La única certeza es Cristina Fernández

En todos los escritorios influyentes de la política nacional sobresale un dato conocido en las últimas semanas que empieza a inquietar al círculo rojo y zonas aledañas. Cristina Fernández mide. Y mide alto. Según diferentes sondeos, entre ellos de las consultoras de Hugo Haime y Julio Aurelio, hoy estaría ganando la Provincia de Buenos Aires en la categoría “Senadores Nacionales”. Inclusive, se impone a la estrella mediática Sergio Massa, si iría solo, o hay escenario de empate técnico si se juntaría con Margarita Stolbizer.

Lo significativo de estas encuestas es el alto nivel de adhesión que despierta la Presidenta (Mandatos Cumplidos) Fernández de Kirchner al mismo tiempo que afronta una feroz campaña de demolición en su contra direccionada desde las usinas políticas, mediáticas y judiciales. Son datos duros que desconciertan al gobierno nacional que daba por descontada la derrota cultural del kirchnerismo y su vigor electoral a esta altura del ultraje. Se trata de información concreta que aceita engranajes sobre necesarios cambios estratégicos por parte del poder real al constatar cómo se evaporan los fuegos artificiales del lazarobaismo y la escenografía del Relato M sobre la pesada herencia. En este sentido, la resistencia de Hebe de Bonafini al asedio judicial parece haber marcado un punto de inflexión respecto a la eficacia de la lógica de la espectacularización como forma de estigmatizar todo lo que huela a K.

Pero más que información con números fríos, la fidelidad a la figura de Cristina Fernández se manifiesta en toda su potencia cada vez que la ex Presidenta decide acercarse a los diferentes sectores del hacer nacional. En esta línea, su visita a Villa 31 y el acto multitudinario que se montó en pocas horas, sin ningún aparato, demuestra la vigencia emotiva que despierta Cristina entre las franjas populares. Lo mismo sucedió esta semana con el fervor popular que la recibió en Ensenada. Igual ocurre cuando visita a la academia o cuando se encuentra con defensores de los derechos humanos o de la cultura.

El afincamiento de la líder del FPV en la ciudad de Buenos Aires parece haber ordenado la tropa, aunque los liderazgos intermedios aparezcan deslucidos y las distintas tribus internas porfíen en el reacomodamiento. Las apariciones televisivas de “La Jefa” despejan las dudas sobre un eventual retiro. Cristina está jugando. Y duro. Se muestra como principal espada de oposición frontal al oficialismo y sus políticas de ajuste, ante la desazón de las oposiciones “amigables”. Al mismo tiempo, la foto con el ex candidato a presidente, y vicepresidente del PJ, Daniel Scioli señala que también tiene resto para contener aliados.

En paralelo, el gobierno nacional afronta su peor momento desde su asunción, sin que lleguen las inversiones, con caída fuerte de imagen, con alta inflación, con manifestaciones sectoriales diarias que plantean una coyuntura conflictiva permanente ante las decisiones restrictivas de derechos por parte del Poder Ejecutivo.

El reciente fallo de la Corte que frena con justicia el tarifazo del gas para los usuarios residenciales es un triunfo de la movilización ciudadana y aparece como una cachetada a las aspiraciones de gobernabilidad PRO que habían puesto toda la carne en la parrilla, moviendo la totalidad de los lobbies judiciales y mediáticos a fin de avalar la irracionalidad de ese aumento. Ante una fuerza política que supo rectificar políticas públicas cuando la resistencia popular acechaba, sorprende el grado de obcecación con que han abordado este tema desde el Presidente Macri hacia abajo. En lugar de barajar y dar de nuevo, amenazaron con el cierre de las empresas de Gas, con el corte en el servicio, con el recorte del gasto público y, hasta, con la hiperinflación, si la Corte fallaba como finalmente lo hizo.

Se abre un espacio de incertidumbre sobre el rumbo que tomará el gobierno, ante este escenario impreciso. Sería aconsejable que aflojen con el rumbo antipopular o, como gritó Hebe, que paren la mano. No parece ser ese el camino que tomará el gobierno de los ricos, como se lo ha denominado en las barriadas populares. La buena noticia es que Cristina está de vuelta, liderando a un pueblo que no quiere retroceder.*

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HEBE Y NOSOTROS

Por Demián Konfino

Tartagal o General Mosconi contaron con su presencia en la primera línea de la pueblada, cuando la privatización de YPF. Los piquetes de Ruta 3 o los del sur del conurbano, la tuvieron como protagonista, cuando el hambre. El 20 de diciembre de 2001, jueves, Hebe de Bonafini puso el cuerpo, una vez más, bancando la parada y los palazos de la policía montada de un gobierno que, en ese instante, acababa su agonía.

