La ciudad

Por Gonzalo Millán

El río invierte el curso de su corriente.
El agua de las cascadas sube.
La gente empieza a caminar retrocediendo.
Los caballos caminan hacia atrás.
Los militares deshacen lo desfilado.
Las balas salen de las carnes.
Las balas entran en los cañones.
Los oficiales enfundan sus pistolas.
La corriente se devuelve por los cables.
La corriente penetra por los enchufes.
Los torturados dejan de agitarse.
Los torturados cierran sus bocas.
Los campos de concentración se vacían.
Aparecen los desaparecidos.
Los muertos salen de sus tumbas.
Los aviones vuelan hacia atrás
Los rockets suben hacia los aviones.
Allende dispara.
Las llamas se apagan.
Se saca el casco.
La Moneda se reconstituye íntegra.
Su cráneo se recompone.
Sale a un balcón.
Allende retrocede hasta Tomás Moro.
Los detenidos salen de espalda de los estadios.
11 de Septiembre.
Regresan aviones con refugiados.
Chile es un país democrático.
Las fuerzas armadas respetan la constitución.
Los militares vuelven a sus cuarteles.
Renace Neruda.
Vuelve en una ambulancia a Isla Negra.
Le duele la próstata. Escribe.
Víctor Jara toca la guitarra. Canta.
Los discursos entran en las bocas.
El tirano abraza a Prat.
Desaparece. Prat revive.
Los cesantes son recontratados.
Los obreros desfilan cantando
¡venceremos!

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Quilmes lanzó el primer libro escrito por hinchas

Son 22 cuentos elegidos del concurso impulsado por el departamento de Cultura del club.

Una gran iniciativa que sobrepasó las expectativas de sus propios impulsores y dio a luz al primer libro publicado por un club de fútbol escrito enteramente por sus hinchas. Quilmes lanzó en los últimos días la edición de los 22 mejores cuentos que enviaron quienes participaron del concurso Quilmes a contar, una idea del departamento de Cultura de la institución y que tuvo muy buena recepción entre los fanáticos del Cervecero.

La movida empezó en 2016 y a raíz del buen material recibido por el jurado se decidió dar un paso más: ya no sólo iba a haber premio para el ganador, sino que además se seleccionaron los textos más destacados para juntarlos en el libro que, tras un importante trabajo de quienes se pusieron al hombro la cuestión, ya está a la venta en El libro está en venta en la Tienda 1887, el comercio oficial del club «cervecero», y puede pedirse al número 2252-6660.

«Es el hecho cultural más importante de la historia del club. Hay pasión, pero tambien hay literatura. Y de la buena. Hay algunos cuentos que no tiene nada que envidiarle a los mejores autores del género», contó el escritor Demian Konfino (autor de La Mala, Patria Villera. Villa 31 Y Tefilo Tapia y Operativo Mataderos, entre otros), uno de los impulsores del concurso e integrante del jurado, a Olé.

El cuento ganador del concurso, que ya tiene una versión radial leída por el periodista Alejandro Apo, fue El Ascenso, de Federico Cannizzaro. Además hubo otros tres textos destacados que fueron reconocidos en el estadio Centenario antes de un encuentro frente a Sarmiento de Junín.

Publicado en https://www.ole.com.ar/quilmes/quilmes-libro-hinchas-cuentos_0_Gon6Er7ok.html

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Quilmes A Contar. Prólogo.

Por Demian Konfino

La tragedia argentina pintada en azul y blanco. Un grupo de amigos que se juntan en el codito de Guido y Sarmiento, el que da a la sede social, hasta que uno desaparece. Y Quilmes asciende y Beto encapuchado, arrojado al baúl de un auto. Y sus amigos que lo siguen buscando en cada esquina y en cada gol. O la desigualdad que germina violencia en las barriadas cerveceras y provoca muertes por machismo o por pobreza. O un pibe que vuelve de Malvinas y en Madryn le cuentan que Quilmes va a jugar la final del campeonato con Ferro.

La historia de un club, plagada de hitos. Historias de enfrentamientos con la policía, bancando a la montada en la cancha de Defensores de Belgrano, en los años ‘60. Guido y Sarmiento como una recurrencia, como una evocación o como nostalgia de un tiempo pasado que no siempre fue mejor. Sus olores, los papelitos y el tablón. El loco Williams siguiendo al laiman, sintiéndose necesario en la vieja cancha. Las torres de departamentos, allí erigidas como símbolo de una modernidad que mezquina la memoria, que desconoce de identidades y añoranzas que no redundan en un progreso para todos. La vieja camiseta, la Adidas del bolsillito. Todo eso contado. Todo eso leído en una larga mesa.

Un tiro libre, el ascenso del ‘91 y el último abrazo con el viejo. Hasta el llanto se adivina en ese cuento. El recuerdo de los gladiadores de Alfaro para el ascenso del 2003. O un avión a Puerto Madryn con un comandante muy particular en el ascenso del 2012.

El ‘78 contado desde mil ángulos. A Rosario en el Falcon del libro de oro, en Peugeot 404 o en el último tren. La camiseta 16, la de Merlo, atesorada como una reliquia. El piojo Yudica, subido a un banquito de madera en Arroyito, antes de la última arenga. El único hincha de Quilmes en Venado Tuerto que bocineó toda una ruta provincial indiferente. O la vuelta a la ciudad gloriosa en caravana.

