que grande sos. No puedo explicarlo bien, porque me encantaría poder vivirla. De alguna manera, a través de ellos, la siento. Si, aunque sea, diría Evá Evá la gran mujer, por ejemplo, ay cómo la cantaría. ¡Cómo gritaría ese himno!

Ese mediodía, las cincuenta personas que danzaban la marcha peronista con pasos andinos, imploraron la realidad de una meta cada vez más cercana.

Cristina había anunciado la instalación de un Centro de Asistencia Jurídica y un polo informático. Su presencia constituía una piedra fundamental histórica.

… Cristina, conocedora, como nadie, de gestos y sutilezas, se pronunció militante de la urbanización, aún sin haberlo expresado de ese modo. Ella lo sabía, hay silencios, miradas, quizá una sola palabra que formula más que cien discursos de atildados académicos.  

Sabina preguntó a una señora entradísima en años.

–Doña, es guapa la presidenta ¿no?

La mujer contestó rutilante.

–No sé si es guapa lo que sí sé es que es una buena persona. Eso es lo importante, querida. Yo no entiendo mucho de la política… pero, mirá, ¿queré que te diga una cosa? Hay una vecina paraguayita que tiene un montón de pibe, que ahora puede darles la copa de leche por la tarjetita esa, la universal… y no se la dio ningún puntero…lo ordenó ella, la señora…”

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Una respuesta a Padre Mugica y la urbanización

  1. Hola soy docente del EEM6 D.E. 1 del pasaje letonia sin número. me gustaría que vean en mi blog la muestra que estoy haciendo en el Museo Marítimo Ex Presidio de Ushuaia del 6 al 29 de mayo, la misma muestra la traslado del 18 al 31 de agosto al Centro Cultural Julián Centeya, la muestra se llamA “Por la Identidad”, por la identidad robada por la dictadura, por la identidad de los Pueblos Originarios, por la identidad de género,por la memoria,verdad y justicia, desde ya quiero seguir recibiendo lo de tupacamaria, gracias Adriana Tavares

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