Desde su doloroso despertar político. Desde que fue parida por sus hijos, siempre estuvo en el lugar correcto, junto a la gente que la pelea. Luchó por aparición con vida y, más tarde, por juicio y castigo. Pero fue más allá.
Quizás como nadie, Hebe ejerció con tenacidad el derecho de resistencia contra la opresión a lo largo de los aciagos años antipopulares. Ese derecho que se desprende de nuestra Constitución Nacional, en su artículo 36. Ese derecho que fuera enarbolado con brillantez por el joven abogado Fidel Castro, cuando defendió su alegato en el juicio por el ataque al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, aquella pieza que se conocería como “La Historia me absolverá”. Ese derecho de resistencia que fue desarrollado por pensadores de la talla de Santo Tomás de Aquino, Martín Lutero y Calvino. Las revoluciones americana y francesa se basaron jurídicamente en este derecho. Locke, Rousseau o Paine escribieron doctrina al respecto y las declaraciones independentistas recogieron el guante. Ese derecho ha sido el vector de la vida de Hebe hasta que apareció un gobierno que dejó de agredir al pueblo.

Hebe es pueblo. Siempre lo fue. Hebe también fungió como termómetro popular cuando su pueblo empezó, insólitamente, a sentirse representado por un gobierno. El del Flaco. Hebe, despejó sus prejuicios, gambeteó las críticas y se alineó con un proyecto de país que ahora se diagramaba en la Rosada.

Y eso parece haber sido lo que no le perdonaron. Porque, convengamos, puede que sea políticamente incorrecta en algunas declaraciones. Pero, vamos, ¿Quién está a la altura moral de su pañuelo blanco de mil batallas? Los que se escandalizan con algún improperio son los mismos que se han quedado en sus casas, horrorizados, cada vez que las viejas se jugaron el pellejo por una pizca de Patria.

Por eso, con Hebe no. Con Hebe no se les ocurra. Le debemos mucho. Mi generación, la de los treinta y pico, le debemos -en buena parte- el habernos amigado con la política, con la militancia, con el otro. Siempre estuvo ella para mostrarnos el camino, cuando las dudas asaltaban.

Hoy hay un Juez, un tal Marcelo Martínez de Giorgi, que firmó una orden de captura hacia Hebe. Hebe se negó a declarar como imputada por desvío de fondos públicos en el proyecto “Sueños compartidos”. Justo a Hebe la quieren meter en el barro de la mediocridad mercantilista y sus corruptelas. Justo a Hebe que nunca le interesó la guita. Justo a Hebe que se negó a recibir la abultada indemnización que el Estado le ofrecía a cambio de aceptar la muerte de sus hijos. Justo a Hebe que sigue viviendo en la misma casa de siempre. Justo a Hebe, el estandarte internacional de la lucha por los Derechos Humanos. Justo a Hebe.

Hebe consideró que debía resistir esa injusticia, ejerciendo su derecho de resistencia. Y los que le debemos mucho, la seguimos. “Traicionada la Constitución de la República y arrebatadas al pueblo todas sus prerrogativas, solo le quedaba ese derecho, que ninguna fuerza le puede quitar, el derecho de resistir a la opresión y a la injusticia.”. Lo dijo Fidel, allá lejos y hace tiempo. Lo podría haber gritado Hebe, esta tarde, en esa plaza conmovedora, rodeada de miles de compañeros que no toleramos este avasallamiento a la nación, esta provocación a la democracia.

Están envalentonados. Sacados. Tienen los bancos, los medios de comunicación y la llamada Justicia. Pero, retroceden cuando el pueblo se moviliza. La reacción espontánea de una multitud con dientes apretados frustró la intentona macrista.

Hebe nos despierta una vez más. Cerca de los 90 años, hay un faro añejo que se obstina en alumbrar la senda de la Justicia Social. Es una luz potente que no se apagará. Por más revanchistas que vengan a cobrarse la cuenta de su bravura. Porque hay una porción significativa de pueblo que ejerce el músculo de la rebelión inmediata, cuando se atreven a pasar la raya de lo admisible.

Con Hebe no.

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Sobre el Pitu Salvatierra

Alejandro “Pitu” Salvatierra acaba de recuperar su libertad, tras 3 semanas de injusta prisión. Había sido detenido con 3,2  gramos de clorhidrato de cocaína y 9,2 gramos de marihuana. Por las cantidades halladas y su comprobada adicción, estamos ante un hecho claro de tenencia de estupefacientes para consumo personal, hecho que debe involucrar a las agencias de salud del Estado y que de ningún modo resulta punible a partir de la doctrina jurisprudencial derivada del fallo de la Corte Suprema del 25 de agosto de 2009 en la causa “Arriola, Sebastían y otros”.