Socios, continuadores de los que vieron alguna vez al genial Negro Villegas. O los que cuentan al indio Gómez y la emoción. O al Flaco Milozzi y la entereza. O a Quiñones, el héroe fugaz. O narran un máquina Giampietri comprando naranjas. O un campeonato con Braña, Caneo, la felicidad femenina y la efervescencia.

Los 118 goles del equipo del ‘49. El gol de Rando en la Bombonera y la hazaña. El gol de Gáspari, siempre el gol de Gáspari. Como si hubiese hecho un solo gol en su vida. El tiro libre de la tortuga Gómez contra Almirante para el tan ansiado ascenso del ‘91. Un gol de Lalo Colombo, sobre la hora, en Sarandí. El gol de Chapu Braña, de tres dedos, frente a Platense. El gol de Quiñones a Los Andes, tal vez el más gritado en muchos años. Una bolea de Bustos Montoya, para un empate agónico ante Argentinos Juniors. Una vaselina de Pérez Godoy para cerrar la puerta del descenso.

Con miedos y pasiones fue contada la historia de ese abuelo trajeado para ver al Cervecero. O un secreto del nieto que cada partido deja una butaca vacía en la techada para su abuelo que ya no está. O el que esparció sus cenizas y un ritual en el Centenario.

La radio, ligada íntimamente a nuestro club, hace rememorar con rabia la traición de Splendid en el ‘78, cuando el Flaco Gómez se fue a relatar a Boca. O retratan el ascenso del 2003 con la voz del gordo Di Blasi y la santa madre de Baldassi. O se emocionan con un “Soy de Quilmes” que sale de una portátil y eriza la piel.

Dilemas existenciales se plantean y uno se queda duro, dudando. Un gol de Quilmes a Chacarita en el ‘83 o ganar el Prode. La diferencia entre ser de Quilmes o ser de un club grande. Volver a un Guido y Sarmiento, sin cancha y con edificios, por un amor muy otro. El recorrido sinuoso por diversas etapas de la pasión. Quilmes y la vida, preguntas, respuestas e ideas que permanecen.

Ganar y llenar el álbum con la figurita del gallego Rodríguez. O ir a la cancha por primera vez, en el Centenario, frente al San Pablo, nunca menos.

Y en menos de una semana, empezaron a llegar las historias al club. Alguno, chimentan, aprovechó para volver a ser socio. En cuentagotas fueron llegando los sobres. Como ocurre a menudo en el mundo Quilmes, sobre el final empezaron a llegar con más asiduidad. Llegando al cierre, varios socios reclamaron la extensión del plazo. Ocurrido lo cual, contabilizamos 50 cuentos.

50 textos llenos de identidad y costumbres cerveceras. El sueño de ser gigantes y la sangre vengada del Indio Kilme. Un sueño de Copa Libertadores con Kempes y Fillol usando la blanquita. O imaginar el año 2018 y una historia que se repite: Argentina y Quilmes campeones nuevamente. Evita y Quilmes, un solo corazón. Las cábalas. Un bar cervecero y las discusiones futboleras de los lunes. Goles a Lanús que se añoran o se sueñan. Los conocidos anónimos de la tribuna. El olorcito a malta y río. A ver a Quilmes en el Roca o en 22. Un casamiento y las fotos en el Centenario. Una lluvia de papelitos, peleando contra un cielo gris. Un beso de película en la Indio Gómez.

50 películas. 50 personas, vecinos de casa o de tablón que se motivaron, cranearon algunos días y se sentaron algunas horas a escribir. 50 sobres con emociones hechas tinta.

De esas 50 historias, elegimos 22 para publicar en este libro. Como dos equipos de fútbol. Como un entrenamiento en Guido y Sarmiento que enfrenta a los 11 de camiseta blanca con los 11 de camiseta azul.

Y ahí está todo. Recuerdos arrancados a la desmemoria. Leyendas que resisten al olvido. Hitos que lucharon por ser escritos. Silencios que prefirieron dejar de serlo. Mitos que empiezan a contornearse. Cultura popular; quilmeña y cervecera, que escribe –en azul sobre una página blanca– alguito de lo que fuimos, perfilando lo mejor de lo que podemos ser. Sentimientos hechos arte que auguran larga vida al club Quilmes.

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Las que van al frente en las barriadas son las mujeres

Durante el invierno de 2020, Demian Konfino sacó a la luz «Operativo Mataderos». El relato, que tiene como protagonista a una abogada villera, desmantela prejuicios en la búsqueda de justicia por un crimen. En diálogo con este medio, el autor habla sobre las huellas de una nueva narrativa policial argentina.

La política, el barrio, el fútbol, el amor y la justicia cruzan esta historia que se vive entre los pasillos de Ciudad Oculta y del Ministerio de Defensa. Su autor, Demian Konfino, es abogado y un activo militante de la vivienda digna. En 2017 publicó La mala, su primera novela de género negro, y abrió camino a una saga que revierte estereotipos sin perder verosimilitud, donde la villa no es el origen del crimen y la delincuencia. Operativo Mataderos evidencia otras causas y redes de poder: gatilleros de poca monta, represores reciclados de la dictadura, barras de Chicago, se entrecruzan en este policial que acontece en una Buenos Aires contemporánea.

¿Cómo llegaste a construir el caso de Dieguito Gómez?

