Prólogo a Tupacamaria

Lo que sigue a continuación fueron las palabras escritas -y leídas- por el Profesor Héctor Cabot, en la presentación del libro Tupacamaria en Tartagal, en fecha 23/3/2011. No pudo salir antes, por el sufirdo levantamiento de blogspot a nuestro sitio anterior. Se lo debía al profesor, quien me honró con su presencia y me emocionó con sus palabras.

Una vida vale por lo que se hace con ella para tener clara la relación entre lo que se es y el devenir. Una persona desde su pensamiento reflexivo, desde su expresión verbal y desde su acción autónoma se vuelve el autor de su propia vida.
Tres jóvenes, desde una cultura asumida y desde una vocación inician un viaje por Centroamérica para alimentar esa capacidad de percepción, desde lo consistente de un deseo que no es otro que superar el escollo de toda idealización como lo dice el narrador, en las primeras páginas:
“El ideal es como esos globos para niños que flotan en el aire porque el hombre les ha cargado gas en su interior. El globo asume que puede volar, que es capaz de volar indefinidamente y sin dependencias. No ha tenido en cuenta su realidad y sus limitaciones. ¡Qué desilusión que éste se lleva cuando percibe que pierde vuelo!”
Los tres hermanos necesitan de un alumbramiento, de la comprensión empírica de la realidad histórico-social para sentirse definitivamente personas en su tiempo y en su mundo, para reencontrarse a sí mismo en un nivel superior que les ayude a formarse como personas desde el carácter dialógico tan propio de la hermandad latinoamericana.
El libro tiene visible la actitud de libertad al consustanciarse con la razón cultural y con el sentido de justicia en la historia.
Es un buen libro de un hombre joven con un gran efecto de comunicación con narración, con textos de Perón, del Che, de Fidel, de José Martí, de Galeano, del Comandante Marcos, letras de canciones que impulsan la fraternidad de los pueblos, o la lucha de la memoria. Hay también cartas que se envían al Correo Central de Buenos Aires, enviadas por Walter cuestionando a la sociedad o a los americanos, entre otros destinatarios.
Es un joven libro con varios canales que evidencia las muchas barbaries del supuesto progreso y sus razones veladas o abiertas de explotación de los pueblos.
Tres jóvenes personajes respiran sus pasiones por Perú, Cuba,
Méjico, Guatemala, Honduras y Nicaragua, para descubrir el encuentro entre ideales y realidad en la convicción de que el prójimo lo es todo.
Hay un largo recorrido por la historia, se meten los personajes en el pasado; saben que nada se comprende sin la historia para poder reconstruir el relato de lo humano, por eso, meterse en lo más profundo de la historia es una forma de recuperación y también una previsión para que todo pragmatismo nos deje de quitar la verdadera identidad y para que los deseos antiguos de nuestros ancestros no tengan derivas ni caminos con tantos desamparos, ni los dolorosos vacíos que deja la crueldad de tantos silencios que esconde la historia oficial bloqueadora de tanta empatía por el dolor del prójimo que los personajes van conociendo por esta Latinoamérica. Por eso, en el libro, historia y literatura es una junta que observa y habla y comparte con los demás la concepción y el rescate del sentido de comunidad.
Es un libro de ensayo dentro de una ficción con los límites o con la relación con lo histórico, o sea, con lo concreto de la relación entre ideal y realidad.
Establecer una sintonía entre historia y ficción no deja de ser todo un desafío para los jóvenes escritores de la democracia. Al respecto, cito a Ricardo Forster en su artículo “Huracán, el 11 de marzo, los jóvenes y la historia” que escribe lo siguiente:
“Poco tienen que ver aquellos jóvenes de los setenta que portaban sueños revolucionarios…con estos jóvenes del Siglo XXI que han amanecido a la política…sin embargo confluyen en el presente argentino…saben que existen hilos secretos entre las generaciones, hilos que reaparecen cuando menos se espera que se suceda y se entrelazan con los hilos de la historia.”
Esto de tomar la realidad desde el pasado sin nostalgia es todo un proceso muy personal. Demián lo logra desde ese querer averiguar qué somos, desde una toma estética al elegir la literatura y una subyacente condición ética.
En definitiva, el lector tiene un libro para reencontrar qué somos, qué nos pasó y cómo estamos.-

Profesor Héctor A. Cabot

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