EN LA LUCHA

Pitu tuvo una infancia hostil, en las postrimerías de la capital, en los aciagos años ochenta. El padre estuvo preso casi toda su vida hasta que falleció en un enfrentamiento con la policía. La madre no alcanzaba a parar la olla, para él y sus hermanos. Vivieron en la calle. Sin porvenir avistable, en pleno involución neoliberal del país, con su fin de la historia y la cultura del video clip, un Pitu adolescente tomó entonces la decisión de entrar de lleno en las catacumbas del delito. La plata expedita, el miedo, la adrenalina de enfrentarlo, lo llevaron sin pasaporte al vínculo íntimo con la droga.

El 18 de diciembre de 2001, cayó Pitu. Purgaría una condena por más de 6 años en la prisión. Allí se formó, terminó la secundaria, se aferró al evangelio y decidió intentar dejar la mala. Cuando salió, tras infructuosas búsquedas, las únicas que le dieron laburo fueron las Madres de Plaza de Mayo. La política lo sedujo y lo conquistó. Militó en su barrio y se erigió en un dirigente potente en diciembre del 2010, en la agitada toma del Parque Indoamericano. A partir de allí, con mucho compromiso, con mucha patria, con mucho sudor, Pitu se convirtió en el referente villero más importante del kirchnerismo. Su vida dio un giro, junto con el de miles de pibes que ahora sí tenían futuro.

Desde hace 2 años y medio es el Jefe de Despacho de la Diputada porteña Paula Penacca. Cumple un rol clave en la elaboración de proyectos legislativos populares. Construye hechos políticos y le canta las 40 a cualquier dirigente político, de igual a igual. Está afianzado en su rol y es respetado como tal. Pero el monstruo de la droga, como él lo llama, nunca lo abandonó.

Tras 7 meses durísimos en el pobrerío, y en su propia fuerza política, desde la asunción de un proyecto restaurador en el país, Pitu se refugió en los inframundos de la drogodependencia. Ni su mujer, ni su hija, ni su psicóloga. Su salud emocional aullaba pero él no podía frenar. En esas circunstancias fue detenido por una patrulla que lo tenía marcado. Cuentan que hubo una Circular del Ministerio de Seguridad que había ordenado ir tras los pasos del Pitu y su familia. Cuando llegó a la Comisaría le certificaron la emboscada: La causa la tendría Bonadío.

La lucha de Pitu y sus compañeros logró su libertad. Sin embargo, Pitu nunca debió haber estado preso. El juez Claudio Bonadío le arrebató 3 semanas de construcción política en las barriadas porteñas, 3 semanas de lucha contra el tarifazo y el ajuste brutal, 3 semanas del abrazo de su hija.

LA INJUSTICIA DE BONADÍO

Claudio Bonadío nunca debió encarcelar a Pitu porque desde el fallo “Arriola” el artículo 14, segundo párrafo, de la ley 23.737 que pena la tenencia de estupefacientes para consumo personal,  resulta incompatible con nuestra constitución, carta magna que estableció que no son punibles aquellas conductas que quedan reservadas a la esfera de la libertad personal y no perjudiquen a terceros.

Por el llamado “principio de reserva”, esas acciones resultan excluidas de la autoridad de los órganos estatales en virtud de lo que establece el artículo 19 de la Constitución Nacional. Retomando la postura adoptada por otra composición de la Corte en la causa “Bazterrica”, el fallo “Arriola” declara “… la inconstitucionalidad de esa disposición legal en cuanto incrimina la tenencia de estupefacientes para uso personal que se realice en condiciones tales que no traigan aparejado un peligro concreto o un daño a derechos o bienes de terceros”. Aquí es relevante destacar que la Corte, además, no hace distinción entre diferentes tipos de drogas. Para ser más claro, la Corte no refiere solo a marihuana para consumo personal, sino a cualquier tipo de estupefacientes que cumpla con tales condiciones.

Para así decidir, el Más Alto Tribunal consideró que “… los consumidores de drogas, en especial cuando se transforman en adictos, son las víctimas más visibles, junto a sus familias, del flagelo de las bandas criminales del narcotráfico.”, agregando sensatamente, a continuación, que “No parece irrazonable sostener que una respuesta punitiva del Estado al consumidor se traduzca en una revictimización.”.

En el auto de procesamiento dictado por el mencionado juez federal con fecha 11 de julio de 2016 se relata las circunstancias de la detención de Salvatierra, quien fuera interceptado, por efectivos de la Policía Federal, circulando a bordo de su vehículo por las calles de Villa 15 en la noche del 21 de junio del corriente. Se detallan las medidas probatorias ordenadas, que incluyen la declaración indagatoria del Pitu y un estudio denominado “Drug Screen” que corroboró la detección de sustancias tales como marihuana y benzodiapecina en el cuerpo de Salvatierra.