El caso de Dieguito surge a partir de la evolución del personaje principal, Florencia Amarilla. Nuestra narradora, además. Después de su aparición en mi libro anterior, La Mala, Florencia ya está viviendo fuera de la villa y se ha convertido en una abogada respetada. Intenta una vida de clase media para darle sosiego a su hijo. El asesinato de Diego la muestra, de volea, su identidad le recuerda su historia, la de los pibes que son queridos por su entorno, que intentan salir de la mala y no pueden. O pibes que están en el filo de la marginalidad y, aunque intentan escapar, siempre terminan cortándose. A partir de allí, con ese entorno empecé a construir la historia de Diego, el barra de Chicago y trabajador de limpieza en una tercerizada en un Ministerio.

¿Por qué elegiste el territorio de Ciudad Oculta para desplegar la historia de Operativo Mataderos?

Cuatro de mis cinco libros publicados abordan la temática villera. Desde diferentes lugares. Los dos últimos desde el género negro. Haciéndome cargo de contar la violencia. Pero en contexto, como te decía. Mi víctima es barra de un equipo incómodo, de hinchas laburantes, del sur ninguneado de la ciudad de las luces. Además, tenía ganas de meter la ficción en ese tema espinoso del aguante y la violencia en el fútbol. En ese marco, Oculta o Villa 15, por su cercanía con Chicago, tenía que ser la villa donde ocurrieran los hechos.

¿Qué devoluciones tuviste de las personas que leyeron la novela?

Muy buenas. Varios lectores habían leído La Mala y encontraron en Operativo Mataderos una secuencia. Otros al revés. Leyeron Operativo y, después, fueron a buscar La Mala. El personaje de Florencia, nuestra heroína, genera mucha empatía. Sobre todo en mujeres. Hay quienes ponen el eje en la historia de amor, otros en la intriga, otros en el contexto. Después tenés las devoluciones de época. Las historias de Instagram con foto de portada y elogios lacónicos y potentes. Todas las devoluciones son interesantes y te hacen crecer.

¿Qué novelas o autores del género negro elegís y por qué?

Hay muchas. No hay una en especial. Soy lector habitual del género. Me gustan mucho los autores nacionales del género. Feinmann, Saccomano, Sasturain, Dal Masetto, De Santis.

¿A quiénes les recomendarías las lecturas de tus novelas La mala Operativo Mataderos?

No hay una lectora o lector en particular. He conocido lectores de distintos palos. Se están leyendo mucho en escuelas secundarias. Entiendo que como los protagonistas son jóvenes, hay lenguaje, angustias, ansias, emociones que pueden ser reconocibles. Comparten códigos e incomprensiones. Y eso gusta. También, en particular, recibí muchos halagos para Flor Amarilla, como te decía, de parte de mujeres. Eso me da la pauta de que muchas lectoras la eligen. Por lo demás, los lectores comprometidos con el otro, con su entorno, con los padecimientos humanos encuentran un libro que hace lo propio.

¿Con qué características preferís definir a la protagonista de esta historia, Florencia Amarilla?

Flor va al frente. Es una heroína muy nuestra. Con contradicciones, vacilaciones y miserias. Pero se pone el equipo al hombro y no la para nadie. La heroína de estas historias tenía que ser mujer si buscaba la verosimilitud. Las que van al frente en las barriadas son las mujeres. Por lo demás, la historia argentina está llena de ejemplos de mujeres que pusieron el cuerpo ante la adversidad y fueron paridas por el dolor. En lo específico del personaje, Flor es sensual. Ella lo sabe y juega con ese atributo para construir su potencia. Pero, por sobre todo, es versátil. Un día es la piba que para conseguir pistas se toma una birra con los pibes en el kiosco de la esquina. Al día siguiente, está haciendo lo propio en el despacho de un fiscal, café de por medio, trajeada y maquillada para la ocasión. Todo lo hace con la misma naturalidad.

¿Qué elementos destacás de tus historias a diferencia de otras lecturas de policiales clásicos?

Mi intención fue contar una historia con un fuerte anclaje en un contexto reconocible para el lector. Que los personajes, a través de sus acciones o sus pensamientos, interpelen o generen empatía en el lector, en razón de la propia experiencia del lector, en función de sus propias emociones. Para eso, el contrato tácito con el lector es que perciban que les estoy contando una historia posible o, a lo mejor, probable. Por qué no real. De todos modos, es literatura. Estoy contando una historia de ficción, pero que -en sus trazos gruesos- bien pudo haber sido verdadera. Nuestro policial elige los márgenes de una ciudad latinoamericana para contar su historia. Por eso los verdugos, las víctimas y la heroína tienen las características propias de nuestra tierra. Entonces, por ejemplo, el héroe no podía ser un detective como en un policial clásico. No sería verosímil. Prácticamente, en nuestro medio, no existen los detectives. En cambio, como te refería, que fuera una mujer contradictoria, parida por el dolor, tenía muchos condimentos de realidad.

Demian Konfino

¿Qué atributos de la novela negra te gusta destacar en la construcción de tus relatos?

La verdad, me siento afincado en el género. Me permite contar historias que puedan ser leídas por diferentes lectores. Elijo este marco para narrar la violencia, el amor, la solidaridad, la vida y la muerte en una gran ciudad y poder llegar a diferentes hogares con diversas procedencias. La intriga, la identificación de lugares transitados, la verosimilitud en la construcción de los personajes rastrea generar empatía con el lector o la lectora. Y siento que encontré una voz en el género y tramas que interesan.

¿Qué reflexión amerita la búsqueda de justicia en la novela negra villera?

