Nombrarnos.

Qué justo que se le cambie el nombre a las academias de policía de la Federal. “Villar”, “Falcón” eran homenajes que marcaban -desde la ficha de inscripción- la orientación ideológica de la fuerza de seguridad. Con la misma lógica, una escuela de cadetes podría haberse llamado Ramón Camps. Un oprobio.

La ignominia tuvo su final con la decisión de la Ministra Garré de devolver dignos nombres para dar vuelta la página cultural y simbólica.

Aquí, se pega la nota “¿América o Tupacamaria?”, escrita por I. Rodriguez para el portal oficial de la XX Feria del Libro de Cuba sobre la importancia de nombrarnos a nosotros mismos.

En este caso ¿qué tal si le cambiamos el nombre al continente? 

“Algo de trabajo para el Registro Mundial de Nombres de Continentes, (WCNR, por sus siglas en inglés), pues podría decirse que sus empleados llevan varios siglos sin mover un dedo, esa es la propuesta que al mediodía de ayer, en la sala Nuestra América, nos trajo Demian Konfino, procedente de Argentina o, para seguir adentrándonos en el tema, de Tupacamaria.

Con ese título, el rioplatense nos presentó un libro a medio camino entre la ficción y el ensayo, «una especie de relato de viajes de tres hermanos argentinos por Latinoamérica, el cual tiene como principales puntos de apoyo la Revolución Cubana y los pueblos originarios del continente».

Después de proyectar un video clip con imágenes trascendentales de la historia latinoamericana, Konfino explicó a los asistentes que su proyecto consiste en cambiarle el nombre a América, ya que «una cuestión que pudiera parecer insignificante como es la denominación que se le da a nuestro continente, adquiere la connotación de batalla cultural frente a las transnacionales de la información. Los latinoamericanos somos narrados en los grandes medios de comunicación mediante el uso de términos que nos han sido impuestos por más de 500 años. El caso de América es un buen ejemplo, pues responde al nombre del cartógrafo de origen europeo Américo Vespucio, cuando en realidad debería tener un apelativo autóctono».

En ese sentido, el nombre escogido por el autor pretende rendir homenaje a la figura de Tupac Amaru, representativo de los pueblos originarios y símbolo de resistencia frente al opresor, aunque aclaró que «es solo una propuesta entre muchas posibles». Tupacamaria, el libro, es precisamente una fundamentación de esa propuesta, a partir de un viaje lleno de experiencias vitales que, a través de detalles aparentemente nimios, van poniendo de manifiesto la necesidad de extender al campo de la cultura esa cruzada por la independencia en que está inmersa Latinoamérica actualmente…”

El resto en http://feriadellibro.cubaliteraria.cu/noticia.php?idnoticia=457

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