Luego de una enumeración ordenada de los hechos, el auto de procesamiento comienza a discurrir en hipótesis que no se vinculan con el expediente y que demuestran la arbitrariedad del Juzgador al dictar la libertad del imputado pero procesándolo por el delito de tenencia simple, inmerso en el primer párrafo del artículo 14 de la ley 23.737. Así, para suscribir el procesamiento y descartar la posibilidad de que la tenencia de esas cantidades nimias fuera para consumo personal, Bonadío se basa en fallos en los que hallaron a personas con más de medio kilo de estupefacientes, en un caso, y aproximadamente un kilo, en otro. Recordemos que a Alejandro Salvatierra lo encontraron con 12,4 gramos de sustancias, entre marihuana y clorhidrato de cocaína y que, al ordenar un allanamiento en su casa, no encontraron nada más que lo incriminase.

Como por arte de demiurgos de una noche sin luna, el juez se sustrae de la aplicación de la doctrina derivada del fallo “Arriola”, afirmando que la tenencia no era para consumo personal sin precisar los basamentos de tal aseveración, reconociendo -a su vez- que tampoco hay elementos que puedan inferir fines de comercialización.

LA VUELTA

El buen abogado que tiene Salvatierra, Adrián Albor, ya avisó que apelará la resolución. Lo justo sería que se revoque el procesamiento y se archiven -finalmente- las actuaciones. Con esta Justicia, mediando este Partido Judicial, no parece que ese sea el escenario inmediato.

Una Justicia corporativa, que no es justa, quiso aleccionar a un dirigente, por kirchnerista y por villero. Las primeras apariciones de Pitu, en radio y en TV, muestran a un hombre inteligente, sensible y honesto que no está dispuesto a resignar batallas, por más huracanes de desprestigio que quieran distraerlo. El Pitu está entero, dispuesto a enfrentar su adicción y listo para construir la vuelta de un proyecto de todos y para todos.

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La vuelta de Evita

En la tarde del jueves, nos hemos merendado que el Movimiento Evita ha abandonado el bloque del Frente para la Victoria en la Cámara de Diputados de la Nación. Los planteos públicos para justificar su salida resultan razonables. Abundan en la ausencia de autocrítica y condenan la corrupción sin atajos. Sin embargo, su alejamiento del frente que conduce Cristina Fernández es un error estratégico que debilita al kirchnerismo y celebra la restauración conservadora. Y la envalentona.

El Evita llama a la unidad, rompiendo, hecho que destaca una contradicción que no requiere traducciones. Si la estrategia es la unidad, las diferencias se resuelven adentro. La drástica acción se presenta bajo motivaciones atendibles, aunque hay otras que permanecen ocultas y deben rastrearse más en mantener la estructura de la organización que en la estrategia de unidad que se declama en el comunicado de ruptura.

Pero no nos equivoquemos. En el Evita no hay traidores. Hay compañeros. Inclusive, muchos de ellos no aceptan, a esta hora, la resolución de sus dirigentes. Pero, nuevamente, la conducción del Evita pifió feo en esa decisión, no en los considerandos de su comunicado de salida. Habrá que revisar nuestras tácticas y estrategias en esta coyuntura inédita.

Pero hay que escribirlo, hemos afectado muchos intereses desde el Estado y se están cobrando la osadía. De a una. Los restauradores están sacados. Perciben su poder. Brotan odio. Lo amplifican por cadena. Cosen expedientes judiciales para la ocasión. Procesan por si acaso. Se apresuran.

Algunos recientes e incómodos aliados desean que perezcamos como un cúmulo de malos entendidos de la historia. Se pliegan al escarnio, expeditos. Mejor hubiese sido haber revisado nuestros sistemas de alianzas y haber tomado debida distancia oportunamente. Las elecciones fueron cabal prueba de listas en las que primó el pragmatismo sobre los principios. En casi todos los territorios, encabezaron aquéllos que hoy se apuran a mudar la remera.

No es el caso del Evita. Siempre estuvieron en el barro bancando, junto a nosotros, junto al pobrerío. Más allá de su grueso yerro en la coyuntura, debimos haberlos contenido. Esa era nuestra responsabilidad. Aceptar nuestras deficiencias es intentar no reincidir en ellas. Sin embargo, entre muecas, párrafos y alardes, los que sufren los desencuentros dentro del campo popular son los pueblos.

Nos hemos recuperado de las bombas, de los fusilamientos, del destierro, de la proscripción, de los traidores, del terrorismo de Estado. Nos hemos recuperado del posibilismo. También del fin de la historia. Nos repusimos a la 125, de la derrota de Néstor en 2009. Y hasta de su muerte. De esta también vamos a salir.

Por más bruma que nos invisibilice, queda claro hoy que el retorno no será un paso de baile. Los días más felices tendrán que esperar a que nos volvamos a entender.

Luego, la salida del Evita retrasa la vuelta. Pero el progreso en cada hogar argentino, durante 12 años, será la memoria activa de nuestro retorno. Los logros del kirchnerismo son tangibles, pueden constatarse en cada casa, a lo largo y ancho de nuestra patria. Esa es nuestra garantía. Más temprano que tarde, si acertamos en organización. Porque los pueblos no se suicidan.

Juan Perón volvió. Y volvió la Justicia Social de Evita, cuando Néstor y la generación diezmada. Los derechos conquistados desde el Estado resultan una experiencia que se ha hecho carne en cada distrito, en casa localidad.

Después de todo, Evita siempre está volviendo, aunque la quieran seguir profanando.

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Dimos ventaja

 

¿Sabés qué jugador hubiese sido si no tomaba drogas? Hubiese sido un jugador de la puta madre.

Diego Armando Maradona

 

El episodio “José López” se las ingenia para penetrar en el cuero curtido de lo miles de compañeros que dejamos el alma en el territorio o en la gestión, todos estos años. Muerde justo en el medio de le épica real que trazamos con nuestros propios cuerpos, para intentar una patria muy otra y lograrlo, aunque sea parcialmente. José López, su runfla caricaturesca, llega para perturbar mil verdades concebidas con el propio sudor de nuestras entrañas.

Porque fueron verdad los pibes con sus compus; las universidades del conurba; los laburantes con sus salarios dignos mejorando sus casas, comprando electrodomésticos, la moto o el auto, o yéndose de vacaciones; los viejos disfrutando de su jubilación; fueron verdad el nieto recuperado de Estela; el vuelo del Arsat desde las Guyanas.

Fueron verdad también los hospitales, las rutas, las viviendas y las escuelas. Todas nuevas. Por Miles. Los 40 millones pudimos comprobar que el esfuerzo cotidiano redundó -12 años seguidos- en prosperidad. Hubo que hacer política para alcanzar el progreso. Hubo que gestionar esa política. Muchos jóvenes compañeros sienten que han sido los mejores años que su vida experimentará y, sin embargo, aparece un José López, con su función enorme a escupirnos que el abrazo emocionado de cientos de miles en la plaza del 9 de diciembre fue un verso, un simulacro, una ingenuidad.

La memoria de nuestros cuerpos enfrenta una dura batalla contra la realidad mediatizada, contra la verdad construida como un guión de una comedia mal actuada. Son nuestros hombros los que se agotaron en cada inundación cavando zanjas, son nuestras piernas las que se entumecieron en cada marcha para conquistar derechos. Son nuestras sonrisas las que certificaron los días más felices.

El lazarobaismo, la aparición inverosímil de López, apuntan a los cimientos del proyecto popular. Necesitan que nosotros mismos nos demos por derrotados. Que asumamos nuestra inconducencia, que ratifiquemos la fatalidad de nuestra impúdica barbarie.

No le encontraron nada a Cristina. Ni a Máximo. No tienen nada de Axel, del Cuervo, de Mariano. Ni para chamuyar descubren algo de Sabatella, del chivo Rossi, de Juliana, de Taiana. Solo pueden decirle “bruto” a Moreno. Nunca les van a encontrar nada, por más que profanen tumbas o paseen topadoras por el desierto. Nuestros malditos son honestos y ellos lo saben. Más, saben que son patriotas. Pero se apuran a extendernos el acta de defunción. Y Nosotros, tras la eficacia del consumo repetitivo e infernal de imágenes producidas sin decoro, dudamos si respiramos o si el corazón nos dejó en banda.

Pero José López, como también se llamaba el brujo López Rega, se filtró en nuestro movimiento y ascendió. Nos ha ocurrido siempre y no aprendimos. El barro de la política viene a justificarlos. La realpolitik los presenta como necesidad. El posibilismo les franquea cualquier pórtico palaciego. Y hoy lamentamos muertos que no son nuestros, pero sí.

Una pregunta necesaria, releyendo El Flaco de José Pablo Feinmann, se impone: ¿Cuál es el límite de la dialéctica de las manos sucias y las manos limpias? O más crudo: ¿Dónde debemos dejar de tranzar con lo impuro?

Si el cúmulo de almas bellas no llegamos, todos juntos, a obtener todo el poder necesario para transformar la vida de nuestros semejantes, al menos debemos intentar la temeridad de aislar la canalla, de hacerla sentir incómoda. Que sientan nuestro desprecio los oportunistas antediluvianos, se vuelve una tarea impostergable. Porque si queremos volver, debemos ser mejores.

El kirchnerismo tuvo una audacia sin precedentes cercanos. Corrió por izquierda a la sociedad y se atrevió a correr los límites de lo intentable. La eficacia de sus logros redundó en alegrías tangibles en cada hogar argentino. Sin embargo, careció de esa bravura para relegar rufianes y arribistas. Pereció en la conformidad de saberse conducido por una mujer única que decidió trascender lo mundano para alojarse en la historia. Pero, dimos ventaja.

Resta una reflexión. Con el Diego, ¿Qué hubiese sido el kirchnerismo sin esta caterva de mediocres? Hoy seríamos gobierno y estaríamos ocupados en la gestión, continuando la titánica labor de hacer feliz a un pueblo.

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20 de diciembre: Fallo contra la impunidad

por Demian Konfino 20 de diciembre: Fallo contra la impunidad

La sentencia por la masacre del 20 de diciembre de 2001 en los alrededores de la Plaza de Mayo nos acerca al ideal de Justicia que promueve nuestra Constitución Nacional, justo en un contexto en el que la violencia institucional comienza a perfilarse como eslabón necesario para la restauración conservadora que se intenta desde el gobierno que lidera el Ingeniero Mauricio Macri.

El Tribunal Oral Federal N° 6 compuesto por los Dres. José Martínez Sobrino, Rodrigo Giménez Uriburu y Javier Anzoategui condenó al entonces Secretario de Seguridad del gobierno de Fernando De la Rúa, Enrique Mathov, y a los altos mandos de esa Policía Federal, Rubén Santos, Raúl Andreozzi y Norberto Gaudiero, encontrándolos penalmente responsables por “homicidio culposo” en los casos de  Diego Lamagna, Gastón Riva y Carlos Almirón.

La pena para Mathov fue de cuatro años y nueve meses de prisión. La del entonces Jefe de la Policía Federal Rubén Santos fue de cuatro años por el mismo delito. En ambos casos las penas -de cumplimiento efectivo- fueron muy similares a las solicitadas por la querella representada por el CELS. A Gaudiero, titular de la Dirección General de Operaciones durante el gobierno de la Alianza, le dieron tres años y seis meses de prisión y a Andreozzi, jefe de esa Superintendencia de la Policía Federal, lo condenaron a tres años de prisión en suspenso.

20 de diciembre Fallo contra la impunidad 1La relevancia del fallo es innegable y debe inscribirse en la larga lucha del pueblo argentino contra la impunidad. Fue la perseverancia y la dignidad de los familiares de las víctimas, y de los organismos de derechos humanos, la que permitió la primera condena a funcionarios públicos en la historia argentina por sus responsabilidades ante una masacre perpetrada por agentes del Estado en democracia. No ocurrió lo mismo en La Tablada, ni con Teresa Rodríguez o Aníbal Verón, tampoco con los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, ni con el caso del maestro Carlos Fuentealba.

En un contexto en el que la “contradistribución” de la riqueza solo puede garantizarse mediante la aplicación sistemática de diferentes modos y grados de violencia institucional, el valladar de la Justicia tiene consecuencias hacia el pasado, pero también es un mensaje hacia el presente y el futuro. El fallo intenta suavizar heridas que nunca cicatrizarán en nuestro pueblo. Al mismo tiempo, viene a llamar la atención de los actuales y futuros funcionarios políticos.

El ex comisario Rubén Santos, en sus últimas palabras, había advertido al Tribunal sobre las consecuencias de su fallo. Sugería a los jueces que se tuviera en cuenta el mensaje que enviarían con su sentencia. Argumentaba que la sociedad necesita una policía que no esté con las “manos atadas”. Intentaba una complicidad con la actualidad política y su modelo de seguridad, como refugio de impunidad.

20 de diciembre Fallo contra la impunidad 2Sin embargo, el Tribunal se remitió a los hechos, a las pruebas y no titubeó ante las amenazas veladas. Por primera vez en la Argentina, el que ordena una represión va preso. La Ministra de Seguridad Patricia Bullrich habrá tomado nota o debería hacerlo.

A la par, los jueces absolvieron a seis de los otros trece policías acusados en el juicio. Y los que fueron condenados tuvieron penas bajas, por tipos penales difusos. Aún no conocemos los argumentos del fallo, pero este aspecto de la sentencia abre un interrogante y genera bronca entre familiares y organismos. La figura de “homicidio en agresión” u “homicidio en riña”, implica que no se tuvo por probado quién disparó en cada caso y se tiene por autores a todos los partícipes en el hecho en el que “resultare muerte o lesiones sin que constare quiénes las causaron”.

Resulta sorprendente este aspecto del fallo, teniendo en cuenta el detalle de la prueba  rendida en el expediente. Sin dudas, esta parte de la sentencia será apelada por la querella y, probablemente, por la fiscalía, y la Alzada deberá revisarlo para acercarse a ese faro de Justicia que alumbra el tronco del fallo. Lo mismo debe escribirse para el caso de Alberto Márquez, cuyo asesinato en esa jornada aciaga no derivó en consecuencias penales para los acusados. Y eso es indignante pero, sobre todo, injusto.

Por último, el punto más oscuro de los hechos ocurridos el 20 de diciembre y sus derivaciones judiciales no se relaciona con este fallo sino con la confirmación de la Corte Suprema de Justicia, en mayo de 2015, respecto al sobreseimiento dictado a favor de Fernando De la Rúa en la investigación sobre las muertes y los heridos de la represión que él había ordenado al declarar el estado de sitio, en las horas previas a su renuncia a la presidencia.

El fallo de esta semana podrá ser tenido en cuenta por el sistema interamericano de derechos humanos a la hora de resolver el planteo que llevan adelante los familiares y organismos, por ese sobreseimiento al entonces presidente. El de esta semana, resulta un hecho judicial insoslayable que tuvo por probadas las responsabilidades penales de los funcionarios políticos que ordenaron la represión. Luego, si fue culpable un Secretario de Estado nombrado por el Presidente que había declarado el estado de excepción horas antes, la responsabilidad penal del Jefe de Estado aparece palpable y tiene chances de ser revisada por esa instancia supranacional.

Cuando baje la espuma de la bronca por penas que no son altas y por algunas absoluciones injustas, la sentencia del TOF N° 6 por la masacre de 2001 quedará en la historia del Poder Judicial argentino como un hito de la Justicia contra la impunidad y marcará el paso de la reflexión política cuando se piense en reprimir al pueblo.*

* http://revistalabarraca.com.ar/20-diciembre-fallo-la-impunidad/

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El retroceso de Cambiemos

por Demian Konfino 

La semana que concluye ha expuesto a un oficialismo que hociquea en la neblina, que va tanteando tácticas diversas sin una orientación homogénea. La derrota apabullante en la votación del Senado por la ley antidespidos a manos de toda la oposición unida es un hilo que se junta con la contundente marcha de las tres CGT, las dos CTA, el kirchnerismo y los partidos de izquierda, por el día del trabajador y contra el ajuste, y que muestra al gobierno de Cambiemos en una posición defensiva y tirando manotazos en el aire para ver si emboca alguna.

Todos los oradores del acto sindical de este viernes advirtieron al gobierno que no se atreva a vetar esa norma. Hugo Moyano fue más allá y, en un pasaje lucido de su discurso, le enrostró a Mauricio Macri que está cruzando una raya, quitándole la comida a los laburantes: “Todo esto que lleva adelante, señor Presidente, son platos de comida que le faltan a las familias más pobres en la mesa”, clamó.

Por primera vez desde que gobierna, la gestión de Macri parece tener averiada la brújula. Florecen las broncas internas. Los pases de facturas son moneda corriente. Se inauguran los carpetazos al propio bando con filtraciones escabrosas sobre conductas probablemente antijurídicas de los hombres de confianza del presidente, Mario Quintana y Néstor Grindetti. En una coyuntura que se inicia con la reaparición rotunda de Cristina Fernández, aparece una oposición que se ordena, se disciplina y avanza, al mismo tiempo que el oficialismo, que se había acostumbrado al paso victorioso y pacífico, no acierta en el repliegue.

El gobierno porfía en la eficacia de la reminiscencia a la pesada herencia. Sabe que cuenta con los partidos judicial y mediático para la faena. Se reitera en ese recurso y profundiza la grieta que lo enfrenta con el kirchnerismo, al son de “la unidad de los argentinos”.

El relato PRO necesita mostrarse como cultor del diálogo y el consenso y, a la vez, paladín de la transparencia. Los hechos no comprueban esa realidad pero, gracias al auxilio necesario de los medios de comunicación masiva, Cambiemos intenta conservar la primacía apelando a la semántica de los antagonistas: Soy lo contrario que mi rival.

En esta línea, la gestión oficial confía en poder echar trabajadores y devaluar pero aparecer preocupado por la pobreza cero; tener al presidente y muchos funcionarios con sociedades en guaridas fiscales pero ser los campeones de la lucha contra la corrupción; acallar las voces críticas, pero ser adalides de la libertad de expresión; anunciar que vetaría la ley antidespidos -a pesar de la amplia mayoría que la acompaña- pero cantar loas a la República.

Las sendas paralelas en las que transita el proyecto restaurador necesita evitar la verdad por medio de una majestuosa puesta en escena que prescinde de la cotidianeidad, de la constatación a través de los propios sentidos. Requiere de un proceso colosal de colonización masiva de subjetividades. En esta tarea están embarcados el Grupo Clarín, el diario La Nación y el multimedios América como vanguardia hegemónica.

Sin embargo, el aislamiento en la autocontemplación y la promesa del maná que bajará del cielo en el próximo semestre choca de bruces contra lo que pasa en los pasillos de las barriadas, en los comedores populares que se llenan, en el aumento de carteles de inmobiliarias ofreciendo locales en alquiler en centros urbanos, en la multiplicación del cartoneo, en la vuelta a las marcas de segunda en alimentos, en el descenso a la nafta Súper. Hay indicios de la realidad de cualquier mujer u hombre de a pie que contrastan escandalosamente con ese clima de alegría posmoderna que venía a traer el PRO. El revanchismo inflamado a toda hora se mece ante su propia barra brava, pero tiende a hastiar por lo remanido, sino por su ajenidad. La escenografía “Báez” ya no encaja en el papel protagónico que le endosan, por más repeticiones e innovación en el género de ciencia ficción que diviertan imaginaciones sobre refugios soterrados en desiertos patagónicos.

La verdad del laburante, la del desocupado, la del changuista que ya no para la olla, la del matrimonio de clase media que selecciona los momentos para cenar afuera, la de la jubilada que queda al desamparo de un PAMI canuto que no entrega los remedios, ese verosímil reconoce que estamos más pobres que hace seis meses, que hay más gente sin hogar, que hay más pibes tirando de la manga, que aumenta el desempleo.

Ante una agenda que por primera vez no controla, el PRO se atolondra y niega. No fueron los funcionarios de este gobierno los que ganaron enormidades de dinero con el asunto del dólar a futuro, claman. Tampoco, los que fugaron fortunas a paraísos Off Shore, enuncian. Fueron sus empresas, esconden. Lo que no es lo mismo, pero es igual. Si los actuales funcionarios fueron los dueños de las empresas que se beneficiaron con las primeras medidas PRO, fueron –entonces– los que tomaron las decisiones de uno y otro lado del mostrador. Y eso lo entiende cualquier Cacho o María, sin necesidad de perspicacia. En este sendero, a la notoria falta de sensibilidad social adhieren la sorprendente ocurrencia de que el nivel de empleo aumentó, a pesar que lo que llaman “sensación térmica” asegura lo contrario.

El rudimento del discurso oficial carece de reflejos y no cambia cuando las circunstancias lo ameritan. La coalición gobernante posee pragmatismo para variar políticas de acuerdo a correlaciones de fuerza adversas pero muestra una llamativa carencia de astucia a la hora construir un relato de gobierno que tenga sustrato de calle. Que pueda foguearse en la vereda de una verdulería.

Esta vacancia política hace que el PRO, a la defensiva, mienta alevosamente y, sin sonrojarse, alardee sobre el crecimiento de las cifras de ocupación laboral. Podría simular preocupación. Podría recriminar la avaricia de los empresarios. Elige la perfidia.

Políticamente es el peor momento de la alianza de gobierno y eso se lo debe a su ideología, sino a su gestión. Sin torpezas se notaría menos, es cierto. Pero la percepción de que Cambiemos gobierna para los ricos no requiere de costosos focus group, basta con hacer la cola en la carnicería del barrio, basta con colocar el termómetro en el bar de la esquina. Bastaría con sentir como pueblo.

Errores del kirchnerismo y una cobertura mediática notable pudo vestir a una fuerza para minorías en una experiencia democrática con fragmentos de popularidad. La vuelta de Cristina vino a barajar de nuevo. Vino a ordenar roles y lecturas. Cristina alineó a la oposición, aún a los que reniegan de ella.

Es una mala nueva para el gobierno que, al mismo tiempo, no acierta a pasar el mal trago y se atora con pócimas eficientes para otros contextos. Hay miopía en el macrismo. O confusión. La oposición tiene la gran chance de pasar a la ofensiva de manera clara y decidida. Las próximas semanas serán claves para la construcción de una oposición plural, con objetivos concretos y capacidad de daño al proyecto de contrarreforma oficial. El crepúsculo de abril avizora las hendijas urgentes por donde la esperanza ya no es utopía. La vuelta empieza a tener cuerpo.*

*http://revistalabarraca.com.ar/el-retroceso-de-cambiemos/

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