En los denominados “sectores populares”, a veces, se llega a la verdad y no a la justicia. Sobre todo, en un marco en el que la llamada “justicia” se para tantas veces del lado de los poderosos. Entonces, la verdad no alcanza pero algo repara. Y, claro, queda entonces la justicia como una latencia, como una potencialidad. Acaso como una utopía. Pero su búsqueda, aunque no se alcance, no cesa. Ahí está la novela negra villera para reflejar esa característica de nuestra sociedad, esa injusticia, contando una buena historia y, además, entreteniendo.*

*Publicado en https://elgritodelsur.com.ar/2021/02/las-que-van-frente-en-barriadas-son-mujeres-novela-negra-villera.html

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El relator del pueblo y para el pueblo

«Por el amor de tu santa madre, terminalo, Héctor». La frase más recordada del mejor de todos.

Finalizaba un martirio de once años de ilusiones fatalmente frustradas. Una tras otra. El gordo en la desesperación por ponerle palabras a momento visagra, halló un ruego, o un reto tal vez, de su propia madre. En lo profundo de su ser, Adrián recordó cuando la vieja se enculaba con él y con su hermano en el patio de una casa humilde de Quilmes Oeste. Y tiró eso. Al referí, Baldassi, como una madre a un hijo, le pidió lo que anhelábamos todos.

Pero, en la que siguió a esa oración, en el epílogo del relato contra Argentinos que coronó el tan ansiado ascenso, un frío 5 de julio del año 2003, en esa siguiente frase está el profundo sentimiento popular de Adrián Di Blasi: «Por la alegría de un pueblo, Héctor, terminalo».

Adrián lo pedía por él. Por su vieja. Por su hermano. Pero, sobre todo, lo añoraba por el pueblo. Por su pueblo. Las miles de personas sufridas de un club incómodo de un país devastado que Adrián, en ese preciso instante, interpretó como nadie jamás.

Acaba de partir un relator del pueblo y para el pueblo. Que hizo su trabajo con una pasión y un profesionalismo sin parangón y que, al mismo tiempo, se mimetizó con la madera de su pueblo y dió las batallas que tenía que dar. Resignando unanimidad por lealtad a los principios.

En el medio de este pozo ciego que se ha abierto con la partida del gordo, cabe preguntarse: ¿Quién estirará la «i» de «Quilmes» hasta el infinito cuando cante un gol del cervecero? Pero también: ¿Quién tendrá la osadía de batir la justa a como dé lugar? ¿Quién le pondrá voz a las verdades populares que tanto incomodan a los poderosos de todas las épocas? ¿Habrá voces que no tiemblen al enfrentarse a los dueños del circo?

Gritó los goles de Quilmes como ya nadie lo hará. Y le puso los verbos a las mejores causas nacionales. Sus epopeyas serán difíciles de emular. Habrá que intentarlo. Deberá ser un faro para la buena gente del conurbano.

El gordo Di Blasi, un amigo y un compañero, fue un imprescindible que, espero, sea semilla.

Merece todos los reconocimientos y, sobre todo, la paz.

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Te pido otro grito de gol

Por Demian Konfino

Su relato es visceral. A veces, nervioso. De a ratos protestón, quejoso. Cada tanto, poético. Siempre, emotivo. Esa mixtura narrada con lengua sencilla, definitivamente, está afincada en centro del corazón de la cultura popular conurbana. Hace 30 años está allí. Inalterable. Como un prócer que no se la cree y sigue escribiendo nuevas páginas que serán evocadas en un futuro no tan lejano.

Porque, hay que dejarlo dicho desde ahora, en su patria, la del barrio, la de las cuadras que siguen al río y llegan hasta las avenidas donde veredas y asfalto tienen la misma altura, su voz y su temperamento forman parte de la cotidianeidad de sus vecinos con una centralidad indisimulable.

Y reflexionando sobre la patria, si es cierto aquello de que la patria es la infancia, entonces este hombre, este hombre es nuestra patria. La de los que nos definimos quilmeños. O, si prefiere, cerveceros. Lo escuchamos desde pibitos. Tratando de conocer las nuevas incorporaciones en las temporadas de pases. Intentando hallar palabras que describan nuestra bronca  ante una nueva frustración. Consiguiendo términos reconocibles que, sin embargo, se nos escapaban del vocabulario, para sentir la felicidad ante aquellos pocos pero intensos momentos de gloria que nos ha deparado el decano del fútbol argentino.

¿Quién no hizo propio el ruego agónico “por el amor de tu santa madre” para emplearlo en sus propias peleas? ¿Quién no utiliza la expresión “avanzamos en la carpeta” para simplemente indicar que hay que seguir, que no podemos quedarnos parados de por vida? ¿Y “el barba”, para referirse al de arriba? Se lo escuchamos a él antes que al Diego.

Y así, sin darnos cuenta, hasta nuestra musicalidad a veces se tiñe con las inflexiones de su voz. Luego, y ahora que lo escribo lo entiendo con claridad, este Señor, así, con mayúsculas, es parte sustancial de la identidad de miles. Aún de los que se han enojado con él.

Aquí hago un punto aparte. Hay que dejarlo dicho. Hay mucha gente que dice no quererlo. Parece tener buena prensa, para cierto sector de nuestra población, alardear que no lo bancan. No reconocerlo como el prócer que es, da la talla de sus aspiraciones. Entonces, nuestro hombre es ordinario, grasa, chabacano y mentiroso. Y le pifian, che. De cabo a rabo. Y yo creo que, en el silencio de sus conciencias, lo saben.

Siempre fue fiel a sus verdades. Y en esto de las verdades, no vamos a descubrir ahora que no hay una única verdad revelada en lo que son las pasiones, las sociedades, los amores. Son interpretaciones de los hechos, en definitiva. Y el gordo (sí, el Señor sobre el que estoy escribiendo es gordo, rotundamente gordo) es de verdades terminantes. Las suyas. Las que defiende con oraciones incendiarias y honestidad intelectual brutal.

Una vez le dije que cuando la hinchada le dedica la estrofa de la adaptación de la bella canción de Callejeros en términos que parecen injuriosos, en verdad lo están enalteciendo. Me refiero a aquella “Al fin va a decir la verdad el gordo de la radio”. Él se sonrojó y prefirió cambiar de tema. Los pueblos, a veces, tienen esa forma de expresarse. Reconocen a alguien nombrándolo, adjudicándole algún desliz, pero destacándolo sobre el resto. Son muy pocos los que entran en la historia. Nuestro gordo, que ya sabemos que trabaja en una radio y relata, está en un podio de selectos. Con el gordo Muñoz y Víctor Hugo (algunos que peinamos canas nos acordamos bien del “llora el gordito Muñoz, llora también Tatatá”). Y eso, por más que la frase que la hinchada eligió sea falsa, porque, repito, siempre dijo sus verdades, esa canción es un rotundo halago, tal vez una coronación.

Este hombre, emblema de nuestros colores, ha dejado jirones de su vida por nuestra causa. Cuenta con pérdidas familiares dolorosas en el trayecto. Su hermano. Muerto en un incidente vial cuando iban, juntos, a relatar al viejo y querido Quilmes en esos viajes interminables por la Argentina profunda. A Adrián no le pueden contar lo que es darlo todo por la azul y blanca.

La televisión y las radios nacionales lo vinieron a buscar para llevar su registro a todos los hogares de la nación. Y el gordo fue. Con su profesionalismo y con su carisma. La única condición que puso es que no le asignaran partidos los días que jugaba Quilmes. Por más que creció en popularidad y traspasó las fronteras de la General Paz, el gordo siempre siguió leal a los suyos. A los nuestros.

Para ellos es Adrián Di Blasi. Para nosotros, el gordito, el gordo, Adrián. Nuestro prócer. ¿Qué es un prócer sino alguien que por sus acciones ha dejado huella en sus contemporáneos y ha marcado hitos y epopeyas que forjan la identidad de los pueblos?

Todavía lo recuerdo con sus cachetes redondos y sus ojitos como semillas, envuelto en un saco bordó enorme, cuando pasaba los partidos de Quilmes, jugando en el añejo Nacional B, por Canal 7 de Cablevisión Sur. Una foto que circuló hace un año y monedas da cuenta de su compromiso profesional. El gordo con un sombrero de lana relatando un partido del cervecero en el hosco frío invernal de una platea mendocina.

En estas horas aciagas, evoco la cortina de uno de sus programas de radio, me animo y, ya que nos dio tanto, le pido otro grito de gol.*

*Publicado en la Revista Indios Quilmes, Edición Nº 406.

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Demian Konfino: Operativo Mataderos

Escritor, abogado y militante popular, Demian Konfino acaba de lanzar su nueva novela: Operativo Mataderos (Ediciones CICCUS, 2020), un policial protagonizado por la Doctora Florencia Amarilla, una joven abogada comprometida en esclarecer el crimen de Dieguito Gómez.

Por Federico Giménez

vida real que dan verosimilitud al caso: ¿Cuánto de ficción y realidad inspiran a la trama de este libro?

DK: Mi intención fue contar una historia con un fuerte anclaje en un contexto reconocible para el lector. Que los personajes, a través de sus acciones o sus pensamientos, interpelen o generen empatía en el lector, en razón de la propia experiencia del lector, en función de sus propias emociones. Para eso, el contrato tácito con el lector es que perciban que les estoy contando una historia posible o, a lo mejor, probable. Por qué no real.  De todos modos, es literatura. Estoy contando una historia de ficción, pero que -en sus trazos gruesos- bien pudo haber sido verdadera.

«Tuve la necesidad de aportar un granito de arena al movimiento villero desde la literatura»

Demian Konfino

Brújula Barrial: ¿Cómo fue pensar y sentir la historia desde la protagonista Flor Amarilla?

DK: Complejo. Flor narra en primera persona. Tuve que ponerme en sus zapatos para escribir, explorar sus emociones y alcanzar su voz. En este libro, de algún modo, tuve que continuar con esa voz que nació en La Mala. Pero, a cada paso, a medida que iba escribiendo debía sentir como ella e intentar reflejarlo así en el papel. Por eso te decía que complejo. El resultado es un personaje con el cual yo, autor, empatizo mucho. Eso queda claro.

Brújula Barrial: Tanto el autor como la protagonista son abogados: ¿Qué diferencias y similitudes hay entre Florencia Amarilla y Demian Konfino?

DK: En principio, debo decirte, ejercemos la profesión en ramas del derecho diferentes. Por otro lado, el origen. Nos ha condicionado de manera disímil. En el caso de Flor, ella asume su rol de abogada villera. Es su identidad. Con sus luchas, sus orgullos y sus cruces. La mía es otra, la de un joven de clase media conurbana que creció en los noventa escuchando rocanrol y sabiendo que cuando terminara la secundaria estudiaría en la universidad.

Brújula Barrial: Tanto en La Mala, publicada en 2017, como en Operativo Mataderos, nos ubican en escenarios que son los barrios populares de la Ciudad. ¿Cómo se tematiza la villa en estos dos libros y qué puentes harías con tu primera novela titulada Villa 31: Historia de un amor invisible?

DK: Cuatro de mis cinco libros publicados abordan la temática villera. Desde diferentes lugares. Los dos últimos desde el género negro. Haciéndome cargo de contar la violencia. Pero en contexto. Pibes que no nacieron chorros. Pibes que son queridos por su entorno, que intentan salir de la mala y no pueden. O pibes que están en el filo de la marginalidad y, aunque intentan escapar, siempre terminan cortándose.

En Villa 31 conté una historia de amor en el marco de un entorno político: la lucha por la urbanización. Esa novela pintaba la villa desde los lugares que habitualmente no se conocen y que, al mismo tiempo, son reales. Me refiero a la organización política, los lazos culturales y deportivos, la solidaridad.

Brújula Barrial: El libro que antecede a esta saga de novelas negras es Patria villera. Villa 31 y Teófilo Tapia: historia de una lucha (Ediciones CICCUS, 2015): ¿Cómo influye tu militancia en la villa en esta nueva etapa de ficción literaria?

DK: Justamente Patria villera es el otro libro sobre temática villera. Y tiene otro registro. Si bien hay capítulos de crónica, hay mucha investigación documentada. Es la historia de las villas de Buenos Aires, en particular la de Retiro y, más en particular, la vida y obra del primer ciudadano ilustre villero, Teófilo Tapia.

Milité activamente muchos años en villas y tuve la necesidad aportar un granito de arena al movimiento villero desde la literatura o desde la investigación historia.

Brújula Barrial: ¿Cómo fue tu relación con el barrio en la infancia y en la adolescencia?

DK: El olor a lúpulo de la cervecería Quilmes, en los días de humedad. La comparsa con la que mangueábamos a autos o vecinos para el muñeco de petardos de fin de año. Los picaditos en las calles de asfalto. Los jueguitos de verdad o consecuencia en la vereda. La adolescencia vino cargada de mucha cancha, llevando bandera de local y visitante, y mucho recital de rocanrol.

Brújula Barrial: ¿A partir de qué momento te interesaste por el derecho como campo profesional?

DK: En la secundaria. Cuando me gustaban “historia argentina” y “educación cívica”, dadas por el mismo profesor. Cuando ponía la cara por mis compañeros. En ese entonces, se armó un centro de estudiantes para el que fui elegido delegado de mi curso.

Brújula Barrial: ¿Cuál fue la novela que terminó por despertar tu vocación por el género negro y por qué?

DK: Hay muchas. No hubo una en especial. Soy lector habitual del género. Me gustan mucho los autores nacionales del género. Feinmann, Saccomano, Sasturain, Dal Masetto, De Santis.

Brújula Barrial: La Mala fue un libro leído en cursos de secundaria en escuelas de Ciudad y del Gran Buenos Aires: ¿Cómo crees que le llega esta historia a l@s jóvenes?

DK: Sus protagonistas son adolescentes. Genera una identificación ahí. Hablan como ellos. Comparten códigos e incomprensiones. Creo que puede explicarse en parte por esa empatía.

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La novela negra sobre la realidad villera se convierte en saga en plena cuarentena

Demián Konfino acaba de publicar “Operativo Mataderos”, continuación de su notable debut en el género, “La Mala”.

Por Mariana Mactas Fecha de publicación: 29 de Septiembre 2020, 12:16hs

Su nombre es conocido en distintos ámbitos. El del movimiento villero, el jurídico vinculado al tema de la vivienda digna, el de la literatura negra policial. Es que el quilmeño Demián Konfino lleva un buen tiempo dedicado a la problemática de los barrios vulnerables, las villas, como abogado, militante popular y escritor. Sus libros Patria Villera, y Teófilo Tapia: historia de una lucha, prologado por Osvaldo Bayer, intentan dejar registro de la historia de una lucha que lleva décadas.

Conocedor en especial de la realidad de Villa 31, Konfino decidió meterse de lleno en la ficción y creó no una, sino dos novelas negras con una protagonista de película, como su nombre: Flor Amarilla. La segunda parte de lo que se inició con La Mala, acaba de publicarse en cuarentena. Se llama Operativo Mataderos y ubica la trama catorce años después de los hechos dramáticos de aquel primer libro.

“Como hacía asesoramiento jurídico gratuito en la 31, tuve oportunidad de conocer mucha gente e ir construyendo algunos perfiles —cuenta Konfino a TN.com.ar sobre la génesis de esta saga—. Flor Amarilla nace como una necesidad narrativa. Quería contar la historia del personaje de La Mala, el pibe chorro que es asesinado en la puerta de su casa. Quería contarlo con un nivel de verosimilitud detallada que solo podía tener alguien que lo viviera. Flor Amarilla narra en primera persona y luego, cuando descubre que puede escribir, aparece el segundo libro. Quería contar la historia de ese chico querible, que es valorado en su entorno pero le hace daño a otro sector de la sociedad. Contarlo desde alguien que lo quiere, que vive la injusticia de torcer su rumbo, que cae en la mala y no puede salir, aunque lo intenta”.

“Once corchazos ponen en jaque la vida de Leo, un pibe chorro que antes de chorro fue pibe. Flor, novia enamorada y narradora, se prueba la pilcha de justiciera”, se lee en la contratapa de La Mala. Donde se refuerza una idea central que atraviesa ambas ficciones, la de una realidad en la que miles de personas intentan vencer su contexto pero no lo consiguen.

“Cuando La Mala se publicó y anduvo bien, me quedó picando continuar la historia —dice Konfino, que enmarca su género en el de la novela negra—. En el segundo libro identifico ya una voz, que me permite seguir tejiendo historias a partir de esta heroína que se embarra, que no es superlativa, sino de carne y hueso. Hay muchos casos de estudiantes villeras como ella. Y una beca, la Padre Mujica de la UBA, que es para universitarios villeros. Me pareció que estaba bueno mostrar ese otro lado: la gente que estudia, que trabaja, que progresa, y que eso también es verosímil”.

—¿Qué pensás de la representación de esa realidad que conocés desde el cine, las series de éxito de los últimos tiempos y algunos libros de periodismo literario?

—La producción de obra sobre la realidad villera, sobre todo audiovisual, recae mucho en los estereotipos, en los preconceptos. Hay una película que es clara en ese sentido, Elefante Blanco, en la que no hay canchas de fútbol, que es lo más icónico de las villas, ni negocios. Todo es aguantadero, merca, fierro. Me parece que se explota, en general, una mirada que pega en lo que el espectador puede pensar sobre ese contexto. Es una mirada que refuerza los estereotipos, al otro como un otro peligroso, que siempre es culpable de los males de uno.

—En tus dos novelas policiales hay diversas referencias a la política. La presencia de promotores políticos en las villas, muchas veces vistos con desconfianza.

—Es que forman parte del contexto. Conocí a muchos referentes políticos villeros y no me gusta la palabra puntero, porque hay un montón de mujeres y hombres que hacen mucho por su barrio. En Patria Villera hablo de Teófilo Tapia, el primer ciudadano ilustre villero, votado por unanimidad. Las villas de Buenos Aires ya tienen ochenta años de historia, o un poco más. Y hay patriotas que realmente se juegan la vida por su barrio, y también referentes que tratan de sacar tajada vinculándose a la política. A todos los partidos, no a uno en particular. Son parte de un universo en el que también hay situaciones de marginalidad, de crimen vinculado al narcomenudeo, a menudo con complicidad policial, que desorganiza la vida de los laburantes. Porque la falta de urbanización es la falta de Estado. Y cuando se confunde a las villas con grandes aguantaderos, se desconoce que la gran mayoría que vive en las villas son trabajadores y estudiantes.

—Con la epidemia el tema de las villas volvió a quedar entre tironeos políticos, ¿creés que hay una utilización de esa realidad por parte de la política?

—Lo político es un temón en sí mismo, como para hablarlo por encima. El movimiento villero ha tenido acompañamiento en diferentes procesos de las estructuras partidarias u organizaciones sociales. Más del lado de los partidos de izquierda, del progresismo, el peronismo, los sindicatos. Habiendo conocido un montón de militantes genuinos, que vienen de estructuras partidarias, valoro el compromiso de un montón de pibes y pibas que van y dan sus mejores horas para tratar de dar una mano. Hoy está instalada la idea de urbanización de las villas y la gente lo ve bien. Pero si vas a un proceso histórico, en un momento se veía bien que se cargara a la gente en camiones y se la sacara de la capital. En 2007, Macri hablaba de erradicación, se seguía sosteniendo esa idea. No podría afirmar que hay un uso en el sentido de que alguien se beneficia con eso particularmente, sino que el movimiento villero ha tenido acompañamiento en diferentes procesos. Pero en una continuidad una lucha histórica de los trabajadores villeros por la vivienda digna.*

* https://tn.com.ar/show/basicas/la-novela-negra-sobre-la-realidad-villera-se-convierte-en-saga-en-plena-cuarentena/2020/09/29/JZ5KXI77UVHUTHLMXXHTN72Z5M_story/

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Operativo Mataderos: La nueva novela negra de Demian Konfino

Ediciones Ciccus presenta la nueva novela negra de Konfino, un thriller que puede emocionar, entretener y, también, invitar a alguna reflexión sobre la vida y la muerte en los suburbios de Buenos Aires.

Publicado en Marcha*

Barras de Chicago, represores reciclados en democracia, gatilleros de poca monta y lumpenaje de bajos fondos rodean la trama intentando que todo quede como está.  Haciendo equilibrio entre Ciudad Oculta y los pasillos del Ministerio de Defensa, la Dra. Amarilla –la heroína que ha creado Konfino en “La Mala” (Ciccus, 2017)– blande sus mejores armas y deja a la intemperie sus debilidades más explícitas. Sin embargo, su experiencia,  forjada a sangre, fuego y traiciones, la convierten en la única indicada para alcanzar finalmente la verdad: Quién mató a Dieguito Gómez.

Un triángulo amoroso se cuela, imprevistamente, entre las hendijas que van dejando las pistas falsas de esta intriga. Flor Amarilla intenta rearmar su vida, mirando a los ojos a sus miserias y nos regala, definitivamente, una historia de amor.

“Operativo Mataderos” puede leerse como segundo libro de la saga iniciada por “La Mala”. Se puede seguir sintiendo junto a su protagonista, que narra en primera persona, las pasiones y razonamientos  de este hallazgo de la literatura policial argentina. O puede corroborarse lo que Juan Sasturain sentenció al referirse a la incursión de Konfino en este género: “Ha nacido una nueva voz en la literatura argentina”.

Cabe recordar que entre otras distinciones, “La Mala” tuvo una participación destacada en el Festival BAN! (Buenos Aires Negra), edición 2018.

“Operativo Mataderos”, a su tiempo, puede saborearse con autonomía absoluta, como una obra independiente. Como si no existiera un libro anterior que haya dado aliento a su protagonista entrañable.

Demian Konfino, de este modo, se consolida como un escritor que maneja diversos registros, que puede emocionar, entretener y, también, invitar a alguna reflexión sobre la vida y la muerte en los suburbios de Buenos Aires.

Tapa Frente Operativo Mataderos

Nacido en 1982 en Quilmes, Konfino es escritor y abogado. Es profesor de “Promoción de Derechos Humanos” y de “Derecho Administrativo” en el IFTS Nº 28 (CABA). Publicó los libros “Tupacamaria” (CCC, 2010), “Villa 31” (Punto de encuentro, 2012), “Patria Villera” (Ciccus, 2015) y “La Mala” (Ciccus, 2017). A su vez, ha escrito artículos, crónicas o cuentos para diferentes medios entre los que se destacan la Agencia Paco Urondo (APU), la Revista Sudestada y el periódico Ámbito Financiero, entre otros.

En 2010 recibió el primer puesto en el I Concurso Nacional de Cuentos Cortos (AFIP). En 2016 organizó y presidió el jurado del concurso de cuentos “Quilmes A Contar” del Quilmes Atlético Club.

“Operativo Mataderos”, que estará pronto en diversas librerías del país, ya se puede conseguir en la página de la editorial (ciccus.org.ar) o haciendo su pedido por las redes sociales del autor @patriavillera

*https://www.marcha.org.ar/operativo-mataderos-la-nueva-novela-negra-de-demian-konfino/

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COVID-19 en barrios populares de CABA: son siete los referentes sociales fallecidos al momento

Con los fallecimientos de Pedro Condorí, Salvador Benítez y Carmen Canaviri ya son siete los referentes populares que han fallecido en las villas de la ciudad de Buenos Aires como consecuencia de la pandemia.

Por Demian Konfino (Agencia Paco Urondo)* 

Es un hecho que el coronavirus se ha instalado en los barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires. Algunas de las razones por las que se está propagando con más contundencia que en otras zonas de la ciudad son el hacinamiento y la falta de agua corriente. En suma la falta de vivienda digna. El virus global vino al país con quienes pudieron viajar en avión y está haciendo estragos en aquellos que nunca podrán hacerlo y viven en condiciones de extrema precariedad.

El primer contagio en Villa 31, en este sentido, ocurrió con una trabajadora de casas particulares que contrajo el virus por el contacto con su empleadora que había vuelto de Alemania. Comparte el baño con 13 personas. Su madre, Toribia Balbuena de 84 años fue la primera víctima del barrio. Al mismo tiempo, los especialistas y la propaganda oficial informan que hasta que no haya vacuna la mejor forma de prevención es el lavado de manos. Pero en las villas de Buenos Aires hubo gente que estuvo hasta tres semanas sin lavarse las manos por falta de provisión por parte de las autoridades locales.

A su vez, la cuarentena viene generando una restricción económica que en las villas es suplida –en parte– por la asistencia de los referentes barriales a través de la entrega de víveres, quienes no cuentan con adecuados elementos sanitarios para desarrollar la labor. Este hecho ha dejado como consecuencia el contagio de decenas de referentes populares, tales como Carlos Ramírez de la Corriente Villera del Barrio San Martín (Villa 31), Daniel Castillo de La Cámpora (Villa 31), o el padre Guillermo Torres de la capilla Cristo Obrero (Villa 31) donde descansan los restos de Carlos Mugica. Víctor “El Oso” Giracoy del histórico comedor Estrella de Belén (Villa 31) y Ramona Medina militante de La Poderosa (Villa 31), fueron los primeros referentes barriales fallecidos por coronavirus. A esa triste lista se sumó Agustín Navarro, militante de la Mesa por la Urbanización y Barrios de Pie (Villa 31) y Víctor Ávila de Juegotecas Barriales – Puerto Pibes (Villa 31), fallecidos la semana pasada.

Esta semana se conocieron los fallecimientos de Pedro Condorí, militante de la Corriente Nacional de la Militancia (Villa 31), Carmen Canaviri, coordinadora del merendero “Lucecitas del Sur” de Barrios de Pie (Villa 1-11-14) y Salvador Benítez delegado de Manzana (Villa 31 bis).

No hay casualidad. Están en la trinchera, haciendo lo que el gobierno porteño no hace. Ocupándose de sus vecinos. Repartiendo alimentos y artículos de primera necesidad. Compartiendo una palabra de aliento. Contra prejuicios y omisiones oficiales, los referentes populares tan despreciados por la mirada hegemónica son los firman -con el cuerpo- su compromiso y ponen en juego hasta su propia vida.

Las partidas de defunción habrán hecho referencia al coronavirus. Pero habrán omitido alusión alguna al abandono por parte del gobierno de la Ciudad, distrito que es conducido hace 13 años por la misma fuerza política. La falta de vivienda digna sigue matando.

* Escritor. Autor de los libros “Villa 31”, “Patria villera” y “La Mala”.

http://www.agenciapacourondo.com.ar/militancia/covid-19-en-barrios-populares-de-caba-son-siete-los-referentes-sociales-fallecidos-al

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