Comedor Pueblos Originarios

Lo que sigue es un adelanto de mi segundo libro “Villa 31. Historia de un amor invisible”, de próxima publicación.

Este fragmento grafica una villera obstinación. Juana Mamaní y Fernando Martínez levantan un comedor comunitario en Villa 31. Un militante les sugiere nombrarlo. Remarca la importancia de Nombrar. Los vecinos eligen “Pueblos Originarios”. Su justificación, es un emotivo discurso de doña Juana.

“…

La importancia de la cultura en la formación de los pueblos

En un comienzo, el comedor no recibió bautismo. Nadie se había preocupado por ello, ante la premura de la apertura. ¿Para qué ponerle un nombre, si lo más importante era la acción concreta de dar alimento y contención a quienes más angustias padecían?

La respuesta la sugirió -dos años después de la inauguración- Ciro, un joven militante social, integrante dela AgrupaciónLosCondenados, que había llegado a sus vidas cuando, adolescente, se aproximó al comedor para ofrecer apoyo escolar a los chicuelos, junto a unos compañeros del secundario.

Al poco tiempo que acordaron las clases para los días sábado por la tarde, se dio una espontánea e interesante conversación entre Ciro y Juana Mamaní, en la que el muchacho insinuó la importancia de la acción de rotular.

–Juana, seré curioso ¿Por qué no tiene nombre el comedor?

–Mmm… que pregunta… es que no nos pareció importante. Luchamos mucho pa tener un comedorcito, pa darle aunque sea un plato diario a tantos mocosos. A mi marido y a mi nos consta el esfuerzo que hacen las madres solas, los padres. Revuelven basura. Dejan de comer ellos pa que lo hagan los pibes. Para nosotros, fue y es un orgullo poder ayudar a nuestros vecinos. El nombre es lo de menos ¿entendés?

–Entonces, permítame preguntárselo al revés ¿por qué no ponerle un nombre que simbolice algo que ustedes desean homenajear?

–No digo que no. Nunca lo hablamos con Fernando ¿a vos te parece importante?

–Pienso que el nombre es trascendente. Yo no tengo hijos, pero me imagino que cuando los tenga voy a tener que pensar bien, y seguro discutiré con mi novia, porque no da igual. ¿Ustedes no discutieron por “José Gabriel”?

–Poco. Yo quería “Fernando”, como el padre. Pero él vino un día decidido y me convenció.

–Y ¿tuvo algún motivo para ese nombre? ¿Algún familiar?

–No, familiar no. Fue por Condorcanqui. Él es fanático de Túpac Amaru. Me contó su historia y me convenció. Nosotros somos indígenas, y la verdad que es un orgullo.

–¡Ahí está! Con el nombre que le pusieron a tu hijo, hicieron un homenaje a un prócer. Pero también trazaron una idea, alumbraron un camino, lo marcaron en la forma de vincularse con los demás.

–¡Claro! Nunca lo había pensado así.

–Trasladándolo a un lugar, a una calle, el nombre pondera algo, valores, orígenes; puede señalar una pertenencia común. Por ejemplo, no es igual que el comedor no tenga nombre a que se llame “América del Sur”, por decir, que es el continente de donde provienen muchos de los habitantes del barrio ¿o no?

–Seguro. Lo voy a hablar con Fernando a ver que le parece. Me gustó “América del Sur”.

Cuando Fernando volvió de jugar a la pelota, ella contó el diálogo. Rápidamente, prendió en él la idea. Tuvo la iniciativa de consultar a los vecinos sobre el nombre que les gustaría. Ella estuvo de acuerdo, pero creyó que era mejor pensar distintas opciones, en base a los ideales de ellos, a sus objetivos, a los orígenes del barrio o de los vecinos, a personalidades referentes, y someterlas a votación.

Pensaron ambos, en sus tiempos libres. A la semana tenían la terna: “América en la vía”, “Nuestros Pibes” y “Pueblos Originarios”. La semana siguiente se encargaron de difundir la elección que se realizaría el domingo.

Ese día, el Comedor estaba repleto.

Comenzaron explicando el sistema de votación nominal, a mano alzada. Luego comentaron nombre por nombre con la ilustración de sus cualidades, al cabo de lo cual, se dio lugar a la votación. “América en la vía” tuvo seis votos. Alguien comentó por lo bajo, que el continente era demasiado amplio para la villa. “Nuestros Pibes” obtuvo veintidós votos. “demasiado simple”, dijo una doña. “Pueblos Originarios”, ganó por buen margen. Treinta y cinco vecinos levantaron su brazo.

La explicación sobre este candidato, leída por Juana Mamaní previo a la votación, indicaba: Pueblos Originarios son los indios, indígenas de todo el país, aborígenes de todo el continente. Son los padres de casi todos nosotros. Aún de aquellos que no lo saben. Nuestra piel lo deschava.

Pueblos Originarios son nuestros ojos. Nuestros cachetes, nuestras bocas. El guaraní y el quechua hablaban nuestros antepasados. Lo hablamos muchos de nosotros.

Pueblos Originarios es la Tierra. El amor a la pachamama, inclusive, la que hoy nos da suelo, y la que sostiene esta casa comunitaria.

Pueblos Originarios es un homenaje a nuestros antepasados, pero también es un compromiso con el hoy y con el mañana. Es creer en lo nuestro, valorar nuestra sabiduría, consagrarnos a la lucha por este reconocimiento.

(…